Resumen

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El capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino (izquierda) y el teniente primero Manuel Fernández Dávila (derecha) defendieron Arica ante la invasión chilena. (Créditos: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú)
El capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino (izquierda) y el teniente primero Manuel Fernández Dávila (derecha) defendieron Arica ante la invasión chilena. (Créditos: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú)
Por Héctor López Martínez

La mañana del 7 de junio de 1880 nuestra bandera no solo flameó al tope en el ensangrentado Morro de Arica hasta el momento en que se consumó la tragedia con el holocausto de Francisco Bolognesi, Juan Guillermo Moore y de gran número de oficiales y soldados. También ondeó en el mar, impoluta, en los mástiles de dos buques peruanos: el monitor Manco Cápac y la lancha torpedera Alianza. Añoso, obsoleto, construido para la navegación fluvial, apenas algo más que una batería flotante, el primero; frágil, pequeña, casi inerme, la segunda. Ambos buques habían defendido la rada de Arica en la etapa previa al asalto final del invasor. Un día antes, el 6 de junio, el monitor Manco Cápac, gracias al esfuerzo titánico de su gallarda tripulación, había encendido sus maltrechas calderas y, en son de combate, con pausado andar, zarpó del fondeadero para cambiar disparos por más de 60 minutos con el blindado chileno Cochrane.

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