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Carmencita Lara, la reina de las rockolas, cumple hoy 88 años

Para celebrar, nos reunimos con su esposo y director, el destacado músico Víctor Lara, y sus hijos, que también son artistas. 

DIANA GONZALES OBANDO @dianagobando

Fotos: Yanina Patricio/El Comercio

Carmencita Lara cumple hoy 88 años. La visitamos en su casa de Comas donde funciona la peña El Cañaveral de Carmencita Lara (Los cipreses 297, urbanización Repartición, Comas). Por momentos su mirada se detiene y esa voz aguda y lastimera que sonó en tantas rockolas se apaga. 

"Mi verdadero nombre es Julia Rosa Capristán García (Trujillo, 1926). Llegué a Lima antes de cumplir los 18 años. Estudié en el colegio Santa Rosa de Trujillo. No estudié canto. En mi vida artística he interpretado valses, pasodobles, boleros, baladas, cumbias, huainos y pasillos.  He tenido el agrado de compartir el escenario con grandes artistas como  Lucho Barrios, Pedrito Otiniano, Los Tíos Queridos, Maritza Rodríguez, Eva Ayllón, Gaby Zevallos, Lucha Reyes, etc. Mi mayor virtud es ser tranquila. Mi peor defecto: no ser egoísta. Fui profesora durante 18 años en el Politécnico Estados Unidos de Comas. Si mi salud lo permite, acompañaré a mi hija Rosario en el programa de televisión “Una y mil voces” por el Día de la Canción Criolla". 

"Mucha basura hay”, se queja Carmencita Lara señalando la calle. Para esta entrevista nos reunimos con sus hijos Rosa María, Víctor y Rosario Lara Capristán, y con su esposo el maestro del acordeón, Víctor Lara. Ellos le prestaron su voz para ayudarla a recuperar sus recuerdos.

Actualmente, Carmencita convive con la diabetes. Superó un microinfarto y debe moverse en silla de ruedas. “La estamos llevando a terapia física y a la acupuntura”, comentan los hijos de la pareja de artistas. 

— ¿Cómo se conoció con su esposo Víctor Lara?  
Comenzamos con la amistad cuando él estudiaba piano en el conservatorio. La gente creía que él era profesor y lo busqué para aprender a tocar piano. Él notó que tenía una bonita voz y me dijo: “Usted no va a ser pianista, va a ser cantante”.

— Así comenzó su carrera en el canto...
Conocimos a unos chicos de Huacho, Los Indios Aguarunas, quienes le dijeron a Víctor para formar un conjunto. Viajaron a Bolivia y, al regresar, me encontré con Víctor en el Cusco. Ahí tuve bastante acogida. Los Indios Aguarunas se separaron y nosotros dos nos quedamos cuatro años en el Cusco hasta que recibí un telegrama que informaba que mi mamá estaba grave. Volvimos a Lima y estuvimos de radio en radio como aficionados.

— ¿Ahí ya era conocida como Carmencita Lara?
Todavía, mi nombre artístico era July García. 

— ¿En qué momento interpretó por primera vez “Olvídala amigo”?
 Cuando empezamos con nuestro primer disco sufrimos muchas dificultades. Éramos un guitarrista, un cajonero, un bajo y el acordeón de Víctor Lara. Solos grabamos el vals que compuso un joven que paraba con nosotros y se llamaba Luis R. Cueto. Era la canción “Olvídala amigo”. En esos días viajamos contratados a Chile, llegamos a un quiosco de Antofagasta y el disco ya estaba sonando en las radiolas. Nos quedamos asombrados. 

— ¿Y cómo nació el nombre artístico que la hizo tan famosa? 
Ya estábamos casados cuando empezamos a ‘pintar’ en el mundo del arte. Un día nos fuimos a tramitar el carnet de artistas y me presenté con el nombre de ese entonces, July García, pero un funcionario nos dijo que no aceptaban nombres en inglés. Como la madre de Víctor se llamaba Carmen, me puso entonces Carmencita Lara. 

— ¿Cómo fue su experiencia en la radio?
Éramos novatos, nuestro primer contrato fue en radio Excelsior, propiedad del papá de Ricardo Belmont. “¿Quién es esa chica que canta tan bonito?”, preguntó. “Carmencita Lara”, dijo Víctor. “Quedan contratados para que vengan a cantar aquí”, nos dijo el dueño. Ese fue el triunfo.

— ¿Qué es la música para usted?
La música es mi vida. Es todo para mí. Por ascendencia llevo el arte, por parte de madre y de toda mi familia. Todos cantaban y eso que antiguamente les tiraban látigos para que no lo hagan, porque a los padres no les gustaba que canten. El canto viene de una raza, una descendencia, tengo el arte en la sangre. 

— ¿Qué le parece la artista que la imitó en el reality “Yo soy”
Ella venía para que le enseñe. Mi enfermedad es no ser egoísta, si quiere aprender le enseño, que se gane la vida, yo encantada. Ella sigue cantando por Chosica y en otros lados.

— ¿A qué países la han invitado para que cante?
Argentina, Chile, Ecuador, y otros países de Latinoamérica. En Ecuador hay hasta dos Carmencita Lara, soy como la hija adoptiva, se disputan mi nacionalidad. Hace 14 años fui a una gira con mi hija Rosario Lara durante un mes en España, Francia e Italia. Era emocionante ver tanta gente, parecía que estábamos en el Perú. A Rosario le entregué la posta para que me sucediera en el canto hace seis años. 

— Gracias a su voz ha conocido todo el Perú…
Con Víctor Lara, el primer acordeón criollo del país, hemos viajado incansablemente. En Arequipa, cuando iba a un teatro, no nos dejaban salir si no cantaba “La despedida”. En una ocasión, nos contrataron en una peña que dirigía el conductor de radio Lalo Cortés. Era la despedida de un familiar que se iba a Estados Unidos y como pidieron “La despedida”, la cantamos. Vino el director y dijo: “Comadrita, yo la traigo para alegrar a la gente, no para que se pongan a llorar”. Cuando la canción era triste, la interpretaba triste; cuando era alegre, la hacía alegre. Siempre me ha gustado cantar de todo.

EL MAESTRO DEL ACORDEÓN: VÍCTOR LARA

“Yo la descubrí”, afirma don Víctor quien en diciembre cumplirá 90 años. Además de introducir el acordeón en la música criolla, el señor Lara era el director de los pasos de Carmencita. También ha grabado como solista, es compositor y arreglista.

Recuerda su encuentro con el guitarrista Oscar Avilés quien lo invitó a participar en la disquera recién formada IEMPSA. “Me dijo que vaya a grabar con él, pero siempre nos sentábamos a grabar y no llegaba. No tenemos suerte, le dije a los muchahos. Vamos a grabar nosotros solos: ellos y yo, el acordeón. Por eso el vals ‘Olvídala amigo’ es a pura contestación de acordeón”. 

Solteros aún, Julia Rosa Capristán y Víctor Lara vivieron Miraflores, distrito en el que se conocieron. En los años 50 se mudaron al Rímac. Como su hijo mayor era delicado de salud entonces decidieron mudarse a Comas por el clima seco. “Vinimos y compramos el único terreno que quedaba en la que ahora es la urbanización Repartición. Ese colegio no existía (señala el colegio del frente). Ahora hay mucha basura, se ha  malogrado todo. Hubo un alcalde que hizo un parque bonito, pero no lo han cuidado”. 

Carmencita siempre se cuidó la voz. Sus hijos destacan que “nunca necesitó de licor, ni gaseosas tomaba. Hasta ahora toma agua caliente, té y leche”. La voz de Carmencita fue lo que enamoró a don Víctor y la capacidad innata de embellecer una melodía: “Cuando le enseñaba una canción, así sea una canción medio desabrida, cuando ella la cantaba la afinaba. Siempre tuvo condiciones”. 

Actualmente, Carmencita recibe una pensión mínima, pero la historia es diferente con don Víctor Lara. “La disquera se ha llenado de dinero, han vendido una millonada de discos y no nos ha pagado nada”, reclama. Sus hijos comentan que él recibe menos por ser varón y que por desconocimiento, actualmente, no se le paga como debería ser. “Yo era el director y también músico, solo me pagaban como artista”.  

Para revivir el pasado y apreciar el arte de la familia Lara puede visitar El cañaveral de Carmencita Lara, sábados y domingo por las tardes, en la siguiente dirección: Los cipreses 297, Urbanización Repartición, Comas. Esquina con la Av. Belaunde. Altura del km. 13 de la Av. Túpac Amaru. 

 

 

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