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¿Cusco o Cuzco?, por Fernando de Trazegnies

“Con los mismos criterios, tendríamos que cambiar los nombres de los pueblos y regiones de casi todo el Perú”.

Fernando de Trazegnies Profesor principal de la Facultad de Derecho de la PUCP

¿Cusco o Cuzco?, por Fernando de Trazegnies

¿Cusco o Cuzco?, por Fernando de Trazegnies

Amigo lector, me imagino que debes estar frustrado y tan harto como yo de la política y sus “alrededores”. Por eso, te propongo que hoy hablemos de otra cosa, de historia, por ejemplo. Debe escribirse ¿Cusco o Cuzco?... porque se pronuncian igual en el castellano peruano.

Recordemos que el nombre de nuestra maravillosa ciudad incaica fue Cuzco durante cerca de 400 años. Y de pronto a alguien se le ocurrió que los incas no conocían la “z” y que, por tanto, debía cambiarse por “s”. Pero los incas tampoco conocían la “s” ni la “c” ni la “o” porque no tenían alfabeto. Por consiguiente, a fin de darle una forma escrita, se escogió la que entonces era más parecida a la pronunciación oral: Cuzco.

Algunos que conocen poco de la historia y menos del origen de las palabras pretendieron que esa era la pronunciación española y no la inca. Por tanto, la “z” debía ser sustituida por “s” para “peruanizar” el nombre histórico. Pero esas personas no conocen que los idiomas evolucionan con el tiempo.

¿Cómo pronunciaban la “z” los españoles de entonces? Ciertamente de otra manera más cercana a la actual “s”, como afirma el doctor Cerrón Palomino, de la PUCP: “En el siglo XVI, la grafía ‘z’ no representaba una interdental, sino una sibiliar apical, es decir, un sonido que se correspondía con el que los cuzqueños pronunciaban efectivamente. No existe, por lo tanto, un error en su escritura”.

La pronunciación interdental de la “z” es la que se usa actualmente en España; pero esa no era la de la época de la Conquista ni es la que se utiliza actualmente en el Perú. Por tanto, los españoles se limitaron a escribir “Cuzco” de la manera más exacta a lo que escuchaban. Si posteriormente en España se cambió la pronunciación de la “z” y se la convirtió en un fonema interdental, ya no es problema nuestro y no puede afectar una forma de escribir el nombre peruano que tiene cuatro siglos de existencia.

Vemos, entonces, que Cuzco es la palabra original y que, no existiendo razón para modificarla, todo intento en ese sentido es un delito contra la historia. Sin embargo, de pronto se ha aprobado oficialmente hace algunos años el cambio a “Cusco”, despreciando nuestra historia; y podemos ver que incluso las Líneas de Nazca son llamadas ahora por algunos como “Líneas de Nasca”.

Este cambio, que despreció simplistamente y equivocadamente cuatro siglos de historia, es tan tonto que, con los mismos criterios, tendríamos que cambiar los nombres de los pueblos y regiones de casi todo el Perú. Así, por ejemplo, ciertamente los incas no conocían la letra “y”; por tanto, Ayacucho debería llamarse Aiacucho; los aymaras tienen que ser aimaras. Asimismo, Huaraz no debe llamarse así: para los creyentes de la inexistencia de la “z” deberíamos cambiarle el nombre por “Huarás”. Pero, además, los incas no conocían la ¡H! (que además no suena) por lo que Huaraz que lleva también una “H” debería ser Uarás. Y así podemos seguir con muchos otros lugares de nuestro querido Perú.

Lo que sucede es que algunas personas, apenas ven algo que les huele a español, intentan echarlo abajo. Pero se olvidan de que el Perú es un país creado por la unión de las culturas inca y española. Podemos considerarnos como hijos de un padre de una cultura y una madre de otra. Y este mestizaje se encuentra en la raza, el idioma, la religión, la cultura europea que nos trajeron los españoles; pero también en las culturas precolombinas que tuvieron un desarrollo particularmente significativo en el Perú. 

No creo que a nadie le escandalice ahora ser mestizo. Recordemos que España también tuvo la invasión de los romanos, de los godos y de los árabes. Pero su base histórica, con todas esas influencias, crearon la España actual. Y de la misma manera debemos pensar con orgullo los peruanos respecto de nuestros padres y madres culturales.

Para terminar, quiero mencionar que México, un país altamente nacionalista, que tuvo la misma evolución que la nuestra, nunca cambió su nombre histórico. Pese a que todo el mundo pronuncia Méjico, nunca se le ha ocurrido al Gobierno cambiar el nombre histórico, aunque sea necesario pronunciarlo de forma diferente que la actual. Además, muchos de los nombres de las culturas y de las regiones mexicanas conllevan la “z” y tampoco nunca han pensado en despreciarla y cambiarla: el Imperio Azteca, Moctezuma, Quetzal, Zacatecas, Itztapalapan, Azcapotzalco, Chichinauhtzin.
Si nuestra cultura y nuestro país nos hace hijos de este matrimonio inca-español (indudablemente forzado, como muchos otros en la historia del mundo), resulta bastante absurdo que actuemos con prejuicios sea contra la herencia cultural de nuestro padre español o de nuestra madre inca.

Y el cambio de “Cuzco” (nombre que han utilizado 13 generaciones) a Cusco, por razones antiespañolas, es simplemente despotricar contra nuestros padres.

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