Mirando a Nelson, soñando con San Martín

Un nuevo monumento con el distintivo sabor peruano apareció el pasado 11 de agosto por una hora en el Trafalgar Square en Londres.
El escultor Británico Antony Gormley está usando el pedestal vacío en la Plaza Trafalgar como un arte vivo, exhibición que durará 100 días y que tiene la intención de mostrar una reflexión de Gran Bretaña en el siglo XXI. El Proyecto lleva por nombre ”Uno tras Otro”, dándole la oportunidad a los participantes de hacer lo que gusten en la hora que se les ha asignado. Este pedestal será ocupado por 2.400 personas en total, y cada una estará expresando en su forma su personalidad.
El esritor Michael Scott, casado con una limeña de nombre Esther Hidalgo, tomó el pedestal llevando consigo una Inca Kola (enviada especialmente desde Madrid), caramelos de chicha morada y vistiendo el polo de la selección peruana de fútbol para escribir acerca de su experiencia, rozando sus hombros con el almirante Lord Nelson y con el general Napier.
Michael mostró su lado británico tomando su desayuno allá arriba, donde los transeúntes confundidos miraban, antes de empezar a escribir acerca de qué es lo que podía ver (La Galería Nacional, el Ojo de Londres) y de cómo se sentía, liberado pero expuesto. Michael escribió en la pizarra que lo reflejaba, escuchó una selección de sus canciones, bebió Inca Kola y premió a la audiencia lanzándoles con mucho cuidado caramelos de chicha morada.
Esa hora también sirvió para recaudar fondos para las Fundaciones de Caridad Lucha contra el Cáncer al Seno y la Sociedad de Multiesclerosis, ambas muy ligadas a su corazón.
Para finalizar su hora fugaz en el pedestal, Michael escogió cantar un tema que describe su amor por el Perú y por Lima en particular. Seguramente nunca antes “La flor de la canela” de la gran Ghabuca Granda flotó suavemente cruzando la plaza, las pequeñas calles y los pasajes de un Londres histórico.

Este es un extracto de lo escrito por Michael durante su tiempo en el pedestal:
Nelson tiene su espalda en su columna como un gigante de jabón atado a una soga. Abajo, oficinistas pasando, ignorándome completamente pero dando una pequeña mirada de reojo hacia el pedestal. Temprano me sentía como si me hubieran atado para ser ejecutado, y el caballete era mi guillotina.
Ahora estoy empapado de esta divertida situación y de pronto siento que es helio y no oxigeno lo que estoy respirando aquí arriba en la Plaza Trafalgar. Reflejados en mi pizarra plateada están Esther y mi hijo Salvador, mi familia, mis únicos “Uno tras Otro”. Están ahí en mi momento, como una parte del arte de Antony.
Esther Hidalgo, Inglaterra
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