El sobrepeso y la obesidad son enfermedades de impacto global. Según la Endes 2024, el 62% de los peruanos mayores de 15 años presenta exceso de peso, una cifra alarmante. Si bien la mala alimentación aumenta el riesgo, es vital preguntarse: ¿cuál es el trasfondo de estos hábitos inadecuados?
En mi opinión, la alimentación está ligada a las emociones. Hoy, las personas viven marcadas por el estrés y la ansiedad, una situación respaldada por cifras oficiales. Según reportes del Ministerio de Salud, en el 2024, las patologías más recurrentes en salud mental fueron la ansiedad, con 244.462 atenciones, y la depresión, con 256.563.
Frente a este alto índice de malestar emocional, surge el término ‘alimentación emocional’. Como menciona Hanna Konttinen, este describe la tendencia a consumir alimentos, principalmente comida chatarra, en respuesta a emociones negativas. A largo plazo, esta conducta repetitiva se convierte en un factor clave para el desarrollo del sobrepeso y la obesidad.
Entonces, ¿sería justo culpar la “falta de disciplina” por el exceso de peso? Mi respuesta es no. Múltiples factores influyen y el desconocimiento sobre cómo regular las emociones es decisivo. Para muchos, los alimentos son mecanismos de afrontación, asociados al alivio y al confort. Esto podría revertirse si se conocieran estrategias saludables para lidiar con el estrés y la ansiedad, como técnicas de respiración o yoga.
Por este motivo, la educación en nutrición debe incluir el aspecto psicológico. Las instituciones, a través de talleres o charlas, deben enseñar a diferenciar el hambre física de la emocional y proveer herramientas no alimentarias para gestionar las emociones negativas, enfatizando que la comida no debe ser un refugio emocional, sino la principal fuente de nutrición.
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