Por Alonso Cueto

Hace poco, Jeremías Gamboa declaró en el programa “Claro y directo” (A3R.net) de Augusto Álvarez, que el puesto de Ministro de Educación debía ser tan importante y permanente como el de Presidente del Banco Central de Reserva. Las razones de Gamboa son evidentes. Ninguna actividad puede funcionar en un país sin una educación generalizada. La educación es también un cemento que unifica a una sociedad en torno a valores comunes. Gamboa agregaba en la entrevista que un aspecto decisivo de nuestro desarrollo se cortó cuando en el 2016 la cuadrilla congresal de Fuerza Popular provocó la renuncia de Jaime Saavedra, que hoy es director General de Educación en el Banco Mundial. Hay otra verdad evidente. La docencia, al igual que la medicina, es una de las profesiones en las cuales la generosidad es un valor profesional. Hoy los maestros peruanos cumplen una función heroica a lo largo de su vida. Trabajan en las condiciones más duras. Muchos sacan adelante su tarea y algunos se rinden ante la frustración. Cuando se retiran, reciben una pensión mensual de menos de mil soles. En su El Principio del mundo, Gamboa rinde homenaje a su maestra, Graciela Monteagudo.