El Embrujo en París

No me gusta la cumbia, no es mi género favorito y siempre que puedo la evito. Siento mucho no ser políticamente correcto y decir que escucho de todo o que me gustan todos los géneros. Pues no, me parece que la cumbia y el reggaetón están de más y mientras más rápido desaparezcan mucho mejor. Sin embargo, y no saben cómo me lamento de este ‘sin embargo’, reconozco que hay canciones que se cuelan sin que uno pueda hacer nada y así, sin más, de un día para otro y sin darte cuenta, estás silbando o tarareando una cumbia. La culpa la tienen las combis creo yo, pero bueno, están ahí y hay que aprender a convivir con ellas (con las combis y con la cumbia).Yo trabajaba en La Positiva Seguros. Nuestro proyecto consistía en crear un sistema para un nuevo tipo de seguros, en total éramos nueve muy buenos compañeros, y cada día nos turnábamos para poner música. Jameson ponía reggaetón, Gabriel ponía canciones discotequeras que nunca terminaban pero que nos ponían a bailar en nuestros asientos, Johanna rock, David y Edward salsa, Ulises, Cynthia, Gustavo y Giancarlo radio, y yo ponía baladas superantiguas solo para joder: Raphael, Camilo Sesto, José José y esas cosas… bueno, para joder y porque me gustan esas canciones.
Un día Giancarlo dejó de poner radio, puso una cumbia y desde su sitio me dijo: “‘Chato’ escucha esta que va a ser un ‘boom’”. Me gritó a mí pero en realidad se lo estaba comunicando a todos. Nos reímos ni bien comenzaron a sonar las primeras notas y luego le reprochamos con un “no jodas pues Giancarlo’” o “cambia esa huevada”. Lo cierto es que Giancarlo no nos hizo caso y siguió poniendo el tema varias veces al día y todos los días la misma canción hasta que ocurrió lo inevitable: se nos pegó la maldita melodía. Era imposible sacarla de nuestras cabezas y sí, lo reconozco, me gustó, y me gustó tanto que en clase la hice escuchar a mis amigos. Poco a poco la canción comenzó a sonar en las radios y el pronóstico de Giancarlo se hizo realidad, la canción fue un ‘boom’.
Habíamos terminado una etapa del proyecto y Edward tenía que reunirse con el gerente de sistemas de La Positiva para hacer la demostración. Esta reunión era vital, de su aprobación dependía todo lo que habíamos hecho y marcaría un antes y un después ya que hasta entonces nosotros íbamos un poco por nuestro lado creyendo haber interpretado correctamente lo que nos solicitaban. Edward estaba nervioso. Bueno, en realidad todos estábamos nerviosos, así que antes de irse a la reunión y un poco para sacudirnos los nervios le dijo a Giancarlo que ponga la canción. Y fue así que “El Embrujo” se convirtió en una especie de himno para nosotros y para el proyecto. En ese momento cambiamos el inicio de la canción, nunca más sería: ‘somos Kaliente, Iquitos, Perú’, desde ese día y con muchas risas de por medio la canción para nosotros empezaba así: “somos Affinity, La Positiva, Perú”. Affinity era el nombre de los seguros que pronto la compañía lanzaría al mercado, pero bueno, esa es otra historia. Unos meses después renuncié porque no me aumentaron el sueldo y me separé de mis buenos amigos, trabajé en otra empresa y dos meses después se presentó la oportunidad de trabajar en España. Postulé a la oferta, pasé las pruebas, me capacitaron y en tres meses ya estaba haciendo mis maletas.
El año pasado viajé a París con unos amigos y una noche, con la gente que conocimos en el hospedaje, nos fuimos de fiesta. Éramos alrededor de veinte personas, había polacos, italianos, canadienses, una neozelandesa, una norteamericana, un argentino, dos colombianos, y por supuesto nosotros. Esa noche la pasé bien, bailé, bebí, pero al final me atrasaron con Sara, la neozelandesa. Estaba muy molesto y le dije a mi amigo Percy para regresarnos al hospedaje, él aceptó acompañarme y mientras caminábamos por esas calles de Montmartre Percy me cogió del brazo y me dijo: “Escucha”. “No oigo nada”, le dije. “Shhhhh, ¿escuchas?’”. Callé y reconocí la melodía. Era “El Embrujo”. ¡Estaba sonando “El Embrujo” en París! Percy y yo nos partimos de risa y en plan detectivesco y muy emocionados nos dispusimos a averiguar de dónde venía la música, pegábamos nuestros oídos a las puertas y nada, hasta que Percy pegó su oído a mi pecho y medio decepcionado y riéndose me dijo que lo que sonaba era mi celular… y era cierto, tuvimos un ataque de risa, las personas con las que nos cruzábamos seguro pensaron que estábamos ebrios o drogados, luego recordé que Sara estaba jugando con mi celular y seguro lo dejó con el reproductor de música listo.
Como dije al comienzo, no me gusta la cumbia, pero esa canción en particular me gusta mucho, me recuerda a mis amigos de La Positiva, a tantas tardes en ese edificio de Javier Prado, a nuestra coreografía –porque no solo la cantábamos sino que la bailábamos en la oficina– y a esa madrugada en París. Hoy tengo un nuevo celular y al ver los datos que pasaré del antiguo al nuevo estoy seguro de que pasaré “El Embrujo” esperando que me vuelva a sorprender cuando menos lo espere.
Guillermo Gómez, España
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Kaliente – “El Embrujo”

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