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Izquierda versión 2026
“La demanda izquierdista radical suele preferir un perfil más ‘antiestablishment’, rencoroso y genuinamente del mundo popular. [...] Un exrector de la UNI no es un maestro de escuela rural”.
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PhD en Ciencia Política

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Resumen
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!["[López Chau] podría ser competitivo gracias a la polarización e hiperfragmentación que dan forma a nuestra crisis política". Ilustración: Giovanni Tazza / Composición GEC](https://elcomercio.pe/resizer/v2/36NR3ZRIERBZLEJJCYZWSFIVM4.png?auth=48078d40d1dc2238bc0690e9aea1f4093368ba035f1433e18e17289ab79149b3&width=980&height=530&quality=75&smart=true)
La izquierda latinoamericana atraviesa su peor momento en décadas. El chavismo no está más en condiciones de financiar campañas electorales fuera de sus fronteras y los cubanos no tienen la energía que active su inteligencia. El socialismo del siglo XXI es un fantasma en pena; el socialismo castrista del siglo XX, un esqueleto que se resiste a colapsar. La ola de victorias electorales de la derecha avanza como dominó: Javier Milei en Argentina, Rodrigo Paz en Bolivia, Jose Antonio Kast en Chile, Nasry Asfura en Honduras, Laura Fernández en Costa Rica. El retorno de la doctrina gringa del ‘patio trasero’ pronostica que se afianzará el intervencionismo de Trump, desde Groenlandia hasta la Patagonia, de norte a sur, de polo a polo. Estos vientos que corren son, seguramente, celebrados por nuestros liberales criollos con chilcanos y por los trumpistas de Dasso con ‘single malts on the rocks’. ¡Make Latin America Right Again!
En estas hermosas tierras del sol, la oferta presidencial izquierdista es muy pobre. El cuco velasquista –Antauro Humala– fue vetado; el cuco terruqueable –Guillermo Bermejo– cayó en prisión; el cuco aimara –Vicente Alanoca– fue derribado por fuego amigo. Entre los filtrados en la sábana electoral no asoma un liderazgo revolucionario ni telúrico ni refundacional. El exministro y ‘otorongo’ Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) apremia algo más que nostalgia castillista; el abogado de causas ultras Ronald Atencio (Venceremos) necesita primero reconciliar la interna de su frente luego de la traición que sufrió Alanoca. Mientras tanto, Alfonso López Chau ensaya un ‘nacionalismo vintage’, atrapado en viejos debates (Haya-Mariátegui, Apra Rebelde-Sendero, Polay-Guzmán) que no entusiasman ni a un conserje de ONG. ‘Eppur si muove’, gracias al motor de candidaturas parlamentarias prestadas para la ocasión: Indira Huilca, Mirtha Vásquez y Ruth Luque. La paradoja de los vagones jalando a una máquina sin carbón.
La oferta puede ser misia, pero la demanda capitalizable. Años de polarización implican la sedimentación de electores radicales hacia los abismos del continuo ideológico. Es decir, peruanos que se ubican en la “extrema derecha” (por ejemplo, la derecha ‘porcina’) y en la “extrema izquierda” (por ejemplo, la izquierda castillista). Son bolsones que terminan siendo considerables (15% cada uno, aproximadamente) en un escenario de hiperfragmentación partidaria. Pero mientras el primer grupo ya ha hecho ‘match’ (con López Aliaga), el segundo aún no encuentra un candidato disruptivo a la altura de su furia, que lo conmueva, o que, al menos, se convierta en su “peor es nada”. Este elector ultraizquierdista, más provinciano que limeño, podría endosar eventualmente a López Chau, pero solo lo comprobaremos hacia las últimas semanas de la campaña de la primera vuelta. Por ahora, el candidato de Ahora Nación se beneficia del votante ‘progre’ más informado (la ‘Lima caviar’) y del más ansioso (aquel juvenil que quiere movilizar sus preferencias desde ya en vez de ir a la playa). Lo suficiente como para diferenciarse de otros minicandidatos como él y asomar como la alternativa de izquierda de este verano.
Pero en realidad, la demanda izquierdista radical suele preferir un perfil más ‘antiestablishment’, rencoroso y genuinamente del mundo popular. Necesita un portador de broncas contemporáneas; no un declamador de Martí. Que muestre las ojeras de agotamiento del sistema, no periódicos de ayer. Un exrector de la UNI no es un maestro de escuela rural. El autoposicionamiento de “centroizquierda” de López Chau funciona mejor en un contexto de competencia centrípeta. En uno de dinámica centrífuga resulta “cobarde” para el extremo izquierdo e igualmente terruqueable para el derecho. Así como hace cinco años indiqué que había un electorado más a la izquierda de Verónika Mendoza (y usted no lo vio hasta las últimas semanas), hoy ese electorado ve a López Chau como moderado, almidonado, demasiado ‘boomer’. Pero mientras no prendan las aventuras electorales de Atencio, Sánchez u otros microcandidatos de la misma familia ideológica, no le quedará más remedio que votar por el economista de la Universidad del Callao.
Existe la posibilidad, menor sin dudas, de que el votante ultra de izquierda opte por un candidato antisistema sin tienda ideológica. Es decir, que el revanchismo sea más fuerte que la utopía; que ya no quede ilusión para construir, solo decepción para demoler. Imaginemos que, a falta de un Antauro o un Castillo, parte de estos votantes empiece a ver con ojos de mal menor de su rabia al populismo centrista de Yohny Lescano o Mario Vizcarra, o incluso al ‘lumpen-populismo’ de José Luna. Estas opciones, sin embargo, no tienen los recursos retóricos para activar el glosario del izquierdista colérico, con referencias al velascato antioligárquico o al indigenismo antihispanista. Es por ello que estas alternativas disruptivas sin ideología alcanzarán, en el mejor de los casos, escaños en el Parlamento, pero a nivel presidencial estarán más cerca de la anécdota.
A pesar de los vientos en contra, la izquierda gobierna tres de los países más poblados del continente y es factible que se afiance en ellos. En las últimas encuestas presidenciales en Brasil, Lula está sobre el 40% y saborea la reelección. En Colombia, Iván Cépeda marca más del 30% y ha encarnado el petrismo sin Petro; es decir, la continuidad del proyecto después del caudillo, tal como sucede exitosamente con Sheimbaum post-López Obrador en México. López Chau, señores, tiene 4%. Esa es la envergadura que le corresponde y, quizás con mucha generosidad, a un gris economista que repite sin cansancio haber sido director del BCR (y omite que eso habría sido una cuota humalista). A pesar de ello, podría ser competitivo gracias a la polarización e hiperfragmentación que dan forma a nuestra crisis política. Sin dudas, el electorado de izquierda merece algo mejorcito que detenga la acumulación de rabias y visibilice de manera canalizable las justas demandas sociales que ameritan reivindicación.
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