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Fuga de cerebros
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Son estos momentos donde hay mucha incertidumbre con respecto al futuro de nuestro país y a esta inseparable y al parecer innata percepción de que nuestro país está en una constante caída libre hacia la decadencia total. Es inevitable, entonces, preguntarse: ¿por qué siempre son las mismas personas, los mismos partidos y las mismas ideas las que se presentan como única alternativa? ¿Dónde están los otros peruanos, los peruanos con ideas diferentes, los peruanos con ganas de cambiar el mundo, los peruanos que se van a estudiar a otro país y tienen éxito en el exterior? ¿Dónde están? O, tal vez, la pregunta adecuada sea: ¿por qué no regresan?
En un informe del Royal Society de 1963, que tenía por objetivo iniciar un debate público sobre el impacto que tiene la inmigración de científicos ingleses a Estados Unidos, así como sus consecuencias en la innovación, la ciencia, en la economía y en general sobre el futuro del Reino Unido, se presentó por primera vez el concepto de ‘brain draining’, o fuga de cerebros. Alerta a la ciudadanía y servidores públicos acerca de las consecuencias inminentes en la sociedad con la migración de este sensible segmento de la población si no se comienza a hacer algo para evitarlo, y que el talento siga escapando o persiguiendo mejores oportunidades.
Aunque geográficamente diferente, con tiempos y contextos distintos, el impacto de que los cerebros peruanos vean a otro país como su potencial hogar no se reduce a las oportunidades que otro país le puede dar sobre el Perú, sino que se convierte en la única forma de sobrevivir con tranquilidad. Es decir, que puedan desarrollarse al máximo fuera del caos, la violencia y el atropello constante. En los últimos dos años las cifras se han triplicado: de acuerdo con el INEI, los peruanos que han salido con miras a no volver han superado el millón. Aunque las causas pueden llegar a ser muy extensas para un artículo tan corto como este, la preocupación es latente.
En un país donde los recursos y cifras económicas han demostrado no ser suficientes para el desarrollo económico y social de nuestro país, es momento de mover el debate hacia la importancia del capital humano que se siente amenazado por esta sociedad y cultura del atropello. Necesitamos traer sus ideas, sus proyectos y recursos, necesitamos darles incentivos que superen el miedo y nos ayuden a construir el paracaídas que nos salve de esta caída libre hacia la decadencia.

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