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BID: En Latinoamérica hay problemas de calidad de la inversión privada

Andrew Powell, asesor principal del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo, señala que la inversión promedio en la región es casi 19% del PBI, no muy fuerte para impulsar el crecimiento. En el Perú es 22%

Andrew Powell

Andrew Powell, asesor principal del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo. (Foto: Andina)

En un contexto mundial que enfrenta riesgos, América Latina afronta un doble reto: acelerar su crecimiento y hacerlo sostenible. El Comercio conversó con Andrew Powell, quien explicó el panorama macroeconómico para la región y los retos por delante.

— ¿Cómo ve el crecimiento de la economía mundial?
Es bastante fuerte. Este año va a crecer un 3,9% y el próximo año igual, que es un crecimiento bastante bueno para el mundo y está sincronizado: Estados Unidos (EE.UU.) está creciendo, China crece bastante bien, Europa está acelerando.

— ¿Qué esperar para América Latina (AL) dados los buenos vientos a favor?
Está recuperándose de la recesión de la que venimos, pero no a las tasas que uno esperaría, dado que el mundo está creciendo a 3,9%. Este año la región crecería 1,6% y más el año que viene, pero no van a ser tasas de la época del ‘boom’ de los commodities. Vamos a crecer a la tasa promedio entre 1960 y el 2015, que es 2,5% per cápita. Eso es crecer, pero no es fuerte para lograr todo lo que queremos.

— ¿Por qué tendríamos un crecimiento relativamente bajo en un entorno global favorable?
Pensamos que, básicamente, este crecimiento más débil de lo esperado se explica por la inversión, o mejor dicho la falta de inversión y de calidad de la inversión. La inversión promedio en la región es casi 19% del PBI, que no es muy fuerte para impulsar el crecimiento. En el Perú es 22%.

— ¿Es un problema de calidad de la inversión privada y pública?
Pensamos que hay problemas en la asignación de recursos en la inversión privada, además del gasto público. La buena noticia es que recursos tenemos: hay empleo, el capital humano ha mejorado, hay capital físico, aunque hay que usarlo más eficientemente.

— ¿En qué sentido?
La baja calidad de la inversión privada se ve en las empresas chicas. La región es una de empresas muy chicas y el Perú es un ejemplo de eso. Más del 80% de empresas tienen menos de cinco empleados. Es muy difícil que empresas tan chicas sean muy productivas.

Entonces, como son tantas, representan un porcentaje importante del empleo y están consumiendo los recursos. En términos promedio, están reduciendo la productividad de la economía. Entonces, hay una mala asignación de los recursos.

— Pero, en teoría, las firmas menos productivas debieran tender a desaparecer...
Uno esperaría que en un mercado las empresas muy productivas crezcan y sobrevivan, pero nosotros encontramos que, de las empresas poco productivas, hay muchas que sobreviven y hay firmas muy productivas que salen del mercado. Hay mucho movimiento y no es una dinámica que mejore la productividad agregada en el tiempo.

— ¿Esto tiene que ver con la elevada informalidad que, al no enfrentar carga tributaria o laboral, hace artificialmente competitivas a las empresas?
Hay muchos motivos, no solo uno, pero la informalidad sí es un punto importante. Posiblemente, la explicación más fundamental es el diseño de nuestros sistemas impositivos y, en algunos casos, el código laboral.

Básicamente, estamos poniendo muchos impuestos sobre el empleo formal, entonces hay un incentivo para que las empresas sean informales o las empresas formales contraten de manera informal. Esto desincentiva la formalización y que las firmas crezcan.

— ¿Esto podría ser un síntoma de que estamos cayendo en la famosa trampa del ingreso medio?

Personalmente, no creo tanto en esa trampa en el sentido de que no es imposible escapar. Hay países que ya lo hicieron en AL: Chile y Uruguay ahora son clasificados como países de ingresos altos. Pero entiendo de dónde viene la idea y hay desafíos.

— ¿Como cuáles?
Son desafíos más institucionales. Cuando llegas a la clase media, hay más demandas y una interacción muy interesante entre esas demandas y el sistema político. No hay una receta muy fácil para pasar esta época, pero todos tienen que pasarla y cada país tiene que manejarlo a su manera.

— ¿Cuál es su percepción general de los riesgos en el mundo?
En general, me parece que los riesgos mundiales están subiendo un poco.

— ¿Cómo evalúa el riesgo de una guerra comercial entre EE.UU. y otros países?
En este momento, no es una guerra. El impacto de lo que ya pasó es muy menor sobre las economías de EE.UU. y China. Esperamos que haya una solución razonable para todos, confío en que eso va a pasar. Dudo de que sea un riesgo muy importante.

— ¿Qué tendría que pasar para que ese escenario golpee a América Latina?
El impacto para Sudamérica en particular se daría solo si hay un impacto en la economía china. Hasta ahora parece que las medidas no han tenido un impacto tan grande sobre ella, por lo que el riesgo todavía está contenido.

— Entonces, ¿cuál diría que es el riesgo más grande para la región actualmente?
Yo creo que el riesgo más importante es la fortaleza de EE.UU. Si seguimos viendo inflación baja, todo bien. Pero si hay un efecto distinto, por la demanda por nuevos trabajadores, podría tener un impacto en la inflación y eso llevaría a una normalización más rápida de la política monetaria, lo que podría afectar los precios de nuestros activos y los flujos de capitales.

— ¿Hay una estrategia para, como región, aminorar los desafíos externos?
Si el mundo es más complicado, lo más beneficioso es hacer comercio dentro de la región. Hay mucho espacio para generar un mercado grande: US$5.000 millones en un mercado único de AL. El título grande de mercado único a veces lleva a problemas políticos, pero pensamos que una estrategia así impulsaría el comercio intrarregional, importante para bajar el riesgo del resto del mundo.

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