
La danza mortífera aún no acaba
Resumen generado por Inteligencia ArtificialPoco se habla del elefante en la habitación que ha saboteado toda esperanza de paz en los Territorios Palestinos en lo que va del siglo XXI: los partidos de Dios.
Dominando la escena actual tenemos a dos grupos fanáticos con objetivos maximalistas e imposibles. Por un lado está Hamas, un grupo terrorista islámico que no reconoce el derecho de Israel a existir y que desde hace 17 años estuvo gobernando Gaza en una de las dictaduras más nefastas del mundo. Es un culto de muerte, que le vale poco la vida y el bienestar de su gente, y que con su ‘obra maestra’ del 7/10 del 2023 ha demostrado ser capaz de perpetrar las más viles masacres medievales.
Este atentado barbárico ha sido además contraproducente para la causa de libertad palestina, pues Hamas sabía perfectamente cómo Israel iba a responder, sabía que Netanhayu y su gabinete de ultraderecha iban a responder de forma monstruosa, y sabía de la violencia a la que estaban a punto de exponer a la propia gente de Palestina que descaradamente dicen defender. Pero no lo hacen por brutos; fue a propósito, pues su único objetivo es mantener vivo el ciclo de guerras, destrucción y muerte masiva de palestinos para que de esa manera el mundo se torne contra Israel y ellos sigan usando eso como pretexto para mantenerse en el poder, lo que representa un círculo vicioso sostenido por el fanatismo de sus integrantes.
Por otro lado tenemos a la ultra-derecha religiosa israelí, que mantiene viva la frágil coalición de Benjamín Netanyahu. Estos grupos, y en particular los ministros Bezalel Smotrich de economía, e Itamar Ben Gvir del interior en armonía con las propias ideas de Netanhayu, son los causantes de que el Estado israelí haya abandonado y esté saboteando el proceso de paz llamado ‘la solución de dos Estados’. El principal obstáculo para la viabilidad de un Estado palestino soberano es la cantidad de asentamientos judíos ilegales por toda Cisjordania incentivados por grupos políticos de ultra-derecha. Israel se niega a evacuar los asentamientos, y a dejar de construirlos.
Los colonos que viven allí son en su mayoría ultra-religiosos que argumentan que hace 3000 años, su dios Yahweh les prometió esa tierra a sus ancestros, y existen también muchos ejemplos de actos de violencia de colonos contra civiles palestinos. La constante ocupación israelí no sólo tiene como objetivo evitar actos de terrorismo. Se mantiene para proteger a estos colonos que viven allí para asegurar el cumplimiento de la profecía bíblica de que Israel ocupará las tierras desde el río Jordán al Mediterráneo.
Israel ha demostrado que puede hacer operaciones quirúrgicas de gran precisión con un mínimo de muertes civiles, como sus ataques a Irán y a Hezbollah. Pero en Gaza se comportan como un elefante en una cristalería. No sólo han causado más de 50,000 muertes, sino que además han arrasado con casi toda la infraestructura de la ciudad, incluyendo hospitales, universidades, colegios, y en los últimos días también centros de distribución de alimentos y hasta un popular café de Internet frecuentado por periodistas. Las declaraciones frecuentes del ministro Smotrich, afirmando que el objetivo final es expulsar a todos los palestinos de Gaza y conquistar el territorio, hacen pensar que el gobierno está dando instrucciones a las fuerzas armadas israelíes para dejar el territorio inhabitable, y de esa manera hacer más fácil dicha expulsión total. Recordemos que la expulsión forzada de un pueblo de su territorio constituye un tipo de genocidio, y en el siglo XXI eso no se puede tolerar.
Y del otro lado del muro, los remanentes de la dictadura de Hamas se escudan entre la población civil para maximizar las muertes de su propia gente, interfieren en la distribución de alimentos e instalan armas en colegios y hospitales, sabiendo que la ultra-derecha israelí va a aprovechar la situación para causar más destrucción y hambre. Y Netanyahu, irónicamente se la ha pasado años creando a un monstruo, al estar fortaleciendo disimuladamente a Hamas para mantener a los palestinos divididos. Ambos se necesitan para justificarse ante su gente. Uno depende de la existencia del otro para asegurar su relevancia y su financiamiento, y las barbaridades de uno causan más odio en la población del otro. Es una danza mortífera entre dos fanáticos en donde ambos tienen el mismo objetivo siniestro: que jamás exista paz entre ambos pueblos para poder algún día cumplir con sus profecías maximalistas de tener todo el territorio al oeste de rio Jordán para ellos, sin presencia de la otra tribu.
Cuando en 1945, el Imperio Japonés se vio amenazado con la destrucción total después de 2 bombas atómicas, el Emperador Hirohito no parpadeó y rápidamente se rindió incondicionalmente ante el Gral. McArthur. El culto fanático del pueblo japonés a su emperador, reflejado en los famosos Kamikazes, era legendario. Pero ese fanatismo no le llega ni a los talones al culto de muerte de los integrantes de Hamas, que no les importa la destrucción total de su pueblo y de ellos mismos, y sigue perpetuando la guerra porque hasta ahora no han sido capaces de proceder de manera racional: es decir, con la rendición incondicional y la entrega de los rehenes; con lo cual dejarían a Netanhayu sin pretextos para seguir bombardeando Gaza.
Ambos pueblos están siendo rehenes de facciones irracionales que los están llevando al abismo. Los grupos seculares y racionales de ambas naciones, que representan la mayoría silenciosa, tienen que ver la forma de marginar a estos grupos religiosos YA, para que no tengan el dominio de la narrativa y de la acción en el proceso de paz. La gran mayoría de judíos y palestinos quiere vivir en paz, y están contentos de vivir donde están sin robarle la tierra al otro. Aquí debe primar la lógica, la humanidad y la cercanía de estas dos culturas hermanas. El tribalismo y el fanatismo religioso lo envenenan todo.

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