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El valor de reconocer

Se necesita de mucho, valor, coraje y seguridad personal para atravesar las barreras del ego y tocar el espíritu de otra persona con palabras de reconocimiento sinceras, generosas y sobretodo, oportunas.

Publicado en el diario El Comercio, el 12/05/2019

Pocas cosas nos llenan más el alma como el escuchar palabras de reconocimiento hacia nosotros o hacia nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros esfuerzos, méritos, logros o avances.

Sabernos valorados, aprobados y reconocidos por los demás, especialmente por las personas que nosotros valoramos y apreciamos, nos hace sentir más que bien y muchas veces hasta le da sentido a lo que hacemos, justificando nuestros esfuerzos. El reconocimiento bien dado nos inspira, nos motiva y estimula, nos hace vibrar más alto, nos llena de energía, nos anima a ser mejores y a esforzarnos más. Nos impulsa hacia nuevas metas.

El desempeño óptimo viene directamente de las ganas de hacer bien las cosas. Por ello, quien se siente reconocido en su trabajo, por ejemplo, se siente más comprometido y puede rendir mucho más. Una persona bien motivada puede ser un colaborador excepcional. Es más, el reconocimiento es uno de los principales componentes del salario emocional y contribuye directamente a la satisfacción del equipo y al clima laboral – o el familiar, de ser el caso.

Pero dar reconocimiento no es fácil, incluso muchas veces hasta nos cuesta dar reconocimiento oportuno a nuestros seres más queridos. Y es que reconocer con honestidad es una validación al otro, es un agradecimiento por ser, por hacer, por saber, por lograr, por dar, por tratar. Pero sobretodo, reconocer es un acto de generosidad, de respeto y de justicia que demuestra la nobleza de espíritu de quien lo da.

Quizá por eso es tan difícil reconocer a los demás. Se necesita de mucho, valor, coraje y seguridad personal para atravesar las barreras del ego y tocar el espíritu de otra persona con palabras de reconocimiento sinceras, generosas y sobretodo, oportunas, en la medida especial y particular para cada quién.

Así, muchos escatiman el reconocimiento y lo dan a cuentagotas, o lo dan sólo cuando algo está del todo terminado o es excepcional; creen equivocadamente que las personas dejarán de esforzarse al recibirlo, caerán en complacencia o se sentirán imprescindibles, pedirán aumento o buscarán mejores oportunidades en otro lugar. En organizaciones, equipos o incluso familias con problemas o distancias emocionales, vemos a muchos con conductas poco proclives al reconocimiento, tacaños para reconocer o expresar su valoración por los demás, su trabajo, avances o esfuerzos.

Brindar reconocimiento puede ser tan sencillo como decir lo justo en el momento apropiado. Es el ánimo a mitad de camino, que premia al esfuerzo, la actitud y no sólo al resultado final. No tiene que traducirse en recompensas materiales, aplausos o grandes celebraciones. Reconocer es también el tiempo y la atención total que se le dedica a los otros para expresarles nuestro aprecio y agradecimiento sincero por ser quienes ellos son, por su apoyo o entrega. Es otorgar con generosidad esa energía que viene de saberse valorado, apreciado y reconocido.  Hoy, por ejemplo, ¡es un gran día para dar reconocimiento con generosidad y alegría!

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