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"Una buena práctica del Perú en Harvard", por Beatriz Merino

El modelo desarrollado por 2030 WRG que la Harvard Kennedy School publica es promisorio. Si se puede demostrar que funciona en el sector hídrico, es indudable que existe un enorme potencial 

Agua potable

(Foto: AFP)

Desde hace unos meses me encuentro en la Universidad de Harvard, realizando un Programa Internacional de Liderazgo Avanzado.

He advertido desde aquí, con orgullo, como Harvard Kennedy School, su renombrada Escuela de Gobierno, observa con particular interés y publica un estudio sobre una plataforma de actores múltiples que existe en el Perú y que está abocada a apoyar a los gobiernos a acelerar reformas sostenibles en torno al agua. Tengo el honor, además, de formar parte del Consejo Directivo en el Perú de esta iniciativa llamada 2030 Water Resources Group (2030 WRG). El Perú es uno de los 11 países en los que está presente.

¿Cuál es la clave? En mi percepción, 2030 WRG ha ejecutado una metodología eficaz. Ha logrado propiciar y poner en práctica aquello que parece necesario en toda transformación social: el diálogo constructivo. Para legitimarlo ha recurrido a otro principio fundamental: el involucramiento de todos los sectores atañidos de la sociedad, compleja tarea en un tema como la gestión del agua, convocando y motivando a actores clave y con capacidad de toma de decisión. Y un elemento final e indispensable del método: una rigurosa base de evidencias y análisis.

Como resultado, este programa no solo ha logrado movilizar el financiamiento de varias organizaciones que brindan soporte y apoyo a esfuerzos multisectoriales, sino que ha aportado certeramente en la celeridad de reformas hídricas y al afianzamiento de políticas públicas para su mejor gestión.

Harvard describe las 5 lecciones aprendidas sobre este caso que me parece muy importante registrar:

1) 2030 WRG reconoce el papel central y la responsabilidad última del gobierno en la gestión de los recursos hídricos, y lo trata como su socio principal, facilitando una mayor coordinación entre los ministerios, apuntalando un enfoque diseñado a cubrir la ausencia de capacidades y superar las restricciones políticas que usualmente enfrentan los gobiernos en la gestión de sus recursos hídricos.

2) 2030 WRG fomenta relaciones estables entre el Estado, las empresas y la sociedad civil, y propicia que juntos, desarrollen prioridades compartidas, dimensionen y afronten los distintos desafíos del agua y propongan soluciones costo-eficientes. Al hacerlo, encuentran nuevas formas de implementar las políticas existentes. Esto posibilita a los gobiernos tomar las decisiones necesarias para lograr la seguridad hídrica de forma inclusiva y transparente.

3) 2030 WRG ha aprendido a equilibrar una comprensión técnica y económica de los desafíos relacionados al agua con una apreciación del contexto institucional y político. Financia rigurosos análisis para determinar escala y urgencia, crear demandas de acción colectiva, y ayudar a los interesados a construir una comprensión compartida y priorizar sus respuestas. Combina con cuidado los elementos de su metodología ACT (análisis, consenso, transformación).

4) Para 2030 WRG, tan importante como la experiencia en agua es la capacidad de generar confianza, coordinar y apoyar el diálogo y la colaboración entre los actores clave. Muchos de ellos pueden no conocerse o no confiar en los demás. Por ello, se crea una sensación de colaboración y energía, poniendo a prueba las percepciones y las dinámicas de poder, fomentando el entendimiento y desarrollando un lenguaje común. Ayuda a descubrir y promover oportunidades para colaborar, movilizar recursos e incorporar socios adicionales.

5) Finalmente, 2030 WRG da un papel preponderante e incorpora a líderes a nivel global, nacional y local, en el gobierno, a las empresas y a la sociedad civil para que utilicen sus voces, influencia y redes para generar conciencia y fomentar una colaboración intersectorial estratégica a largo plazo.

El modelo desarrollado por 2030 WRG que la Harvard Kennedy School publica es promisorio. Si se puede demostrar que funciona en el sector hídrico, actualmente fragmentado y políticamente complejo, es indudable que existe un enorme potencial para que este tipo de enfoque tenga un papel mucho más amplio y acelere el progreso en la agenda de desarrollo sostenible para el año 2030.

Los problemas más acuciantes del país requieren liderazgo ético y procesos modernos que con compromiso y verdadera entrega son posibles de conseguir. Ese debe ser nuestro esfuerzo.

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