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"La sola creación del mentado “comando unitario” no dice mucho. Sabemos que estará integrado por 1,350 efectivos de las Fuerzas Armadas y la PNP, y que responderá a una sola autoridad. Pero ignoramos qué mejoras específicas traerá al combate contra la extorsión y el sicariato". (Ilustración: El Comercio)
“Vuelve el orden”, rezaba uno de los lemas con los que la señora Fujimori promocionaba su candidatura durante la última campaña presidencial. Y ahora que ya está en el poder, la gente comienza a preguntarse cuándo es que volverá. ¿Quizás para la Pascua o para Navidad? Porque si por orden debíamos entender el restablecimiento del principio de autoridad a través de la lucha denodada contra el crimen, es evidente que eso todavía no ha ocurrido. Desde luego que nadie creía que eso pudiera suceder cabalmente en un plazo tan breve como el que ella lleva en el gobierno, pero el problema es que ni siquiera ha empezado a suceder. ¿Cómo lo sabemos? Pues, por un lado, porque no se distinguen acciones importantes del Ejecutivo enderezadas a ese fin. Y, por otro, porque la propia mandataria utiliza invariablemente el futuro verbal para hablar del asunto. El 20 de setiembre, por ejemplo, durante la ceremonia por el Día de las Fuerzas Armadas y cuando ya llevaba más de un mes y medio en Palacio, proclamó: “Tomaremos fuertes decisiones, todas las que sean necesarias, para restablecer el orden y la paz en nuestro país”. Y el que menos se quedó dándole vueltas a la frase con cierta decepción, pues pensaba que esas decisiones ya habían sido tomadas... Pasaron, sin embargo, veinte días más y, al momento de anunciar “el establecimiento de un comando unificado, para enfrentar y derrotar la criminalidad”, la mandataria demostró que maneja también el futuro perifrástico con solvencia. “Vamos a aparecer donde menos se lo imaginen, para realizar operativos de búsqueda y capturas inmediatas”, sentenció. Y también: “Vamos a expulsar en tiempo récord a los extranjeros que llegaron a romper la ley y a atacar a los peruanos, vamos a retomar el control de los penales y a incomunicar a los internos que siguen delinquiendo”… Vamos que vamos, en suma, ofreció. Pero daría la impresión de que todavía no se ha puesto ni las zapatillas para emprender el trotecito.
“Vuelve el orden”, rezaba uno de los lemas con los que la señora Fujimori promocionaba su candidatura durante la última campaña presidencial. Y ahora que ya está en el poder, la gente comienza a preguntarse cuándo es que volverá. ¿Quizás para la Pascua o para Navidad? Porque si por orden debíamos entender el restablecimiento del principio de autoridad a través de la lucha denodada contra el crimen, es evidente que eso todavía no ha ocurrido. Desde luego que nadie creía que eso pudiera suceder cabalmente en un plazo tan breve como el que ella lleva en el gobierno, pero el problema es que ni siquiera ha empezado a suceder. ¿Cómo lo sabemos? Pues, por un lado, porque no se distinguen acciones importantes del Ejecutivo enderezadas a ese fin. Y, por otro, porque la propia mandataria utiliza invariablemente el futuro verbal para hablar del asunto. El 20 de setiembre, por ejemplo, durante la ceremonia por el Día de las Fuerzas Armadas y cuando ya llevaba más de un mes y medio en Palacio, proclamó: “Tomaremos fuertes decisiones, todas las que sean necesarias, para restablecer el orden y la paz en nuestro país”. Y el que menos se quedó dándole vueltas a la frase con cierta decepción, pues pensaba que esas decisiones ya habían sido tomadas... Pasaron, sin embargo, veinte días más y, al momento de anunciar “el establecimiento de un comando unificado, para enfrentar y derrotar la criminalidad”, la mandataria demostró que maneja también el futuro perifrástico con solvencia. “Vamos a aparecer donde menos se lo imaginen, para realizar operativos de búsqueda y capturas inmediatas”, sentenció. Y también: “Vamos a expulsar en tiempo récord a los extranjeros que llegaron a romper la ley y a atacar a los peruanos, vamos a retomar el control de los penales y a incomunicar a los internos que siguen delinquiendo”… Vamos que vamos, en suma, ofreció. Pero daría la impresión de que todavía no se ha puesto ni las zapatillas para emprender el trotecito.
Ilustración: El Comercio.
—Otro cuarto de guerra—
Curiosamente, en ese mismo discurso, la señora Fujimori afirmó que “los tiempos de la espera y la paciencia han terminado para siempre”. ¿Recién? ¿Estaba sugiriendo acaso que los setenta días de su administración transcurridos hasta ese entonces habían sido una especie de periodo de gracia para ver si los delincuentes decidían volverse buenitos por propia voluntad? Hay que ver cómo la búsqueda de tonos épicos precipita a veces a los incautos en la recitación de desatinos. Por lo demás, la sola creación del mentado “comando unitario” no dice mucho. Sabemos que estará integrado por 1,350 efectivos de las Fuerzas Armadas y la PNP, y que responderá a una sola autoridad. Pero ignoramos qué mejoras específicas traerá al combate contra la extorsión y el sicariato. El “cuarto de guerra” que instaló la señora Boluarte cuando fingía gobernar tenía, no lo olvidemos, una parecida altisonancia marcial, pero pronto se reveló más bien como una habitación del pánico donde ella y sus colaboradores se refugiaban para ocultar que no sabían qué hacer con el problema que tenían entre manos. No es de extrañar, por lo tanto, que acabara siendo desactivado en menos de un mes.
Pero no seamos tan pesimistas. A lo mejor esta vez el instrumento funciona y tanto el ministro de Interior como el de Defensa se ponen de pronto las pilas. Seamos indulgentes con ellos y concedámosle sobre todo a la presidente un poquito más de oxígeno para demostrar que la promesa de brindarnos seguridad no fue una broma de campaña. Crucemos los dedos y no perdamos las esperanzas, porque algo nos dice que cualquier día se pone a gobernar.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.