En un país como el Perú, ser pesimista es un lugar común. Todo puede pasar en cualquier momento y casi nada funciona como debería. Esta característica, sin embargo, no es exclusiva, pues basta con conversar con personas de otros países de la región para escuchar comentarios bastantes similares sobre su propia realidad. En general, al menos en América del Sur, la tragicomedia es nuestro pan de cada día. Hay que reír para no llorar, es imposible aburrirse, y “gana” el que está peor.

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