Fiesta del Sol: crónica desde el Inti Raymi, la celebración que detiene el tiempo en el Cusco

Cada 24 de junio, Cusco detiene su rutina para revivir la ceremonia más emblemática del legado inca. Miles de personas siguen la celebración que trasciende al espectáculo para convertirse en una verdadera experiencia de conexión con lo ancestral.

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En hay un día en el que la ciudad deja de responder al reloj y las agendas. El 24 de junio los comercios bajan el ritmo, las calles del Centro Histórico se llenan desde temprano y miles de personas comienzan a ocupar veredas, balcones y graderías improvisadas. Cientos esperan la , una ceremonia que cada año devuelve a la antigua capital del Tahuantinsuyo al centro de su propia historia.

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El primer escenario es el , el antiguo Templo del Sol. Bajo un cielo despejado, como es de costumbre en el Cusco, el inca Pachacútec hace su aparición entre el sonido de los pututos y el recibimiento de las delegaciones de los cuatro suyos. La escena marca el inicio de una representación que revive una de las ceremonias más importantes del y que hoy continúa convocando a miles de personas. Solo este año, más de 20 mil almas formaron parte, según cifras del IRTP.

Desde allí, el recorrido continúa hacia la Plaza Mayor, donde el inca se dirige al usnu o altar ceremonial para conocer, a través de la lectura de las hojas de coca, los augurios del nuevo ciclo. La interpretación se desarrolla íntegramente en quechua, el idioma de los incas, aunque miles de asistentes pueden seguir cada momento gracias a la traducción simultánea al español, inglés y chino. Entre el público se escuchan conversaciones en francés, portugués, japonés y otros idiomas que recuerdan que esta celebración, profundamente cusqueña, también se ha convertido en un atractivo capaz de convocar visitantes de todas partes del mundo.

Más de mil actores –entre músicos y danzantes– se preparan año a año para la poderosa escenificación del Inti Raymi en tres locaciones de la ciudad. (Foto: Richard Hirano/ Revista Somos)

En el corazón del Cusco

Concluida la ceremonia en la Plaza Mayor (donde el inca entrega el quipu al alcalde de la ciudad), miles de personas emprenden el mismo camino hacia Sacsahuamán. Ese día es feriado en Cusco y la ciudad prácticamente se detiene. Los taxis son escasos y las calles se convierten en una larga caminata compartida entre turistas nacionales, visitantes extranjeros y cusqueños que avanzan cuesta arriba hacia un mismo destino. Más que un traslado, el recorrido termina sintiéndose como una peregrinación colectiva hasta el escenario donde se desarrollará el acto central de la celebración.

A medida que se asciende, el paisaje cambia. Las estrechas calles del Centro Histórico quedan atrás y el imponente complejo arqueológico de Sacsahuamán aparece como telón de fondo de la última representación. Allí, cerca de 4 mil espectadores ocupan las tribunas instaladas para la ocasión, mientras otros 50 mil siguen la ceremonia desde los alrededores de la explanada.

Más de 1.200 actores —entre estudiantes, familias, artistas y miembros del Ejército peruano— recrean los rituales dedicados al Sol en una puesta en escena que combina música, danza y ceremonias ancestrales. La ofrenda de la chicha de jora, el ritual del fuego y el simbólico sacrificio de una llama mantienen en silencio a buena parte del público, incluso a quienes observan la representación por primera vez.

Durante las celebraciones del Inti Raymi, en Cusco, se movilizaron aproximadamente S/182 millones. Además, cerca de 180 mil turistas llegaron hasta la ciudad durante todo el mes jubilar (junio). (Foto: Richard Hirano/ Revista Somos)

No hace falta comprender cada palabra para entender lo que ocurre. Basta observar el respeto con el que los asistentes siguen la ceremonia, los aplausos que acompañan cada escena y los cientos de celulares levantados para registrar un momento que, aunque se repite cada año, conserva la capacidad de emocionar.

Pero el Inti Raymi no solo se vive en sus escenarios. También continúa alrededor de la mesa. Para José Alfredo Aramburú, director gastronómico de Casa Cusqueña, la experiencia de visitar la ciudad va mucho más allá de recorrer sus monumentos. “Hoy ya no basta con una buena comida; la vivencia tiene que ser completa. Cómo te recibe la ciudad, qué visitas y qué comes forman parte de una experiencia de 360 grados”, explica en diálogo con Somos.

"Cómo te recibe la ciudad, qué visitas y qué comes forman parte de una vivencia de 360 grados. Hoy ya no basta con una buena comida. La experiencia tiene que ser completa".

José Alfredo Aramburú | Director gastronómico de Casa Cusqueña

Esa conexión entre cultura y gastronomía se refleja en Casa Cusqueña a través de una cocina que apuesta por ingredientes de la región, desde el maíz del Valle Sagrado hasta el tarwi, el cerdo criado en altura y otros productos que forman parte de la identidad de la ciudad. “Venir no es solo comer; es vivir el destino a través de su gastronomía”, resume Aramburú.

Desde Cusqueña, marca nacida precisamente en esta ciudad histórica, el Inti Raymi también representa una oportunidad para revalorar un legado que sigue vigente. “Para nosotros, es muy importante acompañar las fiestas de Cusco porque forman parte de nuestra cultura y nuestro patrimonio”, señala Guillermo López, director regional de ventas de Backus, haciendo hincapié en que junio es un mes de celebración pura en el destino, donde el Inti Raymi es precedido por el Corpus Christi y la fiesta de las luces, por poner unos ejemplos.

En la misma línea, Samantha Lostaunau, Brand Manager de Cusqueña, destaca que la celebración es también una forma de rendir homenaje a “los tesoros incaicos que más nos hacen sentir orgullosos” y seguir proyectando esa herencia al mundo. Por ello, la marca además ha aprovechado la cita para presentar una edición especial de Cusqueña Dorada, con un diseño que rinde tributo a los tesoros incaicos a través de ilustraciones inspiradas en seis representaciones del oro inca: el Sol de Echenique, la Máscara Funeraria, el Guerrero Inca, la daga ceremonial Tumi, el Kero Ceremonial y la Llama Sagrada.

Volviendo a la cita histórica que enciende al Cusco, cuando el inca, la coya y su séquito se despiden hasta el próximo año, la multitud comienza a abandonar lentamente Sacsahuamán. El tránsito vuelve poco a poco a las calles y la ciudad recupera su ritmo habitual. Sin embargo, quienes caminaron desde el Coricancha hasta la fortaleza saben que durante unas horas Cusco ha dejado de ser únicamente un destino turístico: volvió a convertirse, aunque fuera por un día, en el corazón del Tahuantinsuyo, y eso es algo que habita en la memoria con la fuerza de las llamas del sol peruano. //

Además…
Una mesa con tradición

Más que un restaurante, Casa Cusqueña busca convertirse en una extensión de la identidad del Cusco. Su propuesta gastronómica parte del respeto por los ingredientes locales —como el maíz del Valle Sagrado, el tarwi, las papas nativas o el cerdo criado en altura— para reinterpretar recetas tradicionales con técnicas contemporáneas.


Esa conexión con la cosmovisión andina también se refleja en su arquitectura. El recorrido por el inmueble está inspirado en los tres planos del universo inca: el Uku Pacha, el mundo de abajo o interior; el Kay Pacha, el mundo terrenal; y el Hanan Pacha, el mundo de arriba, asociado a los dioses y al cosmos. Cada nivel propone una experiencia distinta que combina diseño, historia y gastronomía, invitando al visitante a recorrer, en un mismo espacio, las distintas dimensiones de la cultura andina.

A saber
En frases

Guillermo López, Regional Sales Director de Backus, recalca la importante presencia de cerveza Cusqueña en el mes jubilar de Cusco, para celebrar y maridar cualquier platillo.


“Con la propuesta ‘El oro inca que brilla en el mundo’, Cusqueña Dorada celebra también el lugar que la vio nacer y su legado”, apunta Samantha Lostaunau, Brand Manager de la firma.

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