Identidad vs. alienación

Hace mucho que visito este blog y siempre me ha llenado de emoción leer las afables y esperanzadoras palabras de nuestros compatriotas sobre el amor al Perú, a sus costumbres, a su comida y a su gente. Debo confesar que no soy un gran experto en la materia de vivir en el extranjero, este recién es mi segundo año fuera y es la primera vez que estoy lejos de mi país y de mi origen.
Desde que llegué a Argentina me invadió un gran sentimiento de nostalgia por nuestra gente, por nuestro trato, por nuestras costumbres “criollas”, por los personajes que van adornando nuestros días (como el cobrador de combi que te estampa las monedas pidiéndote el pasaje). Era increíble pensar que solo habían pasado algunos días desde que había llegado y ya estaba sintiendo la necesidad de “lo nuestro”. Iniciaba una nueva etapa en mi vida, una nueva experiencia, empezaba de cero, debía encontrar amistades y personas con quienes compartir una nueva vida. Es por eso que constantemente me repetía: “en la maestría encontrarás buenos amigos, hasta por ahí hay suerte y hay algún compatriota”. Con el transcurrir del tiempo de esta nueva etapa conseguí hacer buenos amigos en la universidad y en el trabajo. Todo estaba saliendo bien, sin embargo siempre quedaba ese vacío de escuchar “oe compare”, “no pe, así no juega Perú” o el clásico “¿unas chelas?”.
Por esas cosas del destino, en el trabajo tuve la oportunidad de conocer a un compatriota. Me dio mucha alegría, sin embargo, notaba algo extraño en la conversación que manteníamos, y es que me hablaba con “che, vos, tenés, sos, parrisshaa”. Asumí que era porque llevaba muchos años viviendo en Argentina, así que traté de no darle mayor importancia, intercambiamos direcciones de restaurantes peruanos, teléfonos y direcciones de correo para estar en contacto y para juntarnos con algunos compatriotas que estan por acá. Días después arreglamos una salida con la “gentita” por unas “chelas”.
Quedamos en encontrarnos en un pub en el barrio de Palermo que había conocido con los amigos de la maestría. Llegué un poco temprano, así que tuve que esperar. El pub estaba full y la mayoría de comensales eran “locales”. No mucho después de mi arribo llegó mi amigo junto con otras 3 personas, y luego se sumaron 2 más, todos peruanos. Éramos un grupo de 7 personas, así que ya se imaginarán el barullo que generábamos, pero era un barullo que se perdía entre las muchas conversaciones que sucedían en el local y era por un pequeño detalle, todos hablan muy “argentinamente”. Les juro que me llamaba mucho la atención. Dentro de las conversaciones que sosteníamos surgió el tema del tiempo que llevaban en Argentina, y en ese momento me sentí muy apenado y ciertamente avergonzado porque todos los presentes llevaban no más de 6 meses y eran prácticamente argentinos por su manera de hablar.
Después de esa noche evité volver a salir con ellos. A lo largo de mi corta experiencia aquí en Buenos Aires he tenido la oportunidad de frecuentar grupos sociales con gente de Colombia, Venezuela y Ecuador, y ninguno de ellos perdió su forma de hablar ni de expresarse, es más, ellos me hacían referencia a que era difícil encontrar peruanos que aún mantuvieran el dejo intacto.
Si bien sé que toda persona pasa por un proceso de adaptación a las nuevas costumbres del lugar que eligió para vivir, ¿hasta qué punto esta adaptación se transforma en alineación y en una especie de negación de los orígenes? Sé que la percepción del peruano en Argentina no es la mejor, hay cierta aversión y cierto grado de xenofobia (no solo hacia nosotros) debido a que siempre hay quienes están ligados al narcotráfico y a ciertas acciones delictivas, ¿pero por qué no cambiar esa percepción?, ¿por qué no mostrarnos orgullosos de nuestras costumbres, de nuestro idioma, de nuestro lenguaje, de nuestros modismos, de nuestros orígenes?, ¿por qué no ser peruanos y orgullosos de serlo aquí, en el Perú, en la China y en la Polinesia?
Sé que muchos compartirán y/o habrán pasado algo similar, y habrá otros quienes estarán en total desacuerdo, pero si comparto esto con ustedes es para saber y conocer otras perspectivas y tratar de entender este fenómeno. Creo que no debemos bajar la cabeza nunca, lo hemos demostrado muchas veces a lo largo de la historia, el Perú y todos nosotros tenemos mucho que dar al mundo, somos un pueblo al que siempre se nos criticó nuestra apatía y desgano, pero eso está cambiando. Eso sí, tenemos que empezar por casa, estando orgullosos de ser quienes somos. Estoy ansioso de poder regresar al Perú y aportar en algo al crecimiento que todos queremos.
Carlos López, Argentina
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