¿De vacaciones a Lima?

Pues sí, me fui de vacaciones a Lima y fueron las mejores vacaciones de mi vida. Vi mi querida Lima con otros ojos, unos más comprensivos, pacientes y cariñosos. Además de comer de todo por un mes, traté de no perderme de nada, de disfrutar cada paisaje, cada expresión, cada sonrisa… en fin, traté de disfrutar cada uno de esos detalles a los que cuando vivimos ahí no les hacemos caso.
Semanas y hasta meses previos a mi viaje ya estaba alucinando todo lo que iba a hacer, especialmente en los días más fríos de Inglaterra, cuando no puedes ni salir de casa (a no ser que sea para trabajar) porque la vereda y la pista están cubiertas de hielo y si te resbalas y caes mal, te puedes hasta romper el cuello, mientras que en Lima la gente disfruta de la playa, de la ropa ligera, de las piscinas y de los helados mientras se queja de un calor ‘insoportable…’. ‘Te vas a achicharrar’ me decían. Qué ironía.
Después de casi 20 horas de vuelo con parada incluida en Sao Paulo, y esperando que no me vayan a hacer mucho roche en el aeropuerto, llegamos con mi esposo, y ahí estábamos por ese pasadizo con decenas de letreros alrededor, hice un escaneo en menos de medio segundo y encontré a la manchita de mi familia (3 gatos y 2 gatitos). Yo trataba de no llorar escandalosamente ya que después de un año, seis meses y 22 días (no les digo las horas y minutos para no parecer exagerada), sentir ese calor limeño sumado al calor familiar fue, en una sola palabra, ‘bacán’. Creo que el Jorge Chávez es el único aeropuerto, de los muchos donde he estado, donde la gente es bien ‘feeling’ y hay gritos, llantos, abrazos y demás… Es que es diferente cuando te vas de vacaciones sabiendo que vas a regresar en un par de semanas y criticas a las otras personas por ser tan expresivas.
Regresé a mi barrio en uno de los distritos más populosos de Lima, Villa María Triunfo, pasando por hartos huecos, polvo, ambulantes. Jamás había disfrutado tanto el viaje a casa. Soy muy consciente de las cosas que tienen que mejorar o cambiar en mi país y especialmente en mi distrito, pero estaba de vacaciones y solo quería disfrutar de todo (espero no me maleteen por decir eso).
Ya en casa de mi papá esperaban el resto de la familia con un menú que venía saboreando desde hacía dos meses. La verdad es que nos sorprendieron.
Todo el viaje estuvo estratégica y matemáticamente calculado para arribar un domingo justo para la hora de almuerzo.
Hice un video para que tengan idea del lugar donde vivo, de mi vecindario, del río Támesis y de sus canales que se ven desde nuestro departamento en el centro de la ciudad, de la gente… pero no se emocionaron mucho y hasta creo que se aburrieron… es que en febrero es invierno y no es muy bonito, todo es nublado, frío, la gente anda bien tapadita y con paraguas que se paran volando por el viento fuerte, los árboles casi pelados, etc. Todo muy diferente al video que me traje de regreso, con reuniones familiares, la vista de la playa desde el malecón, muchos niños jugando a más no poder todo el día, la gente risueña, parrilladas al aire libre, etc.
En mi trabajo todo el mundo sabía que me iría de vacaciones al Perú por un mes, me apoyaban en la cuenta regresiva y más de uno quería meterse en mi maleta. Disfrutaba al pensar que hasta me envidiaban un poquito por ser de un país tan bonito, con tanto calor, con vistas espectaculares y muy variadas, con niños que no andan con tantas chompas y casacas que los hacen caminar como robotitos, sino que corren y se ensucian como niños de verdad.
A mi esposo le impresionó (por no decir ‘asustó) la forma de manejar que tienen en Lima. En los taxis, después de asegurar bien su cinturón, clavaba sus uñas en los asientos, supongo que pensaba que saldría disparado por el parabrisas en cualquier momento, aparte de temibles que pueden ser los conductores en Lima, según él, si uno maneja en Lima, maneja donde sea. Yo a veces agradecía que no supiera español muy bien porque sino se hubiera asustado aún más con el vocabulario a veces muy florido. Pero para él venir al Perú es toda una aventura y me encanta que hable y cuente de mi país con tanto cariño y emoción.
Ahora, ya de regreso, en mi trabajo, me siento muy afortunada, agradecida y totalmente recargada.
Lucia Barnard, Inglaterra
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