Una gringa de pelo negro
Una compatriota que reside desde hace 2 años en Río de Janeiro nos cuenta cómo ha cambiado su vida personal y profesional desde que decidió estudiar una maestría en Brasil.

Foto: Reuters
Decidí mudarme a Río de Janeiro en una época en la cual imaginé que era “ideal”: me iba muy bien en mi trabajo, pero no tenía muchas posibilidades a corto tiempo para ascender más; acababa de cumplir 30 años y pensaba que ya era hora de dejar el nido, tenia un enamorado con el que pensaba que me iba a casar, y lo más importante, iba a estudiar una maestría con beca incluida en mi área profesional (Ingeniería de sistemas).De esta ciudad sabia poco: el carnaval, Pão de Açucar, Cristo Redentor, Ipanema, etc. A pesar de haber obtenido una beca integral en la mejor universidad particular de RJ, tampoco tenía mucho conocimiento de la vida estudiantil en este país. Entonces, al llegar a vivir aquí, descubrí muchas cosas interesantes, sobre todo cómo Brasil siendo un país vecino es tan diferente a nuestra cultura latina.
Empecemos por el título de este post. Aquí, todos los extranjeros son llamados “gringos” sin importar el color del cabello. O sea, yo soy referida siempre en la facultad como la “gringa”. Ser extranjero en esta ciudad da a veces “corona”, pues muchos se alegran de tener cerca a un foráneo y poder practicar con ellos lo poco que saben de otros idiomas, en este caso, español. La parte mala es que algunas personas intentan tomar ventaja de esto y quieren cobrar precios más elevados para algunos servicios y/o productos (sobre todo los taxistas).
Otra cosa que siempre llama mi atención es que muchos cariocas gustan de tomar una cerveza al final del día (no importa cuál sea el día, de lunes a domingo). Los populares “botecos”, que son una suerte de pequeños bares en las calles, siempre están abiertos y llenos de hombres y mujeres bebiendo cerveza y divirtiéndose. Eso sí, no beben hasta las últimas consecuencias, no sé si es por el bajo grado de alcohol de las cervezas o porque en verdad solo procuran pasar un buen momento y no estar ebrios.
Algo a lo que me costó un poco acostumbrarme fue a comer todas las comidas con frejol negro y arroz. A mí me gusta muchísimo el arroz, pero agregar el frejol negro fue demasiado… pero al final me terminé acostumbrando y siempre termino colocándolo en mis comidas. Otra gran característica de la ciudad es que en casi todas las esquinas puedes encontrar una tienda que prepara jugos de frutas… ¡difícil no llevar una vida sana con tanta juguería cerca de uno! Puedes encontrar mezclas de frutas que jamás podías imaginar: cacao con fresa, palta con leche (ewwww). maracuya con naranja, y otras frutas que nunca había probado en mi vida.
El idioma es otro punto interesante. Cuando les dije a mis amigos que me iba a mudar a esta ciudad, casi todos repetían la misma frase: “o mais grande do mundo”. ¡Debo indicar que esta frase es totalmente incorrecta!, es como decir “la mas mejor”…. la forma correcta de decirla es: “a/o maior do mundo”. Los hispanohablantes tenemos una gran ventaja pues el portugués se parece en un 70% al español. Aunque tienen muchas palabras similares, no todas significan lo mismo, y muchas veces significa algo totalmente diferente. Por ejemplo, la palabra “azar” en portugués significa “mala suerte”.
En la parte profesional, Brasil ofrece un gran programa de becas integrales para el estudio de maestrías y doctorados. En caso de las universidades particulares, ellas pueden exonerar el pago de las mensualidades y además otorgar una pensión mensual de sobrevivencia. En el caso de las universidades públicas, las maestrías y doctorados son gratuitos y se otorga la pensión mensual de sobrevivencia. Los requisitos varían de acuerdo a la universidad y el programa a los que se postula. El nivel de competencia es muy alto. La organización estatal que administra las becas es CAPPES, y ella evalúa cada 2 años a las facultades para otorgar un calificativo basado en las publicaciones realizadas, trabajos de investigación, profesores y alumnos. Esta evaluación es muy reñida pues de eso depende la cantidad de fondos a ser otorgados para las investigaciones y becas. El nivel profesional de los profesores es también muy grande. Todos tienen doctorados en otros países, y la mayoría tienen 2 o 3 posdoctorados. Los profesores y colegas son muy amables y educados, y siempre están dispuestos a apoyar a los demás. Yo tengo el orgullo de estudiar en la mejor universidad de RJ, la Universidade Federal do Río de Janeiro. Es una universidad de gran prestigio en la ciudad y en el país entero.
Vivir en Río es muy diferente que visitarla como turista. A veces hacer un trámite es bastante complicado pues los procedimientos varían de acuerdo a quién te dio la información y en qué momento fue dada. Es a veces sorprendente cómo un mismo procedimiento realizado por la misma persona puede tener diferentes resultados. El “horario carioca” es también inusual, pues siempre las personas llegan 30 minutos después de la hora que acordaron encontrarse. Salir de noche es a veces un poco molestoso (para las chicas) pues de acuerdo al lugar al que vayas, los hombres siempre están tomándote del brazo para poder darte un beso sin haber hablado una palabra antes.. por eso es mejor salir siempre en grupos grandes. Esto se suma a la gran fama ganada de la ciudad, donde puede ser muy fácil tener un encuentro sentimental casual sin cargos de conciencia (los populares “choques y fugas”).. solo que pueden suceder con un promedio de 3 o 4 por noche… ¡y tu imagen no es alterada!
Como evaluación final, puedo decir que estoy cumpliendo muchos de los objetivos que me tracé (aunque no de la manera que yo esperaba): terminé con el enamorado con el que creía que me iba a casar, cambié de universidad a la cual ingresé, cambié de línea de investigación, cambié mi aspecto físico (ahora tengo 4 piercings, cabello largo y varios kilos menos) y mi forma de vestir. Los sacrificios son parte de todos estos logros, es el precio a pagar. Pero no me arrepiento, pues logré estar en un nivel profesional en el cual soy muy feliz y doy cada día más de mi. Aún no termino la maestría pero ya falta poco. Conocí mucha gente increíble (brasileños y extranjeros) que de alguna manera se convirtieron en mi familia en RJ. Compartí y comparto con ellos momentos de alegría, tristeza, siempre dándonos una mano entre todos. Muchos de ellos ya dejaron Brasil pero quedan siempre la amistad y el recuerdo de los momentos compartidos.
Y como todo peruano lejos de su tierra, siempre estoy extrañando la comida peruana, la Lima en la que crecí, la criollada del peruano, la “china hasta la esquina” de las combis, etc., etc.,etc.
¿Cómo fue el proceso de adaptación de cada uno de ustedes?
Paola García Juárez, Brasil
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