La caída de Boluarte

“Urge revisar este asunto después del 2026 y cortar esta vorágine de inestabilidad de siete presidentes en siete años”.

    Martín  Tanaka
    Por

    Profesor principal en la PUCP e investigador en el IEP

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    Resumen

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    A inicios de año, comentábamos en esta columna que abril era un mes clave porque era el mes hasta el cual la presidenta tenía como plazo para convocar a las elecciones generales del 2026. Una vez convocadas, dejaba de tener sentido el escenario de un recorte de mandato de las autoridades elegidas en el 2021, con lo que los congresistas se aseguraban llegar hasta julio del 2026. Decía que esto dejaba latente el escenario de la vacancia presidencial: ¿por qué el Congreso se resistiría a no tomar el poder de manera directa, y dejar de usar a Boluarte como títere? La vacancia era un escenario verosímil, dada la desidia de la presidenta para enfrentar los problemas del país, que no satisfacía las demandas y expectativas ni de la derecha ni de la izquierda; sostener a un gobierno así, en un escenario electoral, iba a ser crecientemente costoso. Con todo, mientras fuera Boluarte la que asumiera el desgaste de la gestión gubernamental, y compartiera sus beneficios, los congresistas podrían concentrarse en sus campañas electorales.

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