En una entrevista de Diana Seminario para El Comercio, el canciller Carlos Espá sostuvo que la visita del Papa León XIV sería un bálsamo para la reconciliación entre los peruanos: “La visita del Papa nos va ayudar mucho en ese afán de reconciliación”. Esta palabra viene del latín re-conciliarre, ello significa volver a ponerse de acuerdo entre los que están separados. Pero, para que haya reconciliación, además de tener voluntad de resolver, debemos entender las causas que motivaron los conflictos que nos separan. Eso exige mucho diálogo y entendimiento.
Se pueden lograr ciertos consensos para enfrentar estos “tiempos recios”, como diría Mario Vargas Llosa, en donde se han juntado no sólo los desentendimientos políticos para lograr una democracia de mejor calidad, sino también la violencia de las bandas organizadas y la furia del fenómeno de El Niño. Basta recordar el huayco en Las Condes, barrio de alto nivel socioeconómico de Santiago de Chile, una imagen que puede pasar en cualquier lugar del Perú, de forma trágica sobre todo para los más pobres. El canciller comparó a El Niño con un diluvio universal.
La reconciliación se consigue con acuerdos. Se dará, en caso exista la voluntad dialogante, proceso que tarda años y en el que por fin podamos ver a quien opina distinto como un igual que tiene toda la libertad de expresarse. La opinión pública es base de toda democracia: no puede haber reconciliación si nuestros problemas no son puestos en debate, con participación de todos los peruanos, sin formas de exclusión o adjetivos calificativos, como lo hicieron algunos candidatos subnacionales.
Para reconciliarnos es necesario que construyamos una sociedad donde reine la paz y la justicia social. De hecho, dice el Papa, “no buscamos una paz cualquiera, una ausencia de conflicto a cualquier precio, sino una verdadera paz que nace de la justicia”. El Sumo Pontífice cita a San Agustín: “¿Quieres encontrarte en paz? Practica la justicia” (Magnífica Humanitas, pág. 203).
Allí donde hay injusticias tiene que establecerse la justicia –de valor crucial–, porque sino jamás podremos alcanzar la paz. Pero, por ejemplo, ¿qué pasaría si la justicia del Derecho positivo fracasa en ciertos casos complicados? Habría que recurrir a la misericordia, como lo hizo Sancho Panza en la Ínsula Barataria. Fue, en el fondo, una sabia salida de Cervantes cuando las normas y los principios entran en conflicto, porque “siempre es alabado más hacer el bien que el mal”.
Si en el Perú reconocemos como fin el valor del otro y de la otra, sin que haya marginación, con todos los prejuicios que ello conlleva, habrá más justicia y nuestra sociedad será más pacífica. Ello no quiere decir que no se combata la delincuencia, que es totalmente injusta por criminales y ladrones, con todo el peso de la ley. Pero, eso sí, siempre respetando nuestra soberanía nacional.