Julio Cotler. (Foto: USI)
Julio Cotler. (Foto: USI)

Tendía a proyectar la imagen de un intelectual lúcido, agudo, implacable y desencantado. Lucía como un pesimista consumado. Entonces uno podía creer que, para , el Perú es un país sin arreglo. Ricardo Cuenca, director general del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), se encarga de desbaratar este prejuicio. Él afirma que para Cotler el Perú podía corregirse –aunque con dificultades– para escapar de ese fatal destino de ser una tierra de oportunidades perdidas, a decir de Jorge Basadre. Cuenca añade: "Si no, no hubiera seguido estudiando al país hasta hace poco. Una persona que cree que algo no tiene arreglo no se dedica a continuar tratando de comprenderlo. Y Julio, hasta el último momento, estuvo trabajando en un proyecto de investigación para tratar de comprender al Perú".

El sociólogo y antropólogo Julio Cotler murió a los 86 años. Él estaba inmerso en la investigación "Élites, empresarios y poder en el Perú", y en el prefacio y las conclusiones de la nueva edición de su libro "Política y sociedad en el Perú. Cambios y continuidad".



La noticia fue confirmada por el IEP, del que Cotler fue director general e investigador principal. En el comunicado se lee: "Desde el IEP, siempre recordaremos a Julio como un amigo, colega, maestro, investigador e intelectual respetado y apreciado mucho más allá de la comunidad académica".

Cotler conservaba la fe. Él la depositaba, sobre todo, en dos aspectos: en el pensamiento crítico, en encontrar en el país ideas que no sigan una moda, sino que pongan una pausa para reflexionar; además, creía que los jóvenes tenían que forjar un país distinto.

Para seguir esfumando prejuicios, Cuenca describe a Cotler como una persona con un gran sentido del humor. Otras cualidades del antropólogo por la UNMSM y doctor en Sociología por la Universidad de Burdeos en Francia: siempre estaba pensando críticamente en sus propias obras e ideas, y tenía una fe inquebrantable en los valores democráticos. Paradojas del destino: Cotler fallece un 5 de abril, fecha fundacional del mito dictatorial de Alberto Fujimori en 1992.

ORÍGENES DE UN PAÍS ATOMIZADO
Cotler fue un intelectual convencido de la construcción de argumentos y de que estos tenían que contar con una perspectiva crítica o histórica para comprender las complejidades del país. Esto se plasma cabalmente en su libro más emblemático: "Clases, Estado y nación en el Perú" (1978), que cumplió recientemente 40 años.

Se trata de un recorrido crítico por nuestra historia, desde una estructura colonial que dividió a la sociedad y que persistió hasta alcanzar los años 70, con todos los vicios y lastres que esta herencia conlleva: relaciones clientelistas, dominación de los de arriba a los de abajo, tentación autoritaria y abuso de poder según el linaje o la procedencia, etc.

Entre sus reconocimientos se encuentran el Premio Nacional de Cultura 2015, la Orden al Mérito Municipal en el Grado de Gran Cruz, otorgada por la Municipalidad Metropolitana de Lima (2013) y el Doctorado Honoris Causa, otorgado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (2010).

Acerca de este clásico de las ciencias sociales, Cuenca resalta dos cualidades: "Primero, la idea de comprender al Perú en su totalidad, de la manera más integral posible. Y lo segundo es que esta comprensión no podía explicarse en el corto plazo, sino que debía tener una perspectiva: el concepto de que el Perú es la consecuencia de un conjunto de acontecimientos entrelazados del pasado es una idea potente que, además, cobra total vigencia".

Por sus obras y aportes, Cotler recibió diversos reconocimientos. Resalta, por ejemplo, el Premio Nacional de Cultura del 2015, otorgado por el Ministerio de Cultura. Sobre esta distinción, él dijo a El Comercio: "Es una sorpresa, un halago; estoy contento de que las ciencias sociales sean consideradas cultura y no solo lo sean la literatura y la poesía".

Destacan, además, el Premio Kalman Silvert, entregado por la Asociación de Estudios Latinoamericanos (2012) o el doctorado honoris causa de la PUCP (2010). Que descanse en paz este pensador que discurrió con clarividencia por el pesimismo y la fe en el porvenir.

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