Cuando vacaron de manera inmediata a Dina Boluarte, con la rapidez con la que el Estado actúa cuando le conviene, algunos temían por lo que podría pasar con ciertos activos claves financieros, como las acciones de empresas peruanas, la bolsa local y el dólar. En tiempos de volatilidad e incertidumbre política extrema, hemos visto cómo estos activos pueden ser impactados de forma importante en el corto plazo. El ejemplo más reciente fue cuando el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) se vio descabezado tras la elección de Guido Bellido como presidente del Consejo de Ministros del primer Gabinete de Pedro Castillo: no tener a un titular del MEF generó pánico en los mercados. Más de uno recordará que fue entonces cuando el precio del dólar rompió la barrera de los cuatro soles; mientras que la BVL retrocedió más de 6% en una sola jornada.
Recuerdos como estos hicieron que muchos se preguntaran si el inesperado proceso de vacancia podía acabar con la racha positiva del sol peruano, que se ha apreciado casi 9% frente al dólar en lo que va del 2025 (en un entorno de debilitamiento global de la divisa de EE.UU.). Pero ello nunca ocurrió. Mientras Jerí ingresaba a Palacio de Gobierno el viernes por la mañana, el tipo de cambio subía apenas 0,01 céntimos; una clara demostración de que a los corporativos les importaba poco o nada el impacto por el cambio de presidente en el plazo inmediato. El dólar subió un 0,2% frente al sol, en un contexto en el que el billete verde se recuperaba a nivel global y otras monedas de países emergentes se depreciaban con más fuerza. La bolsa local retrocedió (-0,4%) a un nivel poco relevante para el contexto, y otros activos peruanos se comportaban como si en el país no hubiese pasado nada.
En un contexto de completa inestabilidad política y constantes cambios presidenciales, el patrón de comportamiento del Perú ha sido calificado como una “crisis funcional” por la SAB Renta 4, que diagnostica que, pese al caos, el país mantiene su atractivo como terreno de inversión en el mediano plazo, sostenido estabilidad monetaria, fiscal, y, en particular, por un banco central sólido, donde la figura de Julio Velarde se mantiene a prueba de todo. Desde que está al mando del BCR, Velarde ha visto pasar a ocho presidentes. Su presencia, qué duda cabe, es una de las claves para que los mercados sigan confiando en el panorama económico del país. De cara al 2026, cuando Velarde (posiblemente) esté de salida, el movimiento de los mercados dependerá de las tendencias electorales. Pero, por ahora, la marea luce estable.
Vivir en un país con políticos poco serios, con un manejo imprevisible y hasta cómico por momentos, no es motivo de orgullo para nadie. Pero de no existir los escudos que hacen resiliente a nuestra economía, querido lector, es muy seguro que el escenario sería mucho peor. Vale la pena agradecer a quienes construyeron una macroeconomía sólida y fuerte en los últimos 30 años; pero a la vez es necesario advertir que el rumbo del país debe cambiar… antes que sea muy tarde.
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