MexicoEste resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Un día en los laboratorios de Glexco Robotics & Automation, en Surco, no se parece en nada a un día de oficina convencional. En la entrada, cual recepcionista, hay un robot rechoncho de rostro amable que te saluda, escanea tu rostro y, tras verificar tu identidad, te saluda por tu nombre con su habitual voz sintetizada. Unos pasos más adentro, en el showroom, dos androides de la marca Ubitree extienden la mano con una cortesía y energía impropia para un oficinista que recién llega al trabajo. Más allá, dos perros robóticos te ven aparecer y se sientan para ofrecer la patita mecánica, más educados que cualquier peludo de barrio. La sensación es que hemos viajado al futuro. Pero en Glexco se apresuran a corregirlo. Esto no es el futuro. Esto es el presente.
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La prensa que cubrió el debate electoral peruano, repleto de puyas y discursos ininteligibles, alcanzó a notar que el expositor mejor articulado de la noche no fue ningún candidato a la presidencia. Fue Xpertus, un robot de forma humanoide que, presente en la sala, orientaba a los ciudadanos curiosos en el laberinto del sistema electoral peruano 2026. Xpertus es un robot cien por ciento peruano, fabricado en las instalaciones de Glexco, y representa un hito en la incipiente industria local. “Fue el primer robot que desarrollamos acá y su especialidad es la interacción con personas. Puede conversar, resolver dudas”, cuenta Jorge Tuesta, CEO de Glexco Robotics, sobre este C-3PO a la peruana.

Como muchos compatriotas de su generación, Tuesta creció viendo en la televisión series de autómatas metálicos como “Ultrasiete”, “Ultraman” o “Goldar y los monstruos del espacio”. Para los niños de los años setenta y ochenta, los robots eran una obsesión. Si los chicos del siglo XIX jugaban con caballos de madera y soldaditos de plomo, quienes crecieron pegados al televisor en las décadas siguientes soñaban con “Astroboy”, “Mazinger Z”, “Transformers” o “Robotech”. En esos dibujos animados, las máquinas caminaban, hablaban y salvaban el mundo antes de la hora de la cena. El sueño de más de uno era construir el suyo propio. Hoy, ese viejo anhelo infantil parece cada vez menos imposible.

Una antigua fascinación
En el siglo XVIII, cuando los relojeros europeos dominaban el arte de los engranajes minúsculos, aparecieron los autómatas, máquinas capaces de simular acciones humanas. El más famoso fue El Turco, un supuesto robot jugador de ajedrez presentado en 1770. El artefacto vestía turbante, movía las piezas con solemnidad y hasta parecía irritarse cuando perdía una partida, para mayor realismo. En realidad, era una farsa: dentro del mueble se escondía un ajedrecista de carne y hueso que movía las piezas. Aun así, su leyenda sobrevivió durante décadas —se decía que había derrotado a Napoleón— y alimentó la vieja fascinación, pero también el temor, de que las máquinas pudieran algún día reemplazar funciones humanas.
Recién en 1939 apareció quien suele presentarse como el padre de los robots modernos: Elektro, de la firma Westinghouse. Medía dos metros, caminaba torpemente y podía pronunciar unas 700 palabras, lo cual ya era bastante para una máquina… y para no pocos humanos. Elektro incluso tenía un perrito, también mecánico, cuyo paradero actual es desconocido. En las ferias de la época la gente pagaba por ver aquella proeza de la ciencia, dividida entre la fascinación y un ligero temor a que el aparato decidiera algún día pensar por su cuenta.

El cine fue el arte que mejor supo aprovechar esa mezcla de maravilla y paranoia. Desde la muda “Metrópolis” (1927) hasta “Terminator”, sin olvidar la saga “Blade Runner”, donde Hollywood imaginó androides que no dudan en matar a sus creadores mientras buscan respuestas existenciales.
Mientras tanto, la robótica real siguió avanzando con mucho menos dramatismo. Empresas como Honda desarrollaron máquinas capaces de caminar, como el célebre ASIMO, una especie de astronauta en miniatura que parecía esforzarse por no caerse. Actualmente existen androides con piel de silicona y expresiones faciales que rozan lo humano sin llegar del todo a serlo. El efecto que provocan ha sido estudiado por los ingenieros, quienes lo llaman “uncanny valley”: ese momento incómodo en el que una máquina se parece demasiado a una persona y, precisamente por eso, nos resulta perturbadora.
Hechos en el Perú
Aunque los robots que hoy aparecen en ferias tecnológicas o bailando en campañas políticas suelen venir de China, en el Perú también ha surgido un pequeño pero creativo ecosistema de desarrollos propios. Están los sofisticados humanoides de Glexco, pero también hay inventos mucho más vernaculares, por decirlo de algún modo. En el Vraem, por ejemplo, el profesor Walter Velásquez construyó Kipi, un pequeño asistente educativo ensamblado con chatarra electrónica, material reciclado y un panel solar para recargar energía. Durante la pandemia, cuando los estudiantes de las comunidades rurales de Huancavelica quedaron sin internet ni señal de televisión, Velásquez cargaba a Kipi y se internaba en trochas con su invento subido en el lomo de un burro.

En algunos hospitales también han empezado a aparecer robots con vocación de enfermero. Ingenieros de la PUCP desarrollaron el año pasado a RoPI, un robot interactivo pensado para acompañar a niños hospitalizados en el Instituto Nacional de Salud del Niño de San Borja. Su misión es distraer, conversar y jugar con pacientes que pasan largas temporadas en tratamiento. En esa misma línea, la investigadora Yadhira Valenzuela creó este año a Misi, un robot con forma de gatito diseñado para ayudar a niños con trastorno del espectro autista a practicar habilidades sociales mientras dibujan, escriben o interactúan con el dispositivo.

La robótica peruana también se ha colado en lugares menos esperados, como las casonas y criptas del Centro Histórico de Lima. Un equipo de la Universidad de Lima ha presentado a Alqo, un perro robot equipado con sensores y cámaras, para explorar túneles, pasajes y estructuras coloniales donde entrar con casco y linterna sería, como mínimo, imprudente. Con ayuda de drones y escáneres láser, el proyecto busca crear modelos tridimensionales del patrimonio histórico de la ciudad. Así, mientras los historiadores revisan papeles en la superficie, el robot baja a los sótanos a ver qué secretos quedaron guardados desde el virreinato.

Hace doscientos años, cuando las máquinas de vapor amenazaron con dejar sin empleo a media Europa, los trabajadores respondieron como sabían: agarraron las máquinas a martillazos. El miedo a ser reemplazados por un engranaje es tan antiguo como la industria misma. Qué pasará ahora es difícil de anticipar. Mientras estas líneas se escriben, el robot Optimus de Tesla —ya en su tercera generación— empieza a caminar por las fábricas de Fremont y Austin realizando tareas de ensamblaje. La idea de Elon Musk es que, tarde o temprano, Optimus también ingrese a los hogares para ocuparse de “tareas aburridas” como limpiar, traer cosas o cocinar. Lo que antes parecía un argumento de ciencia ficción que inevitablemente termina mal —como en “Yo, robot”— empieza a asomarse como una realidad a la vuelta de la esquina.
Astroboy
Astroboy fue un icónico personaje de manga y anime creado por Osamu Tezuka en 1952. Contaba la historia de un niño robot con poderes extraordinarios que luchaba por la justicia mientras buscaba su lugar entre humanos.

Caballero Mecánico
Recreación de El caballero mecánico, un invento del genio italiano Leonardo Da Vinci, que fue diseñado hacia 1495. Se considera uno de los primeros autómatas humanoides.

El Hombre de hojalata
El Hombre de Hojalata es uno de los personajes más recordados de “El mago de Oz”, la novela de L. Frank Baum publicada en 1900. No es exactamente un robot, sino un leñador convertido en hombre metálico que cree haber perdido su corazón en alguna parte.

Elektro
Fue un robot humanoide creado por Westinghouse en 1937 y presentado en la Feria Mundial de Nueva York de 1939. Medía más de dos metros, pesaba unos 120 kilos y podía caminar, hablar unas 700 palabras, fumar cigarrillos e inflar globos. Incluso tenía un perro robot llamado Sparko.

ASIMO
Fue un robot humanoide desarrollado por Honda y presentado en el año 2000. Podía caminar, subir escaleras, reconocer rostros y responder a comandos de voz. Con su apariencia de pequeño astronauta blanco, se convirtió en uno de los robots más famosos del mundo.

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