El guion fue coescrito por la directora Melina León y el estadounidense Michael J. White. (Foto: Netflix)
El guion fue coescrito por la directora Melina León y el estadounidense Michael J. White. (Foto: Netflix)
Kenyi Peña Andrade

A veces, una película sirve para retratar la realidad de igual manera – o mejor, como en este caso- que una canción, un cuadro o, incluso, que el periodista con la pluma más afilada. Ya lo dijo en su momento un emblemático director de clásicos como Orson Welles: “Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta”. Por eso, el cine es lo que es. No solo sirve para entretener y pasar un buen rato, también se utiliza para ser contestatario y, al mejor estilo de un buen profesor de historia, enseñar sucesos -sobre todo a los más jóvenes- que marcaron a un país y a toda una generación.

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Todos estos galones, que son como una mochila llena de rocas y no cualquier film es capaz de ponérsela encima, se los coloca sin encorvarse , la comentada película peruana que fue lanzada por este último 15 de enero.

Pero, si eres de aquellos que todavía no se animan a tirarse en el sofá, prender la televisión y zambullirse en esta incómoda, pero muy bien lograda historia, a continuación, te contamos tres razones para que la veas.

Un gran trabajo de fotografía


"Canción sin nombre" fue seleccionada para ser exhibida en la sección Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2019. (Foto: Cine oculto)
"Canción sin nombre" fue seleccionada para ser exhibida en la sección Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2019. (Foto: Cine oculto)

Su blanco y negro, puntillosamente fotografiado, es un manjar para todo aquel le gusta admirar planos muy bien logrados y perderse en estos. El espectador podrá disfrutar desde los bellos paisajes que nos entrega la ciudad de Iquitos, el colorido de sus fiestas tradicionales de Ayacucho, hasta ver de otra manera los parques de La Residencial San Felipe. Incluso, cuando las locaciones son arenales y, pareciera a simple vista que no hay que nos pueda sorprender, estos son perfectamente encuadrados junto a puestas del sol que nos transmiten esa sensación de dolor y desolación por la que pasan los protagonistas. Incluso, hay plano donde ver caer la lluvia sobre el piso es todo un deleite visual. Todo esto, sin duda, gran mérito de la dirección de fotografía llevado a cabo por el chileno- peruano Inti Briones, señalado hace un tiempo atrás como uno de los “10 directores de fotografía a seguir” en todo el mundo, según la revista “Variety”.


La actriz Pamela Mendoza tuvo que subir más de 15 kilos para su protagónico. (Foto: Canción sin nombre)
La actriz Pamela Mendoza tuvo que subir más de 15 kilos para su protagónico. (Foto: Canción sin nombre)


Actuaciones sobrias y convincentes

No nos vamos a encontrar con actuaciones que nos dejen boquiabiertos ni mucho menos. Sin embargo, las más que aceptables interpretaciones de Tommy Párraga y Pamela Mendoza Arpi, quien destaca con creces en la escena cuando debe desfogar todo su dolor golpeando una puerta al ver que le han arrebatado a su bebé, son sólidas y convincentes. Más que suficiente para hacer creíble lo que nos están contando. Mención aparte merece el resto del reparto, que si bien no tienen una mayor participación, ya que son los dos protagonistas principales los que se ponen al hombro la historia, están a la altura en todo momento y no desentonan.

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Retrata una realidad durísima

Hay momentos que hacen sangrar a un país y no solo no están permitido olvidarlos, también es necesario repasarlos y tenerlos presente cada cierto tiempo. Y qué mejor que a través del cine. La ópera prima de Melina León nos adentra de lleno en el Perú de 1988. Nos traslada a una Lima más gris que de costumbre, en la que los ciudadanos deben convivir con una crisis social política y económica. En la que existe un descontento casi generalizado con el Gobierno de Alan García, hay una inflación de 400% anual, un país sumergido en los toques de queda, el terrorismo de Sendero Luminoso, los apagones y las velas para alumbrar a una nación que pasaba por una de sus etapas más oscuras de su historia.



Sumado a ello, nos retrata lo olvidado que quedaron los pueblos indígenas y en la presa fácil en que se convirtieron para el terrorismo y las mafias de tráfico de menores, como en este caso. Y, claro, la difícil labor que significaba ser un periodista honesto en aquel entonces. Era casi jugar con la muerte. Amanecías muerto, huías lejos o le ponías precio a tu silencio, no había una cuarta opción.

“Canción sin nombre” le hace honor a varios de los premios con los que venía presidida: Ganadora a Mejor Película y Mejor Fotografía en el Festival Internacional de Estocolmo, Ganadora del Colón de Oro en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva y Ganadora de premio Nuevas voces/ Nuevas visiones en el Festival de Cine de Palm Springs (California), solo por citar algunos. A eso le sumamos su paso triunfal por la Quincena de Realizadores de Cannes. Y, por supuesto, justifica con creces ser la representante peruana en la carrera al Óscar 2021.

La película fue grabada en Ayacucho y está ambientada en la década de 1980 durante la época del terrorismo. (Foto: Netflix)
La película fue grabada en Ayacucho y está ambientada en la década de 1980 durante la época del terrorismo. (Foto: Netflix)

Debido a la crisis que se vive actualmente no se pudo estrenar en el cine, tal como hubiese querido León. Sin embargo, irónicamente, ahora la película está más alcance que nunca de los peruanos, al estar dentro del catálogo del streaming más famoso y solicitado de nuestro país. Luego de una buena dosis de “Cobra Kai” o “Lupin”, créanme, valdrá la pena darle una oportunidad a este trabajo cinematográfico nacional muy bien consolidado y, sobre todo, hecho con mucho corazón.

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