¿Y si sucede algo “cuando pienses en volver”?
Estaba en la T4 del aeropuerto de Madrid esperando encontrarme con la chica que siempre me gustó pero a la que nunca tuve la oportunidad de conocer porque no hubo ningún amigo en común que me la presente, y, por supuesto, nunca tuve los cojones suficientes para presentarme yo solo cuando coincidíamos en alguna fiesta o evento. Entonces, ¿cómo llegue al punto de estar en el aeropuerto de Madrid esperándola?

Yo mismo me asombro al hacer esa pregunta. Para empezar, porque los dos somos de Arequipa y luego porque nunca cruzamos palabra alguna estando allá. ¿Entonces cómo? La respuesta es una sola, la mejor arma de los chicos tímidos: Facebook.
En realidad no me considero tímido, es más, con algunas copas encima suelo ser el que toma la iniciativa y va tras la conquista, pero con ella quedaba paralizado y no sabía cómo presentarme ni iniciar una conversación. Mi teoría es una sola: cuando alguna chica te importa en serio, no quieres malograr la posible única oportunidad que tendrás, además que la primera impresión es la que cuenta y las dudas que te atemorizan te vuelven vulnerable.
Volviendo a la historia, agregué a Vanessa al Facebook en un momento de arrebato en el cual me sentía mal por cómo terminó todo con mi ex enamorada que estaba en el Perú, y como ya todo me daba igual, mandé la invitación de amistad pensando que no me iba a aceptar ya que tenía menos de 100 contactos en su perfil, lo que significaba que no era una chica que agregaba a cualquier desconocido a su Facebook.
A la semana de mandar la invitación, precisamente el 14 de febrero, día de la amistad, amor y demás boberías, estaba conectado al chat de la red social y no había ni un alma. Seguramente todos estaban en la playita con sus respectivos amores, afanes y trampolines de fin de semana.
De pronto, y sin esperar nada más que pasar mi 14 de febrero viendo “The Big band Theory”, entró al chat y me comenzó a hablar.
Definitivamente yo estaba sorprendido de que precisamente ella, una chica superlinda, no esté en alguna cita o afane con alguien ese día. Obviamente le pregunté qué hacía conectada y me dijo que estaba en París visitando a un “amigo” y así comenzamos a conversar fluidamente. Yo le contaba que estaba en Valencia haciendo una maestría pero que ahora estaba en Madrid por unos días de vacaciones visitando a una tía que vive ahí. Ella me comenzó a contar que su vuelo hacía escala en Madrid y que tenía que quedarse en el aeropuerto de Barajas todo un día, ya que no estaba dispuesta a pagar ningún hotel. Yo, sabiendo que había una habitación disponible en la casa de mi tía, le dije que se podía quedar ahí para no tener que dormir en el aeropuerto y que mi tía era muy amable. La verdad, después de escribirle esa propuesta, pensé que por ahí se podía malinterpretar todo porque no es muy normal después de una conversación tan corta con alguien, pero felizmente ella no lo tomó así. Ella me dijo que le daba vergüenza porque no conocía a mi tía y que sería diferente si yo estuviera ahí. A mí me asombro un poco que me diga eso porque nosotros prácticamente recién nos habíamos conocido, aunque definitivamente fue algo grato que me diga eso. Al final busqué un pasaje barato, revisé mi horario de clases y le dije que podía estar esos días en Madrid para recogerla del aeropuerto, pasear un poco y descansar antes de su vuelo al Perú.
Había llegado el día en que me encontraría con ella. Me sudaban las manos y caminaba para disimular la impaciencia mientras tarareaba alguna canción para parecer más caleta y menos ansioso. La vi y me hice el loco, el desinteresado, el bacán, pero como ella tampoco me veía me acerqué yo.
Estaba lindísima, mejor que en mis sueños. De ese momento solo recuerdo su piel blanquita pero bronceadita, y no sé ni cómo tenía ese color de piel porque había pasado el invierno en París.
Nos saludamos con un beso en cada mejilla y fuimos a dejar sus maletas para su viaje del día siguiente.
En el trayecto me preguntó de dónde nos conocíamos, que la disculpe pero no se acordaba bien. Obviamente ella no se acordaba… si nunca nos presentaron ni nada. Solo aproveché de un recuerdo de un 31 de diciembre en Camaná cuando la vi con unas chicas y chicos y todos medios ebrios y como conocía a algunos, le dije a ella que en algún momento de la noche yo me acerqué a su grupo y nos presentaron, pero que entre el cansancio y su posible estado etílico por ahí no se acordaba. Yo, mientras tanto, saqué a relucir un don no existente de memoria fotográfica y le dije que por eso me acordaba de ella, pero la verdad es que su rostro ya estaba en mi mente desde la primera vez que la vi en la universidad, muchísimo tiempo atrás.
En el metro, del aeropuerto a mi casa, nos contamos nuestras vidas, ella tenía novio y esa había sido la causa de su viaje a París. La verdad, yo ya me lo esperaba y mis expectativas nunca cambiaron. A ver, tampoco pretendía hacerla de galán y esperar que suceda algo en esas 24 horas en Madrid, es más, creo que hasta me hubiera desilusionado si hubiera pasado algo…y sí, pues, me habló de su noviazgo y de la relación a distancia que tenía con el tío ese que estaba en París, y yo también le conté lo mío, de mi ex relación a distancia y de cómo se fue yendo a la mierda poco a poco hasta que quedo en un ‘stand by’ que terminó siendo un ‘game over’ total. Pero ella tenía las cosas más claras, de repente no más amor, sino que no se complicaba la vida para nada ni se mataba pensando en posibles infidelidades ni cosas así. Llegando a mi casa ya hablábamos como si nos conociéramos de toda la vida, pero que quede en actas remarcado con negrita y comillas, que esa fue la primera vez que hablé con ella, sin contar la conversación vía chat.
Pues nada… comimos mientras conversábamos de cosas sin importancia y después de que se comiera el plato de sopa, el asado y el postre que le sirvió mi tía (yo ya estaba lleno con la sopa), descansamos 10 minutos en el sofá antes de comenzar el tour. Ese tour yo ya lo venía pensando desde el día en que me dijo “quién eres” por el chat y luego de que me comentara que su vuelo hacía escala de 24 horas en Madrid y que pensaba quedarse en el aeropuerto. Esa vez, como digo, yo le ofrecí que se quede en mi casa, un tour, souveniers y lo que hiciera falta.
Partimos para atocha y de ahí al Parque del Retiro, uno de mis lugares favoritos. De hecho que si llega uno ahí por primera vez con una chica, de huevos que se enamoran sí o sí. Bueno, tal como lo esperaba, le encantó el parquecito, el lago frente al Palacio de Cristal le fascinó y yo le contaba cómo se veía en primavera y ella flipaba, como dirían los españoles. Salimos por la zona que daba a La Puerta de Alcalá. De camino pasamos por un jardín donde las flores tenían aspecto de repollos de colores y que hicieron válidas unas cuantas fotos más y, aprovechando que mi cámara tenía unos cuantos megapixeles más que la suya, le tomaba fotos para luego intercambiarlas
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Luego seguimos con el resto del tour y más charla, hablando de todo en general, pero creo que hablamos mucho más de las relaciones a distancia y las experiencias vividas, cómo llegamos a estar con pareja y esas cosas. Llegamos a la Plaza Colón y de ahí la invité al Hard Rock Café a tomar algo, de paso que aprovechaba para ir al baño. Qué terrible la pase ahí cuando hablábamos cara a cara, yo contándole mis desamores, desplantes e ilusiones y ella que me miraba fijamente a los ojos mientras yo no aguantaba verla a los ojos más de 3 segundos antes de voltear la cara y disimular un poco, para luego volver a mirarla mientras ella seguía viéndome fijamente. No sé si fui un poco maleducado, pero no podía mirarla a los ojos por mucho tiempo, no podía, no podía. Lo traté, en serio que lo traté, pero eran preciosos, brillaban con luz propia y tenían una transparencia y ternura única.
Ya con la vejiga vacía y los mocos bien sacados seguimos dándole a la caminata, la Biblioteca Nacional, Paseo del Prado, Cibeles, Gran Vía y llegamos a Sol. Pensaba que su interés era más turístico, pero como cualquier chica, vio unas tiendas abiertas en la calle de Preciados y se metió (era domingo entonces ni ella ni yo esperábamos que estuvieran abiertas). Yo estaba encantado de la vida de ser el juez que le decía si le quedaba bien o no la ropa que se probaba y bueno, la verdad, yo no me suelo impacientar cuando acompaño a una chica de compras, y si esa chica es linda, mucho menos. Ahí gané un par de puntos porque me dijo que su novio no tenía paciencia, etc. Prácticamente nos echaron de Zara a las 9 p.m. y con un par de bolsas y su sonrisa que resplandecía seguimos con el tour.
Llegamos a la Plaza Mayor y de ahí tomamos un descanso en el mercado de San Miguel, después de dar unas vueltas nos animamos por unas cervezas y un salpicón de mariscos y chipirones para picar. Ahí me volvió a agradecer por el tour y el hospedaje y me dijo que lo estaba pasando muy bien (que excelente me sentía). Nos quedamos ahí más de una hora conversando y conversando de todo. Empezábamos a hablar de la universidad y nos íbamos desviando del tema y acabábamos hablando de un posible viaje de mochileros y así en muchos temas. La conversación fluía y creo que nos sentíamos muy cómodos.
De ahí seguimos la caminata hacia la catedral, al palacio donde vivían los reyes, el Teatro de Ópera, de ahí fuimos al Templo de Debot, lugar que también le encantó… y cómo no llevarla a los lugares más bonitos que podía conocer de Madrid si cada vez que veía algo que le gustaba su sonrisa y sus ojos resplandecían más. No creo que haya sido una sensación de ilusión ni menos de enamoramiento, pero me encantaba verla.
Ya para acabar el tour paramos donde mi tío Sancho y el Quijote en la Plaza España, caminamos por la Gran Vía muertos de frío y volvimos a Sol para unas cuantas fotos más. Para finiquitar dimos una vuelta por la plaza Santa Ana y le hice elegir entre vino, cerveza, cubattas o sangría y como quiso sangría nos fuimos a “El Matador”, un chiringuito al que por afuera uno no se animaría mucho a entrar, pero por adentro es todo muy rústico, hay una escultura de un torero, guitarras viejas, ambiente acogedor y buenas jarras de sangría. Después de ir nuevamente al baño hablamos de mil cosas más y a la vez de lo mismo hasta pasada la 1ª.m. Cuando la jarra de sangría se estaba acabando, bromeábamos, nos molestábamos y hablábamos en general como si nos conociéramos de mucho tiempo y tuviéramos mucha confianza. Bueno, de mi parte fue así y si no me equivoco, de la suya también. Nos fuimos con paso acelerado para tomar el bus nocturno y listo, a dormir porque ambos teníamos que ir al aeropuerto al día siguiente.
De ahí vino lo normal, el desayunito ligero de juguito de naranja y tarta de chocolate y a partir a tomar el metro hacia el aeropuerto. En el trayecto, con ciertas dudas, le mostré el video que le regalé a mi ex antes de terminar, pero al final me dijo que le pareció lindo y que no tenía que arrepentirme de nada y así fue el resto del trayecto en el metro, como sacando conclusiones de nuestras conversaciones.
La verdad tengo que admitir que la manera en que ella veía su relación a distancia me ayudó a darme cuenta de que yo no tenía por qué complicarme por la mía. Ahora, gracias a ella, ya ni me preocupo en eso. Bueno digo que no me preocupo pero aún creo que si veo a mi ex con otro, me jodería mucho… bueno, da igual, por lo menos ya no me rompo la cabeza con todos esos pensamientos y sigo mi vida tranquilo, haciendo kitesurf para pasar el rato, continúo con mis estudios y hago lo que me provoque cuando me provoque.
Al final llegamos a la T4 del Barajas, preguntamos por dónde tenía que entrar, nos dimos un fuerte abrazo y unas mutuas palabras de agradecimiento por lo bien lo bien que lo habíamos pasado y quedamos en que de que cuando vaya a Arequipa saldríamos a hacer algo. Nos dimos otro fuerte abrazo, un beso en la mejilla nos dijimos adiós.
Di un par de vueltas más por su terminal para verla de reojo y me fui a la T1 a tomar mi vuelo a Valencia. Aún faltaban un par de horas para mi vuelo y vi las fotos que había tomado con mi cámara como 5 veces, de ahí guarde la cámara porque mi cerebro podía confundir las cosas y así como estaba todo en este momento estaba perfecto… y nada, me puse a ver videos de kitesurf en mi laptop hasta que salió mi vuelo preciso para que yo llegue a clases.
Christian Del Carpio, España
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