Las rentabilidades de nuestras inversiones dependen, en buena cuenta, de las expectativas de generación de valor de las empresas en las que invertimos. Así, en la medida en que haya una mayor confianza en que una empresa incremente sus utilidades (más allá de lo previsto por el mercado) o tenga una mejora sorpresiva en su rating crediticio, los precios de sus títulos (acciones y bonos) subirán y, por consiguiente, su rentabilidad. Todo ello ocurre en los mercados de capitales, alternativa al financiamiento bancario, que canaliza los recursos de agentes superavitarios a deficitarios mediante emisiones de títulos.

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