Blog

Foto del autor: Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa

Anécdotas

abraham_valdelomar-anillosMe preguntan en el correo por alguna anécdota literaria mía. Bueno, hay varias, pero la más bochornosa fue aquella en la que, sin saber que era su hijo, le decía a un joven de las carencias de un escritor. Nadie en aquella reunión me lo presentó como tal.  El retoño del artista reía y hasta opinaba en mi favor. “Correa”, llaman a veces a la cortesía.

Pero si de anécdotas se trata mejor es la que Alfredo Bryce Echenique cuenta. Un día, una señora amiga de su madre le rogó que por favor le pidiera a un profesor de la Universidad de San Marcos que le enseñara a escribir cuentos y novelas. Y con temor reverencial al profesor, se acercó y le dijo: “Dr. Zavaleta -era Carlos Eduardo Zavaleta-, por favor, hay una amiga de mi mamá que tiene mucha plata, que paga muy bien porque le enseñen a escribir cuentos. Tiene unos sesenta años y se aburre un poco”. Entonces el doctor Zavaleta se rió a carcajadas de Bryce y lo mandó literalmente al diablo… Después de eso resulta que la señora consiguió que Ciro Alegría le diera clases de escribir cuentos y novelas; y después de eso, la cerveza Cristal organizó el Festival Cristal del Cuento Peruano. El primer premio: la amiga de la mamá de Bryce. Segundo premio: el Dr. Zavaleta”.

Si hay una anécdota que es irónica es la de Abraham Valdelomar cuando conoció a César Vallejo. Sin restarle mérito al primero, el segundo lo supera hoy en alcances y es nuestro poeta universal. En 1918, sin embargo,   Vallejo era un aspirante desconocido, mientras Valdelomar ya tenía fama y se paseaba como un pavo real. Ambos fueron presentados por un amigo en común en aquel temprano año. Al termino de dicha reunión,  Valdelomar, con ceremonia, despidió a Vallejo con estas palabras:”Ahora usted puede ir a su pueblo y decir con orgullo que ha estrechado la mano de Abraham Valdelomar”. El destino suele ser mordaz con las palabras.