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José Orrego: "La huaca no debe ser un lugar aislado, cercado e intocable"

El arquitecto, comisario del pabellón peruano en la Bienal de Arquitectura de Venecia, reflexiona sobre la propuesta que representará a nuestro país

José Orrego

José Orrego. (Foto: Nancy Chappell/ El Comercio)

Falta cerca de un mes y medio para el inicio de la Bienal de Arquitectura de Venecia y el Perú ya alista los últimos detalles de su participación. El pabellón peruano exhibirá el proyecto "En reserva", encabezado por la arquitecta Marianela Castro de la Borda, que ahonda en la concepción de las huacas de Lima (más de 400) como una oportunidad para rescatarlas y, con ellas, redibujar el rostro de la capital. Será un despliegue en 250 m2 en el que, en plena ciudad de los canales, se activará el enigma de estas construcciones milenarias, en contundente combinación con los nudos de Jorge Eduardo Eielson y la música de Pauchi Sasaki.

Todas las coordinaciones del montaje y la difusión corren por cuenta del también arquitecto José Orrego, comisario del pabellón peruano en la bienal, que que organiza el Patronato Cultural del Perú con el apoyo de Unesco, el Ministerio de Cultura, la Universidad de Lima, El Comercio, entre otras instituciones. "Es muy interesante esta bienal por varias razones. Una, por ejemplo, es que las curadoras son Yvonne Farrell y Shelley McNamara, de Grafton Architects, quienes ganaron un León de Plata en el evento y diseñaron la sede de UTEC, en Barranco, un edificio que ha recibido varios reconocimientos. Son dos arquitectas que tienen una especial percepción y cariño por la cultura peruana", explica Orrego, un convencido de que la representación nacional llega mucho más consolidada año a año. Conversamos con él sobre las últimas puntadas de esta enorme y ambiciosa exhibición.

— ¿Qué tan importante será la cuarta participación peruana en esta bienal?
La participación del Perú en la bienal siempre tuvo por objeto, más allá de representar al país, crear un pretexto para hacer reflexiones sobre la propia problemática peruana. La idea es que los proyectos que se presenten siempre regresen al Perú para recuperar un espacio que se ha perdido. Y si digo que lo perdimos es porque en algún momento lo tuvimos: hubo un presidente arquitecto, un alcalde arquitecto, hubo una época dorada de la arquitectura en el Perú, entre los años 50 y 70 del siglo pasado. Todo eso se perdió en los 80 y a partir de entonces dejó de hablarse de ciudad, de planificación. Esto se está recuperando de a poco con las participaciones del Perú. En el 2016 incluso se obtuvo una mención para el proyecto "Our Amazon Frontline" [curado por Jean Pierre Crousse y Sandra Barclay]. Y en los espacios de discusión internacional ya existe por lo menos una expectativa sobre lo que puede mostrar la arquitectura peruana.

— Es clave, además, que la elección de la propuesta que nos represente se realice mediante la convocatoria de un concurso abierto.
Lo interesante de estos concursos es que son una especie de radiografía, una foto del momento sobre las ideas del imaginario local. En la edición pasada vimos como tema recurrente las reflexiones en torno al Plan Selva y cómo se está enfrentando la situación en la Amazonía. Y, como ya te dije, se obtuvo un reconocimiento. Eso eleva la valla y ha permitido que recibamos ideas cada vez más maduras. Debemos tener en cuenta, además, que la propuesta también tiene que tener el llamado ‘wow factor’, es decir que, más allá del contenido, impresione de forma inmediata, pues quienes visitan la bienal tienen pocos segundos para entusiasmarse con alguno de los 65 pabellones abiertos a los visitantes. Es así como descubrimos que el tema de las huacas tiene un nuevo enfoque: han comenzado a presentarse como una oportunidad para las ciudades. Ya no se observan como un simple saldo urbano, que eventualmente se vuelve un problema al que hay que cercar y cuidar. Lima está montada sobre 447 huacas, un número impresionante para cualquier parte del mundo. Es una ciudad que convive con esta suerte de doble capa. Y de esta manera se vuelve una oportunidad para recuperar espacio público.

— ¿De qué maneras se recuperan estos espacios?
Existen varias alternativas y acciones que proponen cuidar, recuperar y celebrar las huacas, y no solo como unas construcciones superpuestas a una ciudad que crece y las rodea. El recorrido del proyecto "En reserva" exhibe también una serie de usos no previstos de las huacas, con comunidades que las empiezan a ocupar de buena forma. Porque la huaca no debe ser un lugar aislado, cercado e intocable. Eso nos da una visión muy positiva de cómo una huaca puede convivir con el presente. Y por eso es que también ha empezado a surgir una arquitectura contemporánea que tiene a las huacas como referentes. Es, en general, un pabellón muy optimista y seductor.

— ¿Qué otras novedades incluirá la exhibición "En reserva"?
La presentación comienza con una serie de 447 nudos, como el número de las huacas de Lima, concebidos desde la perspectiva de los nudos de Jorge Eduardo Eielson. Ya dentro se podrá oír una propuesta sonora incorporada por Pauchi Sasaki, que ha preparado una instalación muy ligada a la cosmovisión andina del Perú. El sonido se vuelve así una dimensión más del pabellón. Para diseñar todo esto hemos contado con la participación de diferentes arqueólogos.

— ¿Cómo conseguir que el ciudadano de a pie deje de ver proyectos de este tipo como algo muy lejano?
Lo que pasa es que el ciudadano se ha alejado mucho de la arquitectura. En otros países la gente la vive, la tiene muy cercana, forma parte de los proyectos. Porque la arquitectura no es solo de los arquitectos. A estas alturas, las autoridades deberían manejar una política de Estado dirigida a hacer ciudades viables, donde se pueda vivir mejor. Pero no se da. Hay una gran dimensión económica, incluso vial, pero se suele olvidar las acciones que permitan recuperar las ciudades. Madrid es un ejemplo de cómo las autoridades se compraron el pleito para hacer una ciudad viable de cara al siglo XXI. Lima hasta ahora no tiene ningún plan.

— Además estamos en un año de elecciones municipales. Y el próximo año se organizarán los Juegos Panamericanos y el Mundial de Fútbol Sub 17. ¿Cómo lograr que lo que se construya no sea solo pasajero, sino que permanezca en el tiempo?
Todo es parte de una problemática. Perdemos grandes oportunidades por falta de visión sobre lo que es importante para la ciudad. Los Panamericanos hubieran sido una gran oportunidad, como lo fueron en Canadá, para emprender una renovación urbana. Y si vemos más allá, tenemos el bicentenario. En 1921, para conmemorar el primer centenario, se gestó una gran propuesta urbana como fue la plaza San Martín. ¿Hoy hay algún proyecto equivalente? Queda la sensación de que cada vez que un alcalde toma la administración de un gobierno local, solo tiene que apagar incendios. Nunca veo a un alcalde mirando hacia adelante, siempre lo veo tratando de arreglar los líos que alguien le dejó. Y si uno vuelve al tema de las huacas, se pregunta quién debería encargarse: ¿la Municipalidad de Lima? ¿El Ministerio de Cultura? ¿Los municipios distritales? ¿El Ministerio de Vivienda? La verdad es que no hay respuesta, porque todos tienen un poco de injerencia. Faltan las estructuras que permitan tener competencias integrales y técnicas consistentes.

— En una entrevista reciente, el arquitecto español Carlos Quintáns, ganador de un León de Oro en la bienal del 2016, decía que en España había unos arquitectos estupendos, pero que lo estaban pasando fatal. ¿Cómo es la situación en el Perú?
Yo creo que hay un problema estructural, que comienza en las universidades. Existen demasiadas facultades en el Perú y la cantidad de alumnos que sale a las calles es tremenda. Además, todos los sílabos de las universidades buscan crear arquitectos diseñadores, lo cual es un error. En cualquier país, los arquitectos que diseñan son solo una minoría. Las competencias que tiene la arquitectura son mucho más extensas: docencia, diseño urbano, gestión municipal, construcción, interiorismo, paisajismo, investigación, etc. Allí también hay mucho por trabajar.

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