Mario Vargas Llosa, un Nobel que se llama Perú
Me enteré de la gran noticia por un escueto correo electrónico de mi esposo: “Hala! Que ya tenéis Nobel de Literatura!” –¡Qué! ¿un Nobel nuestro?-…. No lo podía creer, abrí las páginas de periódicos españoles y peruanos a ver lo que decían y ahí encontré a todos: políticos, jefes de gobierno, periodistas, escritores, reyes, todos desviviéndose en halagos al escritor peruano diciendo que lo conocían personalmente, todos llamando “amigo” a un arequipeño -tan fan del chupe de camarones como cualquiera de nosotros- que había recibido el reconocimiento más alto que actualmente las letras de la humanidad le dan al hombre: un Nobel… un Nobel que al ladito decía Perú. Esa mañana escuché a un periodista peruano agradecerle a Vargas Llosa por mejorarle el curriculum a los peruanos y, cierto o no, sentí algo parecido al orgullo al caminar por los pasillos de la universidad. En los seis años que llevo viviendo en Europa he tenido que explicar varias veces que los peruanos podemos hablar el castellano tan bien como cualquier español y cada vez he notado cierta mirada de incredulidad. Ahora será más fácil, ahora tenemos un Nobel.
Al día siguiente bajé de mi nube cuando tuve que madrugar para hacer cola en la oficina de inmigración. “Los cupos son limitados”, me había dicho la funcionaria del consulado peruano “a veces la gente hace cola desde el día anterior.” Así, junto a otros argentinos, colombianos y ecuatorianos, me senté fuera del edificio en el pavimento frío por un par de horas para presentar los papeles para obtener la nacionalidad española.
Al salir pasé por el puesto de periódicos y vi con gusto que lo que ocupó las planas de los diarios electrónicos estaba ahora ahí en papel impreso, la cara de Vargas Llosa en todos los diarios…. España estaba orgullosa del escritor, del “peruano”, del “hispano-peruano” del “español” Un momentito, ¿español? Pensé que se trataba de un error, pero no, ahí estaba impreso en primera plana “VARGAS LLOSA, SEXTO ESPAÑOL CON EL NOBEL DE LITERATURA” Y es que con la excusa de la doble nacionalidad algunos medios españoles se apoderaban mezquinamente de nuestro Nobel, de nuestro único Nobel.

Aunque Vargas Llosa dejó claro después de dónde viene y que la gloria le pertenece al Perú, no dejaba de sentirme mal por solicitar la nacionalidad española ¿Es que los peruanos con doble nacionalidad nos hacemos menos peruanos, medio peruanos, o incluso españoles? Pensé en las razones que me empujan a obtenerla, traer a mi mamá, evitar las visas, las miradas inquisidoras de los policías del aeropuerto. Me acordé de la gente de la cola, de sus razones y del chico argentino que madrugó haciendo cola con la camiseta celeste de su selección y me sentí un poco mejor.
Si Vargas Llosa fuera pintor, el Perú sería la musa a la que siempre vuelve a dibujar, un amor difícil en el que siempre vuelve a pensar y que lo perseguirá el resto de su vida, como nos seguirá a los peruanos que por distintas razones decidimos radicar fuera, estamos como él, amándolo de lejos, porque al fin y al cabo, aunque pasemos más tiempo lejos que fuera, aunque comamos más seguido paella que arroz con mariscos, abrigadito siempre estará primero el Perú.
Claudia Paredes, España
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