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Carmela Combe: De pasajera a piloto

<strong>En los inicios de la aviación peruana, volar representaba un gran riesgo para cualquier piloto. Para las mujeres, el solo hecho de incursionar en esta actividad significaba un reto casi imposible. Las señoritas de la época apenas podían subir a una avioneta como acompañantes de experimentados pilotos. Sin embargo, un 6 de mayo de 1921, Carmela Combe rompió con todo límite y cumplió su sueño de volar sola en un avión, convirtiéndose en la primera mujer piloto civil del Perú.</strong> <img alt="COMBE CARMELA4WEB.jpg" src="http://blogs.elcomercio.pe/huellasdigitales/COMBE CARMELA4WEB.jpg" width="480" height="470" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/>

En los inicios de la aviación peruana, volar representaba un gran riesgo para cualquier piloto. Para las mujeres, el solo hecho de incursionar en esta actividad significaba un reto casi imposible. Las señoritas de la época apenas podían subir a una avioneta como acompañantes de experimentados pilotos. Sin embargo, un 6 de mayo de 1921, Carmela Combe rompió con todo límite y cumplió su sueño de volar sola en un avión, convirtiéndose en la primera mujer piloto civil del Perú.

COMBE CARMELA4WEB.jpgEn 1920, las actividades aeronáuticas cobraron gran impulso en nuestro país. En ese mismo año, Carmela Combe Thomson inició su aprendizaje como aviadora en la antigua Compañía Nacional de Aeronáutica, que funcionaba en Lima, en la calle Bodegones, y de la que era gerente su amigo y compañero de vuelos, Elmer Faucett.

Tras recibirse como aviadora y fiel a su vocación de piloto, Carmela, con poco más de 20 años, se inscribió en la Escuela de Aviación Civil de Bellavista, donde recibió instrucción del aviador norteamericano Lloyd Moore. Fue la primera alumna de la Escuela de Aviación y, por tal motivo, la única mujer que en los años 20 piloteó los frágiles aviones de la época.

En vuelo alto

El 6 de mayo de 1921, a pesar de las negativas de los aviadores varones y de la fuerte oposición familiar, Carmela demostró su arrojo y valor al pilotear sola un avión Curtiss-Oriole. Carmelita –como cariñosamente la llamaban- concretaba su más anhelado deseo de infancia. “Al volar por primera vez, mi impresión fue la de haber volado siempre”, contó en alguna oportunidad.

Tal hazaña le mereció, en dos oportunidades, el reconocimiento de la Fuerza Aérea del Perú. El 27 de setiembre de 1960, durante la semana de la Aviación Naval, la señorita Combe fue distinguida con la “Cruz Peruana al Mérito Aeronáutico” por ser la pionera de la aviación civil en nuestro país.

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Veinte años más tarde, el 27 de setiembre de 1980, recibió del Ministerio de Aeronáutica la medalla al mérito “Jorge Chávez Dartnell”, por los valiosos servicios prestados a la nación y a la aviación peruana. En aquella oportunidad, el ministro José Gagliardi Schiaffino dispuso que se le brinde atención médica gratuita de por vida en el Hospital Aeronáutico, teniendo en cuenta su avanzada edad y salud quebrantada.

Accidente en Chorrillos

Sin embargo, su paso en la actividad aérea no fue fácil. Carmela tuvo pruebas que pusieron en riesgo su vida como el accidente que sufrió el 9 de julio de 1921 al efectuar un aterrizaje forzoso en Chorrillos, debido a un “panne” o avería en el motor del Cutiss en el que viajaba. Los detalles de aquel percance fueron registrados por El Comercio: “El Piloto Moore y la señorita Carmela Combe caen desde gran altura”. (Ver CARMELA COMBE.pdf)

En aquel incidente sufrió un fuerte golpe que, con el transcurso de los años, le ocasionó una lesión a la columna vertebral. “A consecuencia del suceso, quedé un tanto sorda y, posiblemente, el golpe que recibí ha repercutido en mi organismo de tal suerte que he debido ser operada en la columna vertebral”, indicó en una entrevista del 12 de mayo de 1957.

Aquel incidente le dio más ánimo y continuó en la aviación hasta obtener su brevete en 1922. Y es que para nuestra aviadora “tener valentía, serenidad y mucha sangre fría” eran las condiciones primordiales que debía poseer todo aquel que ambicionara surcar el espacio aéreo.

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Su pasión por la aviación la llevó a solicitar anticipadamente su herencia para comprar su propio avión, un biplano Curtiss. Lamentablemente, a los pocos meses perdería su tan preciada máquina en las alturas de Ancash, en un trágico accidente donde falleció el piloto de la nave, Emilio Romance, a quien Carmela le había prestado su avioneta para transportar una carga.

La pérdida de su avión, sumado a la fuerte oposición de su familia hizo que viajara a Europa donde permaneció por siete años. Durante ese periodo tuvo la oportunidad de volar al lado de Doret, célebre piloto francés que perdió la vida en un accidente. Poco después, contrajo matrimonio con Julio Bardi. Se retiró definitivamente de las actividades aéreas en 1932.

Una mujer polifacética

Para esta avezada mujer nunca hubo nada prohibido o que no haya podido superar. Siempre le gustó llevar las riendas de su propia vida y estar detrás del volante. Prueba de ello es que sus cortos 14 años ya sabía manejar automóviles, convirtiéndose –años más tarde- en la segunda persona que obtuvo el ansiado brevete en nuestro país.

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En una entrevista, contó que nunca ha sentido miedo a la muerte. Prueba de ello, compitió en 1921 en las primeras carreras de carros y motocicleta en Lima. No obstante, Carmela también destacó en otros aspectos como en las letras. Bajo el seudónimo de “Marisabidilla” colaboró en “Mundial”, revista de la época, donde escribía sobre temas de sociedad.

Sesenta y tres años después de su primera aventura en el Curtiss, Carmela Combe Thomson de Bardi falleció víctima de una larga dolencia, el 10 de mayo de 1984, en el hospital central de Aeronáutica, de donde partió por última vez al cielo.

(Rosa Aquino)
Fotos: Archivo Histórico El Comercio

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