Por Renato Cisneros

En el Perú nos hemos olvidado de creer. Los actores que tendrían que inspirarnos confianza llevan décadas defraudándola. Desde los políticos hasta los policías, pasando por los jueces, los sacerdotes, los maestros, también los periodistas. Por culpa de ellos –aunque no solamente de ellos– nos movemos entre la sospecha y el recelo. Y sin embargo, hay noches en que la fe regresa a tocarnos la puerta para recordarnos que existe. Tal vez se trate de una visita corta (hasta el martes que visitamos a Brasil), pero su estela tiene un efecto analgésico, casi curativo en un país que, como ocurre con los viejos organismos enfermos, ya no sabe cuántas enfermedades lo aquejan.

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