Con humor, Fernando Ampuero aprende a sobrellevar los fuertes dolores físicos que padece en los últimos meses. Pero la creación literaria no cesa. (Foto: Dante Piaggio/ El Comercio)
Con humor, Fernando Ampuero aprende a sobrellevar los fuertes dolores físicos que padece en los últimos meses. Pero la creación literaria no cesa. (Foto: Dante Piaggio/ El Comercio)
Por Enrique Planas

Como la ballena blanca sobre la que escribió Melville, todo escritor persigue la gran historia, no importa que algunos terminen, como Ahab, arrastrados por la obstinación. "Lobos solitarios", el más reciente libro de Fernando Ampuero, nos habla de eso y de su temprana amistad con Xavier y Edmundo, compañeros en los años 70 y 80 en la redacción de la revista "Caretas". Aunque él no revela sus apellidos, quienes trabajamos en aquel semanario sabemos que se refiere a Edmundo de los Ríos y Xavier Ugarriza. El primero publicó en México una novela elogiada por Juan Rulfo, pero a su regreso a Lima se enfrentó a la más dura indiferencia. El segundo, mítico organizador de fiestas, dilapida su herencia en alcohol y lupanares, y lleva su única novela en un maletín sin compartirla con nadie. Ampuero pinta en su historia dos conmovedores retratos, a la manera de un díptico que refleja las vicisitudes de dos escritores hundidos por la amargura. 

Ampuero nos recibe en su departamento miraflorino. Camina lento y se queja de dolores. Le cuesta sentarse y levantarse de la silla. Con humor y resignación nos cuenta de sus estrategias para sobrellevar una enfermedad que ha reducido sus movimientos. "Aguanto hasta donde pueda", me dice sin dramatismo. Pero los dolores son duros. Hace dos meses estuvo de viaje en la isla italiana de Capri, y paseando por los jardines del emperador Augusto, admirando los abismos frente al mar Tirreno, pensó que era el lugar ideal para desaparecer. "Si en algún momento esta vaina se convierte en algo invivible, me iré de alguna manera elegante", asegura para luego disculparse. "Me puse muy tortuoso", dice y cambiamos de tema. 

— ¿Alguna vez le tuviste miedo al fracaso? 

Yo, la verdad, empecé mi vida literaria con un librito de cuentos cuando no estaba en mis cabales. Ahora tampoco lo estoy, con todas las drogas que estoy tomando por mi enfermedad, pero entonces mis drogas eran recreacionales o con ambiciones místicas. Por eso retiré de mi bibliografía los libros de mis comienzos. Entonces no tenía la mayor preocupación si lo que publicaba tendría éxito o fracaso. El desenfado, la audacia de la juventud me llevaron a esos primeros textos. Cuando te das cuenta de que escribir exige disciplina y responsabilidad, empiezas a encontrar tu voz narrativa. Puedo decirte que todo escritor, en mayor o menor medida, se siente un fracasado. Casi nunca estamos satisfechos con la obra que hemos hecho. Por eso nos ponemos a escribir la siguiente. 

La portada del nuevo libro de Fernando Ampuero publicado por Peisa.
La portada del nuevo libro de Fernando Ampuero publicado por Peisa.

— "Lobos solitarios" trae a la memoria el clásico relato de Melville "Bartleby, el escribiente", que citas en tu libro. El cuento presenta un personaje del cual no encontramos respuesta lógica para entender su desgano por la vida... 

Hasta ahora no entendemos a Bartleby, pero lo aceptamos porque 50 años después apareció Kafka. En realidad, el realismo existencial de sus relatos explica las conductas de los personajes a través de ciertos tropiezos en sus vidas. En el caso de Edmundo, por ejemplo, al leer su primer libro "Los juegos verdaderos", ves lo fluido de su prosa y el ensamble de sus técnicas narrativas, y no entiendes cómo su segunda novela no pudo haber salido. En el caso de Xavier era más brumoso. Él no mostraba nada. 

Fernando Ampuero nos recibe en su departamento miraflorino. (Foto: Dante Piaggio/ El Comercio)
Fernando Ampuero nos recibe en su departamento miraflorino. (Foto: Dante Piaggio/ El Comercio)

— Describes una época en que el periodismo parecía un oficio delirante. ¿Hoy ha perdido la locura? 

Siempre he sido, por formación, un periodista revistero. El de "Caretas" era un tipo de periodismo neurótico, siempre fue una revista combativa, lo es hasta ahora. Y eso te acarreaba entonces problemas con la dictadura militar. Todo el tiempo había amenazas de bomba. Había terrorismo blanco, interceptación de llamadas... 

— Había razones para ser paranoico... 

Por supuesto, aparte de las propias locuras de los que trabajaban allí. "Caretas" era un catálogo de la locura en el periodismo. 

— Comenzando por su director... 

¡Comenzando por el director! Enrique Zileri era muy especial. Además de su espíritu tiranuelo, tenía ese olfato periodístico tan extraño e inusual, el instinto para dar en el meollo del tema. El problema era que ese instinto podía aparecer en cualquier momento. A veces, cerrando una edición, él se iba a tomar una siesta a las 10 de la noche. Y a las 3 de la mañana cambiaba todo porque había soñado un nuevo ángulo para la noticia. 

— En tu libro, ambos escritores persiguen, como la ballena blanca de Melville, "la gran novela". Era la influencia del 'boom', en el que todos sus miembros hablaban de la "novela total" como el gran logro en la carrera de un escritor. 

Claro, y desatando con ello el complejo de todos los otros escritores que no escribían novelas totales. Además, en los 60, la novela total venía con receta sociopolítica. Tenías que hacer un libro que revele el país andino confrontado con la Lima dominante. ¡Te hipotecaban los sueños! En el caso de Edmundo y Xavier, ambos pensaban en una obra de largo aliento. Eso quizá los hundió más. 

Fernando Ampuero presenta una nueva obra. (Foto: Dante Piaggio)
Fernando Ampuero presenta una nueva obra. (Foto: Dante Piaggio)

​Más información

Lugar: Librería El Virrey. Bolognesi 510,
Miraflores. Cuándo: Jueves 22 de junio, 7:30 p.m.
Comentan: Yeniva Fernández, Jeremías Gamboa y el autor.
Entrada: Libre.