Ángela y Carla en el aeropuerto de Turquía, cuando empezaron el vuelo de retorno. (Captura Youtube Ángela Leyva)
Ángela y Carla en el aeropuerto de Turquía, cuando empezaron el vuelo de retorno. (Captura Youtube Ángela Leyva)

Ahora descansan en un hotel de San Isidro. Las horas que llevan en Lima son prácticamente las mismas que les tomó retornar desde Europa hacia el país en un vuelo humanitario. Ángela Leyva y Carla Rueda ya están en el país a la espera de culminar la cuarentena para reunirse con sus familiares.

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La semana pasada ellas se habían expresado en busca de este retorno, sobre todo Carla Rueda que llevaba casi tres meses viviendo en un cuarto de la villa universitaria de su club en Rumania. Ángela Leyva estaba en Turquía, de igual forma, cumpliendo la cuarentena sola.

“Desde el primer momento yo me inscribí en la embajada, por eso no salía a hablar. Pero llegó un momento en el que supe que todo iba a estar cerrado hasta octubre y me pasaron muchas cosas por la cabeza”. En ese momento fue que salió a la luz para pedir ayuda.

Tras diversas gestiones, y con ayuda del Instituto Peruano del Deporte, se logró que su subiesen a un avión en un vuelo humanitario que traía a peruanos y colombianos a casa. Para ello, ambas debieron tomar empezar el viaje en Estambul, Turquía. Para ello, Carla Rueda tuvo que viajar desde Bacau (Rumanía), donde estaba hacia la capital turca y esperar un día más en el aeropuerto.

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"Hice un viaje largo por tierra porque los vuelos solo están abiertos para los residentes locales. Tuve que viajar en minivan de catorce horas para poder tomar el vuelo”, nos cuenta Rueda. Ella regresó junto a otros cuatro peruanos que vivían allá. No considera que por ser ella conocida se dio la gestión, pero de ser el caso ella lo agradece.

El vuelo, si bien es humanitario, tiene un costo para cada persona que lo toma. Según comenta Carla Rueda, se paga la mitad de lo que costaría un vuelo común. Para algunas personas, la embajada les ayudó, dependiendo de su condición. Carla estaba viendo precios y para julio le salía hasta 1500 dólares.

PROBLEMAS PARA ÁNGELA

Ya en el aeropuerto de Estambul, se presentaron los primeros inconvenientes. Ángela Leyva estuvo cerca de no poder viajar ya que para subir al avión necesitaba su carnet de trabajadora en Turquía, y su club, el PTT Sport nunca lo había tramitado. Debido a ella, tuvo que pagar más de 200 dólares para poder seguir el viaje, según ella misma contó en un video que publicó en sus redes sociales.

“Por una cosa tan pequeña no iba a perder la oportunidad de viajar, por eso tuve que pagar para entrar. Gracias a Dios pude subir al avión”, confesó en un video publicado a Youtube.

El vuelo fue primero hacia Bogotá, a donde llegaron el domingo por la madrugada. Ahí, las autoridades locales instalaron camas improvisadas en el aeropuerto donde tuvieron que pasar más de quince horas y esperar toda la mañana del domingo para poder tomar el otro vuelo rumbo a Lima.

Así durmieron en Bogotá. Incluso fueron visitados por personal médico. (Captura)
Así durmieron en Bogotá. Incluso fueron visitados por personal médico. (Captura)

“La embajada nos llevó comida y agradecemos eso. La gente tiene que saber que hay que reconocer las cosas que se hacen bien y yo he recibido ayuda desde que salí de Rumania”, reconoce Carla, y agradece públicamente a la embajadora en Rumania María Eugenia Echeverría y al embajador Luis Alberto Campana en Turquía, así como las autoridades peruanas en Colombia.

Debido a que eran entre 100 y 120 peruanos que estaban regresando, el avión prácticamente se llenó, por lo que tuvieron que viajar cada una en un asiento, algo que los protocolos actuales no permiten para evitar el contacto con otras personas.

En el aeropuerto de Lima. (Captura)
En el aeropuerto de Lima. (Captura)

"Es complicado todo. Algunos no tienen información de cómo es un vuelo humanitario y que van a llegar a pasar una cuarentena en un hotel, que no es cinco estrellas. Dentro de todo uno tiene que ser agradecido", nos comenta Carla. Ella sabe que todas las personas que ayudan en esta pandemia están arriesgando su vida en esta lucha.

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POR FIN, EN LIMA

Así, llegaron a Lima el lunes por la noche. En el Grupo Aéreo N. 8 les tomaron la temperatura y las llevaron al hotel Inkari Suites de San Isidro, donde deben permanecer catorce días para la cuarentena debida.

A ellas les extrañó que no les hagan pruebas de descarte para el coronavirus, pero les explicaron que recién se las harán al séptimo o décimo días de su cuarentena. Esto debido a que según les explicaron, se harán por grupos y cuando pasen algunos días para primer ver si presentan síntomas.

Pero ahí también se presentaron algunos inconvenientes, ya que las voleibolistas desean tener una habitación donde la pasen solas, cómo dictan los protocolos sanitarios. Sin embargo, los encargados estaban agrupando a varias personas y las ubicaban en sus respectivas habitaciones. Ángela y Carla decidieron esperar hasta el final para tener su propia habitación. A las 4 de la mañana, por fin pudieron subir a descansar.


“Tuvimos que esperar hasta el final para que nos den una habitación individual, porque se supone que estás haciendo una cuarentena”, aseguró Leyva en sus redes sociales. Si bien se conoce a Carla Rueda, sabe que el protocolo ordena que deban estar solas para mayor seguridad.

SU VIDA EN EUROPA

Ángela Leyva dejó de tener actividad en el vóley turco debido a una lesión. Ella se encontraba en pleno proceso de recuperación en un hospital cuando empezó la cuarentena, por lo que decidió regresar a casa a pesar de que aún no era dada de alta. El nivel de contagio en un hospital es muy alto, por lo que prefirió resguardarse en su departamento.

“Con dolor y todo tuve que regresar a mi casa”, nos dijo en abril pasado sobre el problema, pero empezó a pasar la cuarentena en su departamento. Tuvo que esperar a que se dé el vuelo para poder regresar. Venía jugando en Turquía desde junio del año pasado, luego de su paso por el vóley brasileño.

Carla Rueda vivió algo distinto. Ella recién llegó a Rumania en enero de este año. Se estaba integrando a su nuevo equipo y en su segundo mes empezó el aislamiento. Debido a las condiciones, a ella la desvincularon del club y le dieron una habitación en la villa universitaria para que ahí pase la cuarentena, ya que debió cancelar el alquiler de su departamento.

“De vóley prácticamente nada. Estaba apenas dos meses y empezó todo. Fue difícil porque estas lejos, sin alguien que te ayude”, nos cuenta la voleibolista.

Vivió de sus ahorros, pero llegó el momento en el que ya no podía más, además, estaba preocupada por el estado de su familia en Lima. Quería volver. Por eso, la semana pasada levantaron la voz y encontraron ayuda en el Instituto Peruano del Deporte. Fue difícil encontrar el vuelo humanitario, pero tras contactarse con diversas embajadas, lograron que el vuelo se realice. Ahora, solo días los separan de reencontrase con su familia.

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