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Federer vs. Messi, el duelo

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Se tomó un respiro, puso una pausa y el corazón en frío. Cuestionado como estaba, habituado a perder finales ya solo en el mejor de los casos, porque en otras la cosa era apenas despedirse antes de lo previsto, un buen día dijo: “Es hora de parar”, de luchar solamente por ‘subsistir’ bajo la sospecha masiva, permanente y murmurada de un retiro inminente. Porque a los 35 años, cuando cualquier deportista mítico ya deja de acercarse a la perfección luego de ser el amo y señor del Olimpo, todos quieren colocarle las pantuflas y ponerlo en el parque a dar de comer a las palomas. Roger Federer decidió entonces pisar el freno por seis meses para curar heridas, fortalecer la mente, reconstruir la confianza en sí (jardín anímico, que le dicen) e intentar seguir siendo el de siempre, por última vez. El yoga y la familia también sumaron. Un día volvió y desde entonces su cédula de identidad parece estar adulterada, como tramitada en Azángaro. Títulos en el Australian Open, Indian Wells y Miami ¿Treinticinco años, dicen? ¿Adónde trinticinco? ¡Por favor! Debe ser broma.

El yoga brinda equilibrio, paz espiritual. Te permite aquilatar tus fortalezas, derrotar tus temores e inseguridades, ponerte por encima del bien y el mal, levitar sobre ellos. Claro, el cuento era muy sencillo: A Roger, el más grande raquetero de la historia, le faltaba convencerse de lo que el mundo no tiene dudas, salvo dos o tres: que fue y es el mejor del planeta. Y obvio, ahora vence a Nadal, el ‘Rey de las Cabezas Duras’, cada vez más fácil porque técnicamente siempre fue superior a él, le faltaba tenerlo claro. La diferencia estaba en la ‘azotea’ de los dos. El español, hoy aporreado por las lesiones –es cierto, también vale decirlo-, ya sabemos que puede ir perdiendo un partido 6/0, 5/0, ‘match point’ en contra y recibiendo saque, y no es que él crea, no, para nada, no, igual está convencido que lo puede ganar. Lo mandas a escalar el Himalaya con ‘sayonaras’, y llega de todas maneras.

La ‘maradonización’ de Messi

A Federer, felizmente, no le recomendaron terapéuticamente como a Messi -otro ‘genio’ al que se le reclamó muchas veces falta de entereza- cambiar el ‘look’, dejarse barba, tatuarse como la Jibaja, insultar a los jueces, vituperar a las tribunas adversarias, en fin, en una palabra: ‘maradonizarse’ en el peor sentido de la expresión para ser ‘líder’ y mostrar coraje con su selección. Este Messi, si lo pateas, fácil te puede meter un cachetadón. La reinvención del suizo, en cambio, fue por dentro, pacífica y sin dinamitar su esencia como ser humano, como deportista. A la vejez, no se le ocurrió reventar raquetas contra el piso o mandar a la porra a los jueces de silla para que la gente diga: “Ya tiene carácter, está mejorando, esas cosas las hacía Diego”. Hay modos y modos de manejar la frustración y superarla. Lionel tomó el camino opuesto para mitigar las críticas que un país con gran pasado pero sin presente futbolístico le achaca, no a su juego, sino a su personalidad, así están de desesperados. Y si no van al mundial (cosa que considero imposible, por cierto), olvídense, dirán que no estaba ni para servirle el café con leche al ‘Diego’. Total, no importa cómo alcances la gloria, una vez que la tienes, nadie se acuerda de los detalles.

Entonces Messi, a diferencia de Federer, ‘entró en trompo’ con su selección desde la Copa América que perdió tras fallar un penal. Todos sabemos los problemas físicos que tuvo de niño, apocado como era, pero fue ‘crack’ en la cancha por siempre. Claro, sus compatriotas lo han maltratado tanto que hoy, algunas veces tiene conductas que no van con el ejemplo que fue. Pero a los argentinos, parece gustarles más este Messi que acaba de ser inhabilitado cuatro fechas por agredir verbalmente a un línea. Y lo que tanto le pidió su afición, ser un poco más ‘marginal’ hoy, curiosamente, pone a su selección al borde del precipicio al no tenerlo. Era el ‘Federer’ del fútbol, y no les gustaba. ¿Lo querían ‘achorao’ y arrabalero?, tomen, ahí tienen.

Por ahora, como conducta a seguir, nos quedamos con el suizo, sabemos que será un ejemplo a seguir hasta el fin de sus días, sin negar que el argentino es el mejor futbolista de la historia, que Cristiano no está ni para servirle el café con leche, que Maradona solo fue un par de años. Pero cuando mis hijos, y algún día mis nietos, me pregunten quién es el modelo a seguir como ser humano, Federer ya le sacó ventaja. No digamos -parafraseando a mi amigo Villegas- que Messi es el ídolo que se cayó del póster… pero algunas tachuelitas se están despegando.

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