Local USVa a cumplir dos años, pero parece que hubiesen sido más. La obra teatral “La Tribu” estrenará su nueva temporada. Desde su lanzamiento a mediados del 2024 la puesta en escena escrita por Ítalo Cordano, quien la dirigió junto a Bruno Ascenzo, cosechó sin demora el aprecio del público. Las funciones continuaron y ahora estará en el Teatro Claretiano, asegura la productora, por última vez.
Va a cumplir dos años, pero parece que hubiesen sido más. La obra teatral “La Tribu” estrenará su nueva temporada. Desde su lanzamiento a mediados del 2024 la puesta en escena escrita por Ítalo Cordano, quien la dirigió junto a Bruno Ascenzo, cosechó sin demora el aprecio del público. Las funciones continuaron y ahora estará en el Teatro Claretiano, asegura la productora, por última vez.
“Los ensayos fueron muy fluidos, muy divertidos. No solo divertidos dentro del material de la obra, sino porque había mucha química, mucha buena onda”, cuenta a El Comercio la actriz Alejandra Guerra (Lima, 1975), quien recuerda esa temporada inicial, cuando tocó mostrar una obra transgresora desde el NOS de San Isidro y no se sabía cómo respondería el público. Ella vuelve a interpretar a Tere, madre de familia que junto a su esposo Silvano, interpretado por Carlos Carlín, reúne a todos sus hijos para un viaje en conjunto. Como todos en esta familia son tan distintos, los conflictos afloran de inmediato. Completan el elenco Nicolás Galindo, Jely Reategui, Luciana Arispe, Alejandro Villagomez, Diego Pérez y Óscar Meza.
Guerra, quien vivió gran parte de su vida en el extranjero y volvió al Perú en 2006, recuerda lo cómoda que se sintió en la etapa formativa de la obra, cuando los actores estaban en proceso de hallar la voz de sus personajes. Menciona que los directores fueron flexibles para aceptar propuestas que enriquecieran un libreto. Todo mientras el elenco balanceaba esta historia con otras obligaciones.
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“Esta es una obra original peruana, una dramedia. Lo que Bruno estaba buscando era muy difícil encontrar, actores que fueran buenos en comedia pero también en drama. Eso me parece increíble porque necesitas actores con ese rango. Es una obra que tiene un contenido malcriado [risas]; critica la homofobia, el racismo. Son temas que confrontamos como sociedad muchas veces más conservadora que Europa o Estados Unidos”, dice Guerra.
“La tribu” cuenta la experiencia de una familia ítaloperuana; podría decirse que refleja en parte la experiencia de su guionista, que es descendiente de italianos. “Es muy autobiográfica. Ítalo me dijo, ‘tú tienes mucho de mi mamá, mucho de mi tía’. Además muchos descendientes de italianos la disfrutaban particularmente”, asegura la actriz, pero además atribuye este recibimiento a la obra porque funciona como un “espejo” para la audiencia, que se ve reflejada en esta familia llena de conflictos generacionales y políticos.
Mientras tanto, “La Tribu” alista su llegada al cine más adelante este 2026, una película que adapta la obra, que ha hecho cambios, incluyendo una escena en Italia filmada en enero último. Guerra: “El patriarca de la familia (Carlos Carlín) va a buscar sus raíces, a encontrarse consigo mismo. Al pueblo, además, donde el guionista, Ítalo, tiene raíces. Como te digo, es muy autobiográfico.”
La entrevista completa, a continuación
―En abril se cumplen dos años desde el estreno de “La tribu”. ¿Qué recuerdas de esos primeros ensayos?
Recuerdo que el ambiente siempre fue muy tranquilo. Me acuerdo cuando Bruno Ascenzo me llamó para hacer el papel de Tere, mencionó el elenco y me pareció increíble. Hacer una comedia así con ese elenco me entusiasmó muchísimo. No había trabajado con ninguno de ellos, pero sí los había visto, admiraba su trabajo. Los ensayos fueron muy fluidos, muy divertidos. No solo divertidos dentro del material de la obra, sino porque había mucha química, mucha buena onda. Nuestros directores, Bruno Ascenzo e Ítalo Cordano, tenían mucha flexibilidad, mucha apertura para la propuesta que teníamos nosotros. Había mucho espacio para proponer. Fue un ambiente muy bonito y fluido todo el proceso de ensayos.
―Esto de la propuesta imagino que vendría por el hecho de que recién se estaba estrenando la obra; todavía estaba encontrando su voz.
Exacto. Obviamente, la dramaturgia estaba escrita; Ítalo ya tenía la obra, pero había cosas que iban apareciendo en el proceso de ensayos, que si funcionaba, se iban añadiendo. No tanto de reescribir la obra, sino de cosas que íbamos haciendo, construyendo los personajes. Entonces había un montón de cosas que aparecían, muchas cosas de comedia física también, que se iban proponiendo y que Ítalo y Bruno y decían: “esto está genial, queda.” Fue un proceso muy bacán, considerando también que era un elenco que tenía otras obligaciones, era un poco difícil cuadrar ensayos. Lo más retador fue encontrar los horarios para trabajar juntos.
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―Cuando se trabaja con obras que vienen de fuera, uno ya sabe más o menos cómo podría responder la audiencia. Pero con “La tribu”, ambiciosa como fue, era una incógnita al ser una obra nueva. Recién salieron de dudas en el estreno.
Totalmente. Esto no es una franquicia donde puedes revisar cómo se ha hecho y te das cuenta que tienes un nivel de respuesta que puedes anticipar. Esta es una obra original peruana, una dramedia. Lo que Bruno estaba buscando era muy difícil encontrar, actores que fueran buenos en comedia pero también en drama. Eso me parece increíble porque necesitas actores con ese rango. Es una obra que tiene un contenido malcriado [risas]; critica la homofobia, el racismo. Son temas que confrontamos como sociedad muchas veces más conservadora que Europa o Estados Unidos. La sociedad limeña en general es conservadora y nos preocupaba cómo va a reaccionar el público porque es osada. Y lo estábamos estrenando en el NOS de San Isidro [risas]. Entre mis colegas había un poquito de nervios de cómo iban a reaccionar con algunas cosas que son un poquito fuertes. Entonces fue una enorme sorpresa. Hemos hecho muchísimos ensayos abiertos, hemos traído gente, hubo feedback; no se estrena así en cero. Pero cuando estrenamos sí fue increíble el recibimiento. La crítica entra a través del humor, hubo muchísima más aceptación de la que jamás pudimos imaginar.
―La obra está bastante vinculada a la historia personal de su creador. Es sobre la experiencia de descendientes italianos en el Perú. Y Cordano es descendiente de italianos. Puede decirse que ha escrito de lo que sabía.
Por supuesto, es muy autobiográfica. Ítalo me dijo, “tú tienes mucho de mi mamá, mucho de mi tía”. Además muchos descendientes de italianos la disfrutaban particularmente. Creo que también el gran éxito de la obra se debe a que era un espejo para el público. Se identificaban con los diferentes personajes porque al fin y al cabo es la historia de una familia y las diferencias generacionales, los sesgos que tienen los personajes mayores con relación a ciertas cosas a través del humor. Ítalo dice que eso es absolutamente autobiográfico. Entonces, es mucho la historia de su familia
―¿Y qué cosa a tí te ha dejado Tere que no has encontrado en otros roles?
Ella es muy diferente, no tiene nada que ver conmigo. He hecho algunos roles con personajes muy distintos a mí, pero esta mujer, primero, me ha hecho regresar a la comedia, que me gusta mucho. Entiendo ese personaje, me ha dado la posibilidad de jugar algo que yo siempre critico, ese tipo de señoras tan desatinadas, fuera de lugar, represivas y tóxicas, pero que es humana. Me ha gustado regresar a la comedia, hacer un personaje muy distinto al mío y divertirme haciéndolo.
―”La tribu” llega al cine este año. Tú por formación eres una actriz tanto para teatro como para la pantalla. ¿Qué cosa has tenido que ajustar al cambiar a otro formato?
Definitivamente es un tema de ajuste. La película tiene cosas completamente distintas a la obra. Lo que teníamos a nuestro favor es que los personajes estaban creados y la química ya existía. No tenemos que empezar de cero en un rodaje que además es corto; hemos tenido que avanzar muy rápido. El reto para mí fue que Tere es muy expresiva, histriónica, loca; esa teatralidad hay que bajarla sin perder la locura del personaje. No volverla neutra, sino mantener ese nivel de intensidad pero para la cámara. Bruno estaba cuidando muchísimo eso. Una vez que agarramos ese tono lo entendimos al toque. Creo que la película tiene bastantes escenas que han cambiado el tono. Hay bastante comedia, pero también hay bastantes escenas fuertes, dramáticas, más cargadas. No es una réplica de la obra. Es un tema de mantener al personaje, pero hacerlo más pequeño sin que pierda sus cualidades.
―Me interesa eso de que tuviste que “bajarle” un poco a tu personaje. Una crítica que se hace mucho entre los entendidos es que el actor peruano de cualquier medio actúa como si estuviese en teatro. Actúa así en televisión y en cine. Y el lado más extremo de esa crítica es que no tenemos actores de cine ni de TV, solo de teatro. ¿Qué opinas de eso?
O al revés, actores que solamente hacen televisión y luego llegan al teatro y se los come el teatro. Yo siempre le digo a mis alumnos, porque soy profesora, que tienen que poder hacer todo. ¿Qué hay que hacer? Es como agrandar y achicar, es mantener la misma intensidad que puede tener un personaje hasta gritando, pero sin saltar. Si saltas, la cámara no te lo va a contener, no te lo aguanta. Entonces es no perder verdad, mantener las características del personaje, pero achicar no significa matarlo, significa hacerlo todo mucho más pequeño, manteniendo la intensidad. Mucho está en la mirada, en no gestualizar tanto, en reducir el volumen. Hay una serie de cosas que no son para nada matar, anular ni hacer neutro. Entonces tú le dices a un actor “bájale” y el actor comienza a hablar así como si estuviera muerto. “¿Qué es eso? No me estás transmitiendo nada”. Porque en el cine se tiene que transmitir, obviamente, pero no se transmite de la misma forma que en el teatro. En el teatro tienes 500, 1000 butacas. No puedes actuar de la misma forma con una cámara. Entonces es cuestión de ampliar y reducir manteniendo la verdad. Siempre.
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―Veo que han filmado parte de la película en Italia, algo que no estaba en el original.
Están filmando una parte que efectivamente corresponde al guión. El patriarca de la familia (Carlos Carlín) va a buscar sus raíces, a encontrarse consigo mismo. Al pueblo, además, donde el guionista, Ítalo, tiene raíces. Como te digo, es muy autobiográfico.

―Tú empezaste tu carrera en Lima en el 2006, si no me equivoco. Decías que no conocías a nadie después de toda la formación que hiciste afuera. ¿Cómo dirías que ha cambiado tu carrera en estos 20 años?
Llegué efectivamente en el 2006 para hacer una obra con mi papá, pero me vieron en un programa de televisión y un amigo me llamó para hacer una obra antes, de la nada. Un amigo ahora, en ese momento no lo era. Conocía a tres personas en Lima, había vivido toda mi vida en el extranjero, en Estados Unidos, en Francia, en Canadá y conocía poco. Hago esta obra, empiezo con teatro, luego una obra con mi papá (Jorge Guerra) y ahí me ve Alberto Ísola, con quien ya he cumplido mi décimo décimo segunda obra; me dice que soy su actriz actriz fetiche. Él fue miembro de un grupo de teatro con mis papás, me ha visto desde chiquita y le gustó mi trabajo. Me comenzaron a llamar y así entré en exposición a otras cosas. Hice una película, luego entré a la docencia en la Universidad Católica. Nunca pensé en ser docente, dije, “Pero ¿por qué me están llamando a mí?” Me dijeron, “Porque tú tienes una carrera, una formación muy especial”. Me empezó a gustar poco a poco y ya después a encantar. Ahora tengo la carrera docente en paralelo a mi carrera actoral. Hice una novela larga, el protagónico en una película, pero más que nada teatro. El teatro ha sido el lugar que ha sido más generoso conmigo, no por elección, sino me ha dado más trabajo. El teatro es muy generoso porque no te encasilla, a mí me ha permitido hacer todo tipo de roles. La televisión tiende más a encasillar, por lo menos en este país.
"El teatro ha sido el lugar que ha sido más generoso conmigo".
Alejandra Guerra, actriz.
―Cuando uno es actor siempre trabaja con colegas de formaciones distintas. Algunos vienen de universidades como tú, otros de talleres. Con toda la experiencia que tienes, ¿notas alguna diferencia en el proceso de trabajo cuando compartes escenas con colegas que han tenido una formación muy distinta a la tuya?
No, curiosamente. Porque yo también tengo mi espacio de formación, con mi socia Denise Arregui. Creo que hay dos dos caminos, el de la formación de 5 años de conservatorio, como puede ser en la Católica, o con la gente que tallerea. Hay gente que se forma tallereando. Conozco grandes actores y actrices de mi generación que no son salidos de conservatorio y tienen una ética… lo que importa es eso, estar a la hora, saberse la letra, aprender, respeto por los compañeros. Esa ética te la puedes aprender en una institución o la puedes aprender siendo gestor de tu formación. Tiene que ver con la persona, no con cómo se ha formado. No creo que haya una diferencia necesariamente entre gente formada en conservatorios o en talleres.
―Alejandra, hace unos días se cumplió un año desde la muerte de tu papá, Jorge Guerra, ¿cómo llevas el duelo?
He estado pensando muchísimo en él, siempre lo pienso. Es una sensación muy extraña porque, más allá de ser mi papá, era un aliado, una inspiración gigante para mí como actriz. Fue un lujo tener un papá así, que de alguna manera te ha alimentado tantas cosas [creativamente]. Era tan increíblemente talentoso en lo que hacía, que para mí ha sido un regalo. Yo creo que le debo la mitad de lo que soy a mi papá. Para una actriz, que tu padre trabaje en un banco o que sea contador, no es lo mismo que tener un papá alimentado [esa vocación]. En mi casa siempre había cine, siempre se veían cosas, siempre se escuchaba música. A un año de su muerte lo que me queda es una sensación de pena a veces, porque lo extraño, pero al mismo tiempo de agradecimiento por haber tenido un padre tan increíble. Está en mis pensamientos, en mi vida, me acompaña. No es un duelo desgarrador, porque además él sufría de una enfermedad degenerativa y creo que ya le tocaba parar. Porque ha sido un desgaste muy largo que, desgraciadamente, se lo llevó antes de tiempo y no le permitió tener la calidad de vida que todos hubiésemos querido que tuviese. Fue una batalla muy larga donde él luchó. Para mí es una lección. O sea, una persona a que le que le da párkinson a los 50 años y comienza a degenerarse, se podría ir a la cama y no salir nunca más. Mi papá seguía como si con él no fuera. Esa manera de sobrevivir es una lección enorme de vida para mí.
―Es la clase de cosas que no se aprenden en un aula.
Él era increíble. A veces el nivel de resiliencia ante una cosa tan terrible como esa, que además afecta a todo el aparato motriz, que es con lo que trabajamos los actores y los directores, es terrible. Tú podrías decir, “me meto a mi cuarto y no quiero que nadie me vea más.” Él era todo lo opuesto. Admirable, realmente.
“La tribu”. De jueves a domingo desde el 19 de febrero en el Teatro Claretiano (Av. de los Precursores 125-127, San Miguel). Entradas a la venta en Joinnus.
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