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Cabieses y la vanguardia científica de la antigüedad, por Raúl Castro

“La nueva narrativa es entonces: escuchemos lo que las prácticas médicas más antiguas tienen que decirnos”.

Raúl Castro Director de la carrera de Comunicación de la Universidad Científica del Sur

Medicina tradicional

“La OMS, puntualmente, tiene ya una estrategia para el desarrollo de la medicina tradicional hasta el 2023”. (Ilustración: Victor Aguilar Rúa)

Pocos temas encienden hoy el debate en la ciencia y en la gestión de salud pública como el de la pertinencia del uso de la medicina tradicional en los tratamientos, o, en el lado opuesto, el de su condena por prejuicios o simple racismo. Un debate en el que, por cierto, van ganando los saberes ancestrales con sus notables aportes en los últimos años, y con estudios de vanguardia que sobre sus principales propiedades están realizando ahora mismo las mayores universidades del mundo.

En Yale o en Southern California, por ejemplo, como en McGill, Canadá, o en Cagliari, Italia, las universidades se están focalizando en investigar no solo cómo paliar los dolores o atacar bacterias, sino en cómo restablecer el sistema integral de salud que equilibre al paciente. Con múltiples entradas a los problemas: físicas, psicológicas, emocionales y nutricionales. He ahí el giro. Un regreso a las raíces, literalmente.

La eficacia de la acupuntura china para entender de forma sistémica el equilibrio del enfermo o de los remedios herbales para levantar los sistemas de inmunidad para el combate del cáncer o el Alzheimer, según documenta “National Geographic”, por ejemplo, son el presente de la medicina global. En el Perú, las plantas medicinales neuroactivas, y sus consecuencias en la actividad cerebral, sustentan el trabajo de centros de investigación. La nueva narrativa es entonces: escuchemos lo que las prácticas médicas más antiguas tienen que decirnos.

Alguien que previó este giro fue el médico y pionero en neurociencias Fernando Cabieses, fundador de la Universidad Científica del Sur, donde laboro. En el proceso de reedición de su libro “Apuntes de la medicina tradicional. La racionalización de lo irracional” –a puertas de su publicación– la rectora emérita Josefina Takahashi me explicaba que lo que impulsaba a Cabieses en su ímpetu investigador era el conocimiento de aquel umbral existencial que las plantas instalan cuando un paciente las ingiere. ¿Qué pasa con sus neurotransmisores, y a qué estado nos hacen entrar? ¿Qué puertas neurológicas y emocionales abren sus irrigaciones?

“Solamente en el enfoque distorsionante de un causalismo directo puede describirse una enfermedad como un proceso puramente biológico”, sentencia Cabieses en su libro. “La relación entre lo consciente y lo inconsciente es extremadamente importante para entender los mecanismos psicosomáticos que comandan ese equilibrio que llamamos salud”, afirma.

A diez años de su partida y en las inmediaciones de los homenajes que tocan, se puede decir que sus pesquisas pavimentaron el camino que ahora recorren organismos en todo el mundo. La OMS, puntualmente, tiene ya una estrategia para el desarrollo de la medicina tradicional hasta el 2023. En el Perú, es Essalud el organismo que, sobre la base del estudio de prácticas cotidianas de sus usuarios, tiene los mayores avances.

Me dice la doctora Martha Villar López, gerenta de la Unidad de Medicina Complementaria, que desde su oficina se despliega atención a todas las regiones del país. Son más de 500 investigadores cuyo centro de atención son fundamentalmente las enfermedades crónicas no transmisibles. Desde su Instituto de Medicina Tradicional, inicialmente, analizan las plantas y productos, y hacen análisis preclínicos de etnobotánica y fitoquímica para comprobar que no son tóxicos. Luego, desde su Centro de Investigación Clínica, verifican con exámenes las consecuencias de su ingesta en los humanos. Los resultados están siendo alentadores. Hay evidencia de mejoras en males como artrosis, ansiedad o depresión, con encuestas de satisfacción que llegan hasta el 90%.

Se aprecia que el uso de la medicina tradicional se mantiene vigoroso. No puede ser de otro modo cuando entre el 76% y el 80% de los peruanos empleamos aún estas prácticas, en forma complementaria a la medicina galena, y en línea con estadísticas similares en todo el mundo. ¿Qué significa esto? Pues que miles de años de experimentación no se pueden dejar de lado así nomás. En condiciones controladas, con protocolos rigurosos, nos van a seguir dando sorpresas. Como llevarnos al futuro desde un saber ancestral y la vez familiar, un cálido plus que su develamiento nos ofrece junto al descubrimiento de su eficacia.

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