El reciente anuncio de ChatGPT Health y Claude for Healthcare ha captado la atención global. Por primera vez, grandes modelos de inteligencia artificial (IA) se presentan de manera explícita como herramientas orientadas a apoyar procesos clínicos, administrativos y de gestión en salud. Frente a este escenario, la pregunta de fondo no es tecnológica, sino estratégica: qué debemos hacer como país para convertir esta ola de innovación en una oportunidad concreta de fortalecimiento del sistema de salud.
Conviene partir de una precisión fundamental. La disponibilidad tecnológica no equivale a integración efectiva, ni mucho menos a impacto en salud pública. La experiencia internacional es clara: los principales obstáculos para la adopción de IA en salud no son algorítmicos, sino institucionales. La Organización Mundial de la Salud y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EE. UU. coinciden en que la IA fracasa cuando se introduce sin gobernanza clara, evidencia sólida y responsabilidades bien definidas (WHO, 2021; NIST, 2023).
La interoperabilidad con historias clínicas electrónicas y el cumplimiento de estándares de protección de datos son condiciones necesarias, pero no suficientes para que la IA genere valor en salud. Su impacto real depende de que se integre en los flujos cotidianos de atención, con contexto clínico completo, trazabilidad auditable y supervisión humana efectiva; de lo contrario, queda limitada a pilotos aislados sin impacto sostenido. Juan Ramón Segura, referente en adopción de IA en salud en Iberoamérica, subraya que adoptar IA aumentada es decidir qué automatizar, qué apoyar con algoritmos y dónde el juicio humano es irremplazable.
La adopción de la IA en salud depende de la existencia de una gobernanza clara, capaz de definir quién decide, quién supervisa y quién asume responsabilidad por su uso. Sin estructuras explícitas de rendición de cuentas, la IA no puede integrarse de manera segura ni sostenible en los sistemas de salud (OMS, 2021).Los marcos internacionales coinciden en que la IA en salud requiere gobernanza clara, gestión continua de riesgos y un Estado activo; la regulación basada en riesgo—como muestra la experiencia de la FDA y el AI Act europeo—protege a pacientes y profesionales sin frenar la innovación, aportando certeza a su implementación (FDA, 2026; EU, 2024).
La adopción de la IA en salud depende, en última instancia, de la confianza de los profesionales sanitarios. Esta confianza no se decreta ni se impone: se construye cuando la tecnología reduce la carga administrativa y mejora la práctica clínica, sin trasladar riesgos éticos ni legales al médico. Además, para que su adopción sea sostenible en el tiempo, la IA debe demostrar impactos económicos y operativos medibles.
La evidencia indica que la IA en salud tiene un potencial significativo tanto para salvar vidas como para generar ahorros sustanciales en el gasto sanitario (OMS, 2021; Eastburn et al., 2025). Asimismo, se han documentado beneficios en la documentación clínica y en la reducción del burnout. Sin embargo, estos efectos dependen críticamente de la interoperabilidad de los sistemas y de su adecuada integración en el flujo asistencial (Zhao et al., 2025).
Una oportunidad estratégica para el PerúEl Perú no parte de cero. La Agenda Digital al 2030 y la Ley que promueve el uso de la IA en el país establecen un marco estratégico orientado a la interoperabilidad, el enfoque centrado en las personas y el fortalecimiento del liderazgo institucional. Asimismo, la experiencia de la telesalud, impulsada por la Ley Marco de 2016 y fortalecida durante la pandemia, demostró su potencial para acercar servicios especializados a poblaciones históricamente excluidas. No obstante, persiste el desafío de cerrar brechas de sostenibilidad relacionadas con infraestructura, financiamiento, integración programática y recursos humanos (Escobar-Agreda & Rojas Mezarina, 2025).
En este escenario, el convenio entre el MINSA y HealthAI constituye una señal clara de conducción pública, orientada a integrar la IA con gobernanza, regulación, evidencia y enfoque de equidad, aprovechando su potencial para fortalecer la atención primaria, mejorar la continuidad del cuidado y el acceso a servicios especializados en zonas rurales y periféricas.
Los anuncios de ChatGPT Health y Claude for Healthcare no significan que la IA “ya resolvió” los problemas del sistema de salud. Significan algo más importante: la ventana de oportunidad está abierta. Convertir esa oportunidad en valor público exige Estado, gobernanza, evidencia y liderazgo. La IA aumentada puede ser una poderosa aliada para reducir desigualdades y modernizar el sistema de salud peruano, pero solo si se integra como parte de una transformación más amplia, centrada en las personas y orientada al bien común.
La pregunta, entonces, no es si la IA ya entró al sistema de salud. La verdadera pregunta es si estamos preparados para integrarla bien.
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