Platón fundó la academia, y Aristóteles, el liceo. Aquí, durante el Tahuantinsuyo, Inca Roca fundó el yachay wasi o casa del saber. En diversas civilizaciones se crearon centros de enseñanza, pero con una diferencia notable con los de la actualidad: la educación para todos.
Este ideal para que el saber y la formación integral esté al alcance de toda persona, tiene una larga historia y fue construyéndose poco a poco. Constituyó un proceso donde millones personas fueron integrándose a la formación educativa universal.
Fue un fenómeno que empezó a transformar las sociedades y las relaciones humanas, porque hace un poco más de un siglo las mujeres, los campesinos, los obreros, los niños y niñas pobres no iban al colegio y se da el caso que solo algunas mujeres de la aristocracia o de la alta burguesía accedían a la educación, pero con profesores que iban a enseñarles a sus grandes mansiones o palacios. Por ejemplo, el muy conocido caso de Abelardo y Eloísa, maestro y alumna que tuvieron una de las más hermosas y a la vez trágicas historias de amor. Lo de ellos fue verdad, no imaginación de Shakespeare.
El ingreso de las mujeres, hijos de campesinos y obreros a la escuela (y de vez en cuando a la universidad), es uno de los acontecimientos más revolucionarios de la historia. Durante siglos, la educación fue elitista, ahora es popular, democrática, porque tiene que estar al alcance de todos.
Pero ¿es verdad que, en la práctica, está al alcance de todos? La respuesta es no y menos en el Perú. Hace una semana, El Comercio Data publicó un informe donde desmiente este ideal democrático de la educación y titula: “Ocho millones de peruanos mayores de 15 años no han culminado el colegio”. Sin desmerecer los esfuerzos de algunos gobiernos en aproximarse a este ideal, a estas alturas de la historia –donde hay países sin analfabetos, niñas y niños con educación primaria, secundaria, y jóvenes con educación superior–, es inaceptable que millones de peruanos, la mayoría en condiciones de pobreza, no hayan podido terminar el colegio. Resolver esta situación debe ser política de Estado y no quedar sujeto a la coyuntura de los gobiernos.
Si usted quiere más información, el informe antes mencionado profundiza en las diferencias en zonas geográficas, género y edad. Por ejemplo, el 55% (4,4 millones) son mujeres. El 57,4% (4,5 millones) tiene entre 30 y 59 años. El 31,1% (2,47 millones) son adultos mayores. Tenemos 15% de analfabetos y hay otras cifras que rebasan el espacio de este artículo.
Se trata de una tremenda injusticia que profundiza las brechas sociales que existen en nuestro país. Y no es una tarea “del próximo gobierno”, como a veces se dice, sino de todos. Una obligación moral que nos confronta como sociedad.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.