Agonía sin éxtasis

Alejandro Soto explora los límites de la muerte lenta.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    “Bien visto, Sánchez es en realidad una fuente de socorro y consuelo para Soto en esta hora dramática”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
    “Bien visto, Sánchez es en realidad una fuente de socorro y consuelo para Soto en esta hora dramática”. (Ilustración: Giovanni Tazza).

    A su manera, Alejandro Soto es un explorador. Cada nuevo destape sobre su pasado turbulento y su presente borrascoso lo pone al borde de la muerte (en tanto presidente del Congreso, se entiende), pero él convierte ese estertor en una penúltima bocanada de oxígeno para extender su permanencia en el cargo por un día, por unas cuantas horas o por 30 segunditos más que sea. Como un ‘flatliner’ de la política, se aventura en la zona de penumbra en la que los límites entre esta existencia amarga y lo que sea que nos espere del otro lado se tornan borrosos, y luego regresa, cada vez más pálido y consumido, pero con información valiosa para los estudiosos del trance final que un día todos enfrentaremos. Ve la luz, de eso no cabe duda, pero se niega a avanzar hacia ella: no vaya a ser que corresponda a la de uno de esos potentes reflectores que se utilizan en los interrogatorios. De cualquier forma, lo suyo es una hazaña de la supervivencia. Aunque, habida cuenta de sus insólitos logros en otros terrenos, este no debería sorprendernos tanto.

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