Hernando de Soto antes de que el gesto de apoyo se confundiera con ánimo de endose. Ya quedó muy claro que no lo fue. (Foto: César Bueno/GEC)
Hernando de Soto antes de que el gesto de apoyo se confundiera con ánimo de endose. Ya quedó muy claro que no lo fue. (Foto: César Bueno/GEC)
Fernando Vivas

Así es la campaña. Un día te encaramas al ‘porkymóvil’ y le das un abrazo al dueño del coche; luego le dices que es “lo peor que le puede pasar al país” y hasta piensas en hacerte una prueba molecular (no vaya a ser que además de robarte votos, su marea celeste te contagie el virus). Esto es lo que pasó, literalmente, entre Hernando de Soto y Rafael López Aliaga y tiene una historia que se trenzó el año pasado.

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