Debe haber algo de voyeurista en las personas que leen la correspondencia ajena y, por supuesto, también en aquellas que dejan que el mundo lea la propia. “Si Antón Chéjov y Olga Knipper hubieran querido que sus misivas sean confidenciales las hubieran destruido. Pero no lo hicieron”. Carol Rocamora es perspicaz al respecto de las cientos de cartas que se guardan de la pareja. Después de estudiar por muchísimo tiempo la obra y vida del autor ruso, ha llegado a la conclusión de que hay algo detrás de esos escritos llenos de amor, pasión y tristeza que intercambiaba con su esposa. Los sentimientos que allí se plasman son reales, pero quizá se hicieron con la intención de que, mucho tiempo después, sean leídos y aumente el mito sobre una de las relaciones más importantes en la historia del teatro.
La apreciación de Rocamora se aplica únicamente a Knipper, la actriz que conoció a Chéjov en sus últimos años de vida. “Creo que ella quería casarse con un autor famoso. Lo amaba, definitivamente lo hacía porque era un hombre inteligente, pero también famoso -agrega la investigadora-. Honestamente, yo creo que ella era muy ambiciosa, pero como él siempre decía, no hay que juzgar a las personas, basta con mostrar sus acciones y que el público sea el que la juzgue. Nosotros lloramos al leer las cartas que ella escribió cuando él murió, pero creo que ella las escribió de esa manera para la historia, para que digan ‘mira cómo sufre’”.
Rocamora recuerda que el ascenso de Chéjov como dramaturgo y de Knipper como actriz van de la mano. En abril de 1897, Konstantin Alekseev y Vladimir Nemirovich-Danchenko deciden fundar el Teatro de Moscú e inaugurarlo con una obra de Chéjov, “La gaviota”. Este, sin embargo, se negó: la obra había sido un fiasco cuando se estrenó años atrás en San Petersburgo. Después de varios intentos, aceptó y allí es cuando aparece en escena Knipper, una actriz de 29 años sin experiencia y estudiante de Nemirovich-Danchenko que toma el papel de Arkadina. El autor queda maravillado con ella desde la primera lectura, la enamora y decide pasar el corto tiempo de vida que le quedaba (por la tuberculosis) con ella. Al año siguiente, Knipper hizo de Elena en “Tío Vania” y, tiempo después, Chéjov crea a Elena de “Las tres hermanas” con ella en mente. “Él la hizo famosa”, sentencia Rocamora.
CARIÑO EPISTOLAR
Se diga lo que se diga, la historia de Chéjov y Knipper -que Rocamora llevó a escena con la obra “Tu mano en la mía”, que protagonizan hasta hoy Miguel Iza y Paloma Rojas en la Alianza Francesa- es exquisita. La distancia entre ambos -ella con una carrera despegando y él postrado en cama a miles de kilómetros de distancia- crean el ambiente perfecto para el público dispuesto a ver un romance desgarrador.
“No es solo la historia del teatro, sino la de dos personas extraordinarias en una situación ordinaria -dice Rocamora-. Están enamorados y, gracias a Dios, no tienen teléfonos ni se pueden mandar mensajes de texto”.
¿La distancia fue, acaso, una suerte para ambos? “Muchos biógrafos consideran que si hubieran vivido juntos, el matrimonio se hubiera roto -acota Rocamora-. Ella era bipolar, muy emocional, y él era inescrutable, de forma que nunca podrías saber quién era él verdaderamente. Era muy chistoso, contaba chistes todo el día y, en paralelo, estaba muriéndose. La distancia y la tecnología de la época les permitieron abrir sus almas y en sus cartas, conectar”.