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El político estadounidense y presidente de los Estados Unidos entre 1933 y 1945, Franklin Delano Roosevelt dijo alguna vez, "siempre que te pregunten si puedes hacer un trabajo, contesta que sí y ponte enseguida a aprender cómo se hace".
Toda frase o pensamiento deja siempre una enseñanza. Lo que dijo Roosevelt se puede aplicar a todo trabajo en el cual el tiempo para el proceso de aprendizaje que él señala, no apremia. La alta especialización que se requiere en los trabajos de hoy, hace prácticamente inaplicable el consejo de Roosevelt sobre todo teniendo en cuenta la rapidez con la que se toman las decisiones en este mundo globalizado tanto en el sector público como en el sector privado.
Posiblemente aún queden labores menores en las que una persona pueda aceptar un trabajo y se ponga enseguida a aprender cómo se hace, pero en las actividades relacionadas al gobierno de un país, esto no sucede.
Todo funcionario público debe tener cuatro condiciones: (1) vocación de servicio, (2) preparación para las tareas que va abordar, (3) liderazgo entendido como ejemplo para sus subordinados y (4) ser incorruptible. La segunda condición (y posiblemente alguna de las otras tres), no se obtienen de la noche a la mañana. Significan en la mayoría de casos, años de preparación. En ocasiones en costosas universidades del extranjero.
En teología un ministerio es un servicio, un ministro es un servidor. En política, para llegar a ser ministro además hay que ser realmente experto en el tema. Un ministro no puede llegar al cargo para recién empezar a aprender. Un ministro tiene que ser una persona reconocida por una trayectoria profesional intachable y además ser un ciudadano ejemplar. Estas condiciones tienen que ser reconocidas por la sociedad a través de distinciones y, necesariamente, por medio de su remuneración debido a su dedicación al trabajo y a los logros obtenidos en su gestión. A un ministro se le debe evaluar por la evolución de los indicadores sociales que le compete mejorar.
Considero acertada la medida del gobierno de elevar los sueldos de los ministros, viceministros, gerentes regionales y municipales. El gobierno de Alan García cometió un error en el 2006 al recortarles el sueldo a los ministros.
Lo que se puede cuestionar es la falta de gradualidad en la medida. Este aumento se debió dar por etapas y con la debida comunicación a la sociedad. El incremento de los sueldos de los ministros debe verse como una inversión y no como un gasto. Hay que invertir en el talento humano. Los ministros manejan presupuestos de millones de dólares que tienen que estar muy bien administrados porque su buen o mal manejo repercute inmediatamente en la vida de todos los peruanos.
Una decisión acertada puede traer grandes beneficios al país que haga que el sueldo del ministro, de lejos, se pague solo. La empresa privada atrae a los mejores ejecutivos mediante el pago de buenos sueldos, no veo el motivo por el cual el estado peruano no pueda hacer lo mismo con sus principales ejecutivos.
Un problema cultural de nuestro querido Perú es el "compadrazgo" político. Nuestra historia está plagada de ministros que han llegado al cargo como producto de alianzas electorales o de acuerdos bajo la mesa, sin que se haya reparado en la preparación debida para el cargo.
Ha primado más el clientelismo político que la meritocracia. La palabra burocracia proviene del término francés "bureau" que significa escritorio y del griego "cratos" que significa poder. Una burocracia se puede entender pues como la influencia de altos funcionarios en las decisiones del Estado. Las buenas políticas públicas que el Perú necesita tienen que ser elaboradas por burocracias competentes. Burocracias como la del Banco Central de Reserva del Perú en la que se respeta la formación profesional y la línea de carrera.
Piero Ghezzi y José Gallardo en su obra "Que se puede hacer con el Perú, ideas para sostener el crecimiento económico en el largo plazo" señalan la urgencia de formar burocracias técnicas en tres áreas: educación, desarrollo rural y lucha contra actividades delictivas. Ninguna de estas burocracias se podrá formar sin una remuneración que atraiga a los cuadros más talentosos. Las buenas burocracias se generan con un adecuado diseño institucional y éste se logra con el concurso de profesionales brillantes y bien remunerados.
De lo contrario no se podrá exigir buenos resultados. Si para ser ministro seguimos considerando solo "al de mi partido", a mi compadre o a mi amigo, así no posean las competencias ni capacidades técnicas para el cargo, se seguirá rindiendo culto a la ineficacia. Martín Lutero decía: "La superstición, la idolatría y la hipocresía cuentan con grandes salarios, la verdad es mendiga".
