Perú en Saint Verán

Después de mucho pensarlo, hoy me decidí a escribir una historia para este blog. La idea original era contarles la historia de cómo llegué a Los Angeles, California, pero luego de darle mil vueltas a la idea se me ocurrió que mejor les contaré la historia de mi hermana Ceci.
Ceci vive en un pueblito que parece sacado de un almanaque. Saint Verán esta localizado en los Alpes franceses, en la región de Provenza-Alpes-Costa-Azul para ser exacta, a dos horas y media de Marsella, y a veinte minutos de la frontera con Italia. Llegar a este pueblito de aproximadamente 300 habitantes es toda una aventura. A una altura de 2.040 metros sobre el nivel del mar, Saint Verán es la comuna más alta en toda Francia, y hay que tomar avión a Marsella, luego tomar el tren o ir en carro por tres horas más hasta llegar al lugar más pacifico, en mi opinión, sobre la faz de la tierra.¿Y cómo llegó Ceci a Saint Verán? Bueno, ahí por el año 92 y luego de realizar sus estudios de Traducción en la Unife, Ceci tuvo la suerte de participar en un programa de intercambio para ir a trabajar por un año a Francia… ¡y el resto es historia! Ya pasaron aproximadamente 15 años desde que Ceci salió del Perú y muchas cosas han cambiado. Ahora, junto con su esposo David, y con tres hijas, un hijo, un hotel, un perro y un gato en su haber, mi hermana es la representación de lo que la perseverancia y el trabajo arduo pueden lograr.

De más esta decir que ella es la única peruana en el pueblo, ¡hasta creo que es la única extranjera que vive ahí! Cuando recién llegó ahí, todo el mundo la miraba como bicho raro a la pobre, pero ahora la canción es diferente y mi hermana es más conocida que el propio alcalde. En diciembre estuve ahí para pasar Navidad con ella, y la gracia con que hace las cosas es increíble. Colabora en varios comités del pueblo, incluidos el comité del colegio y el de la biblioteca. Y la gente la quiere. Los viejitos del pueblo pasan, la saludan, le hablan, le dicen, le cuentan sus cosas… creo que tiene que ver con el carácter o la “criollada” peruana… no sé, pero de verdad es tan lindo ver cómo ha podido ganarse a la gente.
Como mencioné antes, ella y su esposo tienen un hotel, el cual es el típico hotel de montaña donde llega gente de otros países y de ciudades vecinas para esquiar durante invierno, y en verano llegan a pasearse por los alrededores. El hotel es lindísimo, pero lo más lindo es que mi hermana ha puesto sus decoraciones peruanas por todos lados. Hasta el menú de Navidad y Año Nuevo del restaurante incluye un par de platos peruanos, y también ha incluido nuestro infaltable pisco sour que motiva a uno que otro francés a dejar de lado su vino y caer en la tentación de probar esta bebida que es un símbolo de nuestro país… y no se quedan contentos con uno, la mayoría toman dos, y algún valiente por ahí se atreve a tomarse tres (no siempre con buenos resultados).
Claro que para que mi hermana pueda ofrecer un pisco sour o una papa a la huancaína a sus clientes requiere de la colaboración de toda la familia. Mi mamá y mi papá viajan de Perú con botellas de pisco en la maleta, ají en polvo, y toda clase de pedidos, hasta Inca Kola llevan porque mis sobrinos son fanáticos de esta bebida con sabor a chicle (como dicen en Estados Unidos). Lo más gracioso es que los chicos han llegado a aprender de dónde viene la Inca Kola que están tomando. Si es bien dulce, saben que es la que la abuelita Gloria trajo del Perú; si le falta azúcar, es porque viene de Estados Unidos.
Y así es la vida de Ceci, en medio de los Alpes, con poco tiempo para ella, pero feliz de estar ahí y extrañando Perú que da miedo.
Sandra Velasquez, Estados Unidos
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

:quality(75)/2.blogs.elcomercio.pe/service/img/saldetucasa/autor.jpg)