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Foto del autor: Jorge Paredes

Jorge Paredes

El abecedario se rebela

 

Carlos Velez Larriega

Cansado de vivir en el fondo del estante de una inmensa librería, debajo de muchas obras de diferentes géneros, un buen día el  abecedario decidió escapar.

Para tal  propósito,  decidió pedir  ayuda  a las letras.  Llamó a las que componen la palabra F-U-E-R-Z-A.

Ellas acudieron apresuradas a su llamado dando saltitos,  menos la A y la R que  llegaron corriendo con sus patitas.

-¿Por qué nos llamas? – preguntan agitadas.

-¡Necesito salir del libro!-responde el abecedario.

-¡Muy bien!  ya entendimos.

Las letras comenzaron a ordenarse:

Primero la F, luego la U, ahora la E, ahí viene la R, salta la Z y corriendo al final se acomoda la A.

-¡Empujen!, ¡Empujen fuerte!…decía el abecedario, pero apenas se pudo sacudir el polvo que la cubría.

Necesitaban más ayuda.  Se alistaron los R-E-F-U-E-R-Z-O-S.

-¡Vengan rápido que estamos muy cansadas! -gritaron las letras de la fuerza.                -¡Empujemos hasta el final!

Lentamente, la torre de libros se deslizó hasta el borde del estante y las letras, en un esfuerzo final, ¡yaaaaa!, lo empujaron al vacío.

Con gran alboroto los libros cayeron desparramados, y el abecedario cayó con sus páginas abiertas, facilitando el escape veloz de las letras que en estampida salieron atropellándose entre sí.

La I dando saltitos; la O muy oronda rodando; la A, la X, la R, la H, la K al igual que la M, N y la W, corriendo rápidamente con sus patitas. Las otras, imagínatelas tú mismo de todas las formas: como un  resorte o arrastrándose como una culebra. La E echada hacia adelante para usar sus tres palitos; la C de costado, así avanza una patita después de la otra imitando a un vaquero; la Z zigzagueando como la joroba del camello y la T, como un bastón que sostiene al tiempo.

En libertad, el abecedario corrió por todos lados creando lindos y maravillosos cuentos, emocionantes historias de aventuras y  elevados mensajes que ayudan  al ser humano a ser mejor. Hasta que llegó…” las noticias”.

Las letras comenzaron a temblar, no se formaron más y se pelearon.

-¿Qué sucede?, pregunta el abecedario.

-Son las noticias, no queremos ser parte de ellas, dijeron las letras.

-¿Qué voy hacer? Se dijo el abecedario

Después de pensar largo rato en una solución, reunió a todas las letras para comunicarles que ha decidido pedir ayuda a  la arroba, que es una a envuelta con una aureola y que tiene todo el poder de comunicación para  cambiar el sistema.    La arroba envió un mensaje a todas las letras del mundo para ponerse de acuerdo en no comunicar noticias, ni  temas ni publicidad que no engrandezcan al hombre.

Sucedió que, a partir de esa decisión, cuando las personas escribían un artículo, se dieron  con la sorpresa que las letras salían corriendo en saltitos, rodando, rebotando como podían.

Las empresas de comunicaciones y las editoriales  estaban desesperadas porque las letras se escapaban, brincando de los teclados, corriendo por los pasillos con los periodistas y escritores correteándolas sin poder alcanzarlas.

Nadie podía enviar mensajes porque la arroba se escondió con un virus para que no la puedan encontrar.

No sabían qué hacer, todo era un caos hasta que alguien se dio cuenta del por qué sucedía todo eso y decidió enmendar las cosas.

Comenzó a escribir sólo buenas noticias y buenos mensajes. El resultado fue inmediato. Las letras regresaron contentas y felices,  la arroba que había estado durmiendo en el disco duro, salió de su escondite.

De allí en adelante, cada vez que alguien intenta escribir temas negativos las letras cambian de lugar y las convierten en  positivos.

Ellas son nuestras amigas.