Mala noticia. Debe renovar su pasaporte. El trámite es personal e ineludible. No hay escapatoria. Además de pagar una tasa e invertir tiempo en el trámite, deberá exponerse al (mal) trato de algunos funcionarios que se comportan como “reyezuelos” en su trono. Lo toma con resignación. Es como ir al dentista. “Me dolerá más si no resuelvo el problema”, piensa. Respira profundamente y se entrega al trámite como al dentista. Eso fue lo que hice hace poco. No tenía muchas esperanzas. Sólo deseaba que el maltrato dure poco. Pero como dice la canción, “la vida te da sorpresas”.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: