Caminando por el centro de Lima, descubrí pequeñas curiosidades que solo ahí se encuentran: detalles que satisfacen necesidades inimaginables. La creatividad, sin duda, es una fortaleza nacional. Sin embargo, para disfrutar de estos hallazgos y experiencias, es necesario sumergirse en el caos urbano en lugares que parecen olvidados.
Tráfico constante, cables eléctricos enredados y una ocupación caótica; pasar por ciertos distritos genera una sensación similar a la de entrar a una casa abarrotada, donde el desorden es tal que ni siquiera se sabe por dónde comenzar a organizar.
Es curioso, pero la narrativa bíblica sobre la creación ofrece una orientación sugerente. En ella se describe que, al principio, la tierra estaba desordenada y vacía; luego, la luz se separó de las tinieblas, las aguas se expandieron y se establecieron distintas extensiones. El relato podría haberse limitado a enumerar lo creado, pero, como si hubiera una intención significativa, se enfatiza el proceso mediante el cual se organiza el caos. Que esta descripción simbolice el inicio de la vida no es un detalle menor.
Y es que el desorden no es solo un problema estético o visual. Su impacto es más profundo de lo que solemos imaginar.
Desde la psicología ambiental y los estudios urbanos se ha descrito que la exposición constante a entornos urbanos desorganizados afecta la salud mental y la conducta social, generando sobrecarga cognitiva, estrés y disminución de la concentración (Evans, 2003). Los signos visibles de desorden transmiten un mensaje implícito de abandono institucional —tanto del ciudadano como del Estado—, fomentando tolerancia social a la informalidad y al incumplimiento de normas. No sorprende, entonces, que la conducta del ciudadano en estos entornos refleje desgano y faltas constantes. Este fenómeno se explica mediante la teoría de las “ventanas rotas” de Wilson y Kelling (1982), desarrollada originalmente en criminología y posteriormente aplicada a estudios urbanos para analizar cómo el deterioro del espacio público influye en la conducta y la percepción de seguridad. Este enfoque permite comprender la relación entre desorden y criminalidad, ofreciendo una explicación razonable sobre las problemáticas que afectan a ciudades como la nuestra.
Según evidencia urbana y diagnósticos internacionales, ciudades como Mumbai (India) y Kibera (Nairobi, Kenia), ubicadas en distintos continentes, muestran que los entornos con altos niveles de desorden y crecimiento informal confirman los efectos descritos por las teorías mencionadas. Por este lado del mundo, en Latinoamérica, Medellín (Colombia) también enfrentó serios problemas de violencia y crecimiento informal, pero logró convertirse en un referente internacional de desarrollo urbano al implementar un modelo innovador estratégico basado en la planificación integrada, movilidad sostenible (Metro, MetroCable) e inclusión social.
El desorden urbano es un desafío global. Muchas ciudades crecieron sin planificación.
La buena noticia es que reconocer una situación con conciencia puede conducir a la transformación.
Frente al Pacífico, Lima se alza como la única capital sudamericana con acceso directo al mar, ofreciendo una vista privilegiada; sin embargo, esta ventaja convive con una de las congestiones vehiculares más altas de la región, según Forbes (2024). A su vez, en el Centro de Lima, la belleza y la tradición se entrelazan con altos niveles de informalidad en el uso del espacio público y del comercio ambulatorio.
Afortunadamente, el orden urbano ya es un campo de estudio serio y global, y el Perú cuenta con recientes programas de posgrado y especializaciones en universidades como la PUCP y la UNI. Y aunque aún no existen carreras de grado ampliamente dedicadas a la planificación urbana o al diseño de ciudades sostenibles, el tema ya ha comenzado a incorporarse en la educación superior. El siguiente paso sería garantizar mayor apoyo del Estado, difundir estos programas y generar oportunidades laborales para su implementación.
Ciudades no planificadas, vidas desordenadas: preparan el terreno perfecto para que las tinieblas y el caos nos invadan. Pero cada cosa en su lugar permite que el propósito de todo se despliegue plenamente. Es un diseño que el Creador sugirió y que vale la pena considerar para empezar a ordenar.
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