El señor de las moscas, por Enrique Planas

“Quién sabe si las moscas no están reflejando nuestras formas de acceder al conocimiento”.

    Enrique Planas
    Por

    Redactor de Luces y TV+

    enrique.planas@comercio.com.pe

    Resumen

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    "Su instalación de zapatos y moscas no solo preserva la silueta de una persona ausente; lo más perturbador es que esta reconstrucción solo puede alcanzarse convocando a las protagonistas de su descomposición" (Foto: Eduardo Laurente Gonzales. Cortesía del artista y la Galería Ginsberg).
    "Su instalación de zapatos y moscas no solo preserva la silueta de una persona ausente; lo más perturbador es que esta reconstrucción solo puede alcanzarse convocando a las protagonistas de su descomposición" (Foto: Eduardo Laurente Gonzales. Cortesía del artista y la Galería Ginsberg).
    / Eduardo Laurente Gonzales

    Al entrar en la sala vacía, hay un momento de extrañeza. Al fondo, unos zapatos en el piso son iluminados por una luz cenital. De lejos, se percibe un sutil cuerpo masculino, una nube negra que resplandece. Solo quien se acerca, se detiene y contempla la obra, podrá advertir su naturaleza contradictoria: en una curiosa marejada, cientos de moscas muertas permanecen en congelado vuelo, suspendidas en su aparente desorden gracias a imperceptibles hilos de nylon. Partimos de la claridad y la limpieza para alcanzar la negrura y la suciedad. La distancia supone la belleza de la abstracción, la cercanía provoca el asco del detalle.

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