
Dice el presidente estadounidense Donald Trump que la semana que viene impondrá un sistema de aranceles recíprocos a los países con quienes EE.UU. comercia. Algunos países graban aranceles más altos a ciertos bienes que Estados Unidos, algo que para Trump es evidencia de que se están aprovechando de la economía más grande del mundo.
Trump dice que el trato desigual está causando déficits comerciales y lo justo sería “cobrar” a los socios comerciales lo mismo que ellos “cobran” a EE.UU. A primera vista, esta política –que es aparte de los otros aranceles que ha anunciado Trump– puede parecer razonable. El experto Scott Lincicome, sin embargo, la tilda de “la peor idea comercial de Trump hasta la fecha”.
Una razón por la que es muy mala idea es práctica. Sería algo sumamente complejo administrarla. Observa el economista Douglas Irwin que EE.UU. aplica aranceles específicos a alrededor de 13.000 bienes importados y comercia con unos 200 países. Ahora que Trump propone distintos aranceles dependiendo del país, Irwin se pregunta: “¿Está Washington preparado para imponer y gestionar 2,6 millones de tasas arancelarias?”.
La aduana estadounidense simplemente no tiene la capacidad de administrar una tarea tan extensa. Cumplir las nuevas reglas también implicaría un trabajo arduo y continuo para el sector privado y elevaría sus costos.
¿Es verdad que los socios comerciales de EE.UU. se están aprovechando de ese país a través de sus políticas arancelarias? La Casa Blanca dice que un sinnúmero de casos comprueba que sí. La Unión Europea(UE), por ejemplo, impone un arancel de 10% a los autos de EE.UU., mientras que este país solo impone un arancel de 2,5% a tales bienes.
Lo que no menciona la Casa Blanca es que EE.UU. impone aranceles mucho más altos que la UE sobre otros bienes. El arancel estadounidense a los camiones y ciertos vehículos es de 25%. De hecho, Lincicome observa que muchos países tienen economías más abiertas que la de EE.UU y que el arancel promedio de EE.UU. posiciona a ese país en el medio de los países avanzados.
Eso quiere decir que hay muchas importaciones a las que EE.UU. aplica un arancel mayor que los que aplican sus socios comerciales. Los productos lácteos en EE.UU. son muy protegidos, por ejemplo, mientras que ese sector en Nueva Zelanda tiene aranceles bajos. ¿Será entonces que en esos casos la política de aranceles recíprocos resultará en una reducción de aranceles por EE.UU.?
De ninguna manera podemos esperar eso. Dada sus creencias y la política doméstica, Trump solo habla de incrementar el proteccionismo. El resultado de la nueva política solo será un incremento de aranceles. Aumentarán también por parte de los socios comerciales de EE.UU. como represalias.
Habrá otros resultados perversos. Las empresas desviarán sus cadenas de suministro para exportar sus bienes desde otros países que gozarán de un trato arancelario más favorable. Irwin da otro ejemplo: “China exporta minerales de tierras raras que son esenciales para la producción de muchos bienes de alta tecnología. EE.UU. no exporta este tipo de bienes a China. Pero si China le impusiera aranceles elevados, ¿tendría entonces EE.UU. que imponer aranceles prohibitivos a las importaciones de minerales procedentes de China?”.
Dada las presiones políticas enormes para eximirse de estos impuestos comerciales, Trump ya ha hablado de “flexibilidad” y parece que Washington solo aplicará el nuevo sistema a un número reducido de sus socios comerciales. Podemos concluir que se aplicarán aranceles elevados a la mayoría de las importaciones a EE.UU. se hará inmediatamente y no hará nada para reducir el déficit comercial de EE.UU., algo que no tiene nada de malo y que es consecuencia de políticas no comerciales.