
El gesto de un niño de apenas 9 años se convirtió en un acto de esperanza para toda su familia. En julio, Stephen Mondek se transformó en el donante de células madre más joven registrado en un hospital infantil de Los Ángeles, con la misión de salvar la vida de su padre, el Dr. Nick Mondek, un anestesiólogo de 48 años que lucha contra una agresiva leucemia mieloide aguda.
Según People, Nick había recibido un trasplante de células madre de su hermano mayor hace más de dos años, lo que le permitió entrar en remisión. Sin embargo, la enfermedad regresó con fuerza en 2025, y los médicos advirtieron que las opciones de tratamiento eran limitadas.
El registro nacional y otros familiares no eran compatibles, lo que dejó a la familia en busca de una última esperanza.

Inspirado por la historia de un amigo, Nick preguntó a sus médicos si un niño podía ser donante. Al enterarse de que era posible, habló con Stephen sin presión alguna, simplemente planteándole la posibilidad.
La respuesta del pequeño fue inmediata: “Sí, hagámoslo”. Tras confirmarse la compatibilidad, el hospital Cedars-Sinai Guerin Children’s comenzó un proceso de preparación de varias semanas para que Stephen pudiera donar.
El procedimiento fue delicado: bajo anestesia general, los médicos insertaron un catéter en su cuello para extraer las células madre. Estuvo seis horas en cuidados intensivos mientras su sangre era procesada por una máquina especial.
“Ese momento mientras dormía bajo anestesia fue uno de los más difíciles de mi vida”, recuerda Nick. “Me preguntaba si estaba haciendo lo correcto”.
La operación resultó un éxito y Stephen pudo regresar a casa esa misma noche. Días después, Nick recibió el trasplante, un proceso que sus médicos describen como “un renacimiento”.
Permaneció dos semanas hospitalizado hasta que su sistema inmunológico comenzó a recuperarse. Finalmente, el 16 de agosto fue dado de alta y tuvo la oportunidad de ver a su hijo jugar en la liga infantil de béisbol.
Hoy, Nick asegura que vive agradecido por la valentía de su hijo: “Es como tener una segunda oportunidad dentro de otra segunda oportunidad. Si no hubiera recibido el trasplante, las cosas no estarían bien ahora”.

Aunque el camino aún no está asegurado y los médicos señalan que tomará más de un año confirmar si el nuevo sistema inmunológico vencerá definitivamente al cáncer, la familia mantiene la esperanza.
Stephen, por su parte, resume su experiencia con la sencillez propia de un niño: “Me sentí bien ayudando a mi papá. Se sintió bien tenerlo en casa”.
Nick, conmovido por la entrega de su hijo, afirma que lo único que desea es disfrutar de cada momento en familia: “No necesito escalar el Kilimanjaro o nadar el Canal de la Mancha. Solo quiero estar con ellos y vivir lo que me quede”.
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